Gabriel Cartañá: "Es un error exigirle a otro que cumpla con nuestros objetivos"

El reconocido psicólogo, panelista y conferencista argentino regresa a Montevideo, el 31 de mayo al Teatro Metro, con su encuentro titulado: "Las cinco vidas que vivimos".

Gabriel Cartañá.
Gabriel Cartañá.
Foto: Difusión.

Ya era psicólogo clínico, docente universitario y perito forense de la justicia argentina cuando su amigo Beto Casella le dijo que fuera a la radio, que podía analizar el lado psicológico de la sociedad argentina. Lo incentivó diciéndole que podía conquistar más clientes o cobrar más por la consulta, pero Gabriel Cartañá, amigo desde hace muchos años del conductor, rechazó la oferta. No se imaginaba trabajando en un medio, tampoco entendía la razón para que fuera, no tenía tiempo, y pacientes atendía hasta la una de la madrugada, así que agradeció y se negó.

Casella insistió. Cada vez que se veían le decía que se diera una vuelta por la radio, y siempre obtenía la misma respuesta. Finalmente aceptó y desde entonces se transformó en columnista en radio y televisión junto a Casella, escribió libros que se convirtieron en best seller y llenó teatros con unipersonales. Con Las cinco vidas que vivimos regresa por tercera vez a Montevideo, al teatro Metro, el próximo sábado 31 de mayo (entradas a la venta por RedTickets a $ 1.510).

De su llegada a los medios pasaron poco más de 10 años, y Cartañá, nacido en Venezuela y argentino desde los tres años, no dejó de atender pacientes, ni de dar charlas masivas, algo así como consultas grupales. Siempre hablando de vínculos, relaciones y el amor, propio y ajeno.

En Montevideo ha presentado todos los unipersonales que ha escrito porque dice que le gusta mucho el público uruguayo. “Son muy participativos, entonces siempre vengo bien dispuesto”, comenta a El País.

Gabriel Cartañá.
Gabriel Cartañá.
Foto: Difusión.

Hace tres años presentó Qué digo cuando digo te amo, donde hablaba de parejas y la idea del amor romántico. Antes había presentado Cuando la terapia no alcanza, y Cartañá a la carta, que tuvieron buena respuesta del público.

En Las cinco vidas que vivimos la pregunta base es conocer en cuál de esas cinco etapas de la vida nos encontramos, entendiendo lo necesario de vivirlas todas.

“No es una obra de teatro”, explica. “Tampoco es una charla TED porque siempre trato que sea lo más interactivo posible. Por eso la palabra que más se acerca a lo que hago es encuentro”, define.

Por eso, y gracias a la experiencia y estilo que ha mostrado en Bendita TV, también junto a Casella, busca que el público participe, levante la mano, lo interrumpa y le pregunte lo que quiera. “Lo que más me gusta son los públicos ruidosos”, remarca.

“El otro domingo estaba en un teatro desarrollando la temática y una señora levanta la mano y me hace una pregunta que no tenía nada que ver con lo que estábamos hablando. Pregunté al público si me podía desviar del tema, dijeron que sí, y estuve como 10 minutos contestándole”.

Hacer espectáculos no estaba en sus planes, pero los aprendió a disfrutar. Tal vez por eso siente tener el síndrome del impostor, no referido a su capacidad o conocimientos como analista, sino a la cantidad de tiempo que duran sus encuentros. “Siempre siento que es poco tiempo, que los estoy afanando y les tengo que dar más por lo que ellos me dan. Porque los veo que se vistieron, se arreglaron, y para la gente es toda una salida. Y yo pienso, ‘les di poco’. Y tal vez estuve dos horas hablando”, confiesa.

“Cuando termino los encuentros salgo, firmo libros, me saco fotos y saludo a los que se quedan. Siempre nos reunimos. En el Chaco, por ejemplo, se acercaron unas 10 mujeres que habían venido en grupo de un pueblo que quedaba a 700 kilómetros. Se habían alquilado una combi para ir. Te juro que estaba de ganas de decirles, entren de nuevo que les doy otra charla. Me dio tanta culpa, porque es mucho”, recuerda.

—Tenés un estilo directo para hablar, lo que se opone al típico psicólogo de diván.
—Sí, porque no tengo ningún inconveniente en utilizar elementos de mi vida para graficar conceptos, o para explicar situaciones. Entonces, si estás lidiando con un hijo adolescente y su rebeldía, y yo tengo una hija adolescente, y tal vez te ponga un ejemplo de ella. Está ese mito de que del psicólogo no sabemos nada, hay algunos que son así y podés atenderte 15 años con esa persona y no sabes si está casado, si tiene hijos, si es gay, no sabes nada. Y para mí, eso marca una distancia que no está buena. Porque si bien no soy amigo de mis pacientes, si tenés una crisis o te pasó algo grave, mi teléfono está abierto a las 24 horas del día, y me podés llamar a las 2 de la tarde o a las 4 de la mañana de un domingo que no pasa nada. Porque te puede estar pasando algo que no puede esperar a la hora de la sesión. Eso sí, si me llamás para contarme que Boca le ganó al Fluminense 2 a 0, te voy a putear en ocho idiomas, porque no soy tu amigo.

—También te ayuda para que no te metan en escándalos mediáticos.
—Sí, yo soy de contar todo de mi vida, en líneas generales, porque es una manera de no tener muertos en el placard. Hace unos meses tuve una cita con una mujer en un bar, y me dijo de sacarnos una foto, y si eso era un problema. Le dije: Yo tengo citas, así que si querés publicarla, hacelo. No tengo nada que ocultar.

—¿Es verdad que fuiste swinger?
—Sí. En algunas ocasiones y con algunas parejas, tengo un estilo de vida swinger, y no tengo ningún conflicto, lo digo públicamente. Por eso no tengo miedo que salga alguien a decir que me vieron en un boliche swinger, porque lo digo yo, porque entiendo que no estoy haciendo nada malo. Ahora, si esa parte de mi vida la tuviera oculta y quisiera que no se supiera y me expongo a la mirada de la exposición pública, voy a vivir preocupado de que alguien lo saque a la luz.

—El encuentro se llama Las 5 vidas, y hace un par de años tuviste un paro cardíaco, ¿en cuál vida sentís que estás viviendo hoy?
—Sí, hace dos años tuve un infarto y tengo tres Stents, y creo que estoy promediando mi cuarta vida, que va de los 50 a los 70 años. Tengo 55 y estoy cómodo con eso. Así que técnicamente estoy en la cuarta vida, pero una de las cosas que planteo en el encuentro es que, si bien las cinco vidas tienen un orden cronológico, y más o menos empiezan y terminan a cierta edad, la vida no es tan ordenada. Porque la vida te empuja para adelante, o te retiene.

—¿Cuál es el objetivo del encuentro?
—Propone que quienes asistan puedan identificar qué vida están viviendo más allá de la edad que tienen. También planteo que las personas que vayan se den cuenta qué vida está viviendo la persona que tienen al lado. Y cuando digo al lado no me refiero a la butaca, sino en la vida. Esa pareja, ese padre, ese hijo, esa socia, esa amiga, porque lo que he descubierto con los años de profesión es que muchas veces nos cuesta llevarnos bien con el otro porque cometemos el error -y el otro también lo comete-, de exigirle al otro que cumpla con los objetivos de nuestra vida, cuando el otro está en otra vida. Cuando entendemos que el otro está en otra vida y debe cumplir otros objetivos, dejamos de poner expectativas irreales en el otro y la consecuencia es que nos llevamos mucho mejor. Así que ese sería uno de los objetivos del encuentro. Ojalá se cumpla.

—Quedé con la intriga, ¿qué te dijo Casella para convencerte?
—Un día estábamos hablando de la vida, Beto en ese momento estaba soltero y le digo, ¿cómo es el tema de las conquistas con las mujeres? Siendo una persona famosa ¿se conquista mucho? Me dice: “No es tanto lo mucho, sino lo fácil”. Porque cuando la gente te “fanea”, y te gusta una de esas chicas que te sigue por las redes, o está en la puerta del canal y salís con ella, ella ya está medio conquistada. Porque te conoció en la tele o la radio, vos no la conquistaste, pero ya te conoce y si no sos muy distinto con las cámaras prendidas y apagadas, no hay que esforzarse mucho. En ese momento yo también estaba soltero y medio vago con la conquista, y me dice: Ya sé cómo voy a convencerte. Me empezó a prometer que iba a tener un montón de chicas. Fue muy gracioso porque cuando empecé tendría 40 años, y a los seis meses, un día cenando Beto me dice: ¿Y, estás con muchas citas? Ninguna. ¿Viste la gente que me sigue? Son señoras de 70 años. Es como salir con las “nenas” de Sandro. Después sí, empezó a incorporarse público más joven. Pero al principio solo me seguían señoras de 70, 75 años.

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