Fin de clases y graduaciones: cómo acompañar a niños y adolescentes en el cierre del año, según la psicología

No se trata solo de cambiar de grado o escuela, sino de cerrar un capítulo que, en muchos casos, incluyó desafíos, vínculos y logros personales; así impacta en los jóvenes.

Graduación niños
Niñas festejan su graduación de la escuela.
Foto: Freepik/IA.

El cierre del año escolar o liceal suele asociarse con alegría, vacaciones y alivio. Sin embargo, para muchos niños y adolescentes también implica un pequeño duelo: despedirse de rutinas, amistades cotidianas, docentes significativos y un entorno que los acompañó durante meses. Psicólogos advierten que este período puede despertar emociones contradictorias que merecen ser acompañadas con sensibilidad.

El fin de curso representa una transición. No se trata solo de cambiar de grado o escuela, sino de cerrar un capítulo que, en muchos casos, incluyó desafíos, vínculos y logros personales. Como cualquier transición, puede generar ansiedad, nostalgia y cierto temor a lo desconocido. En el caso de los más chicos, la sensación de pérdida puede aparecer aún antes de entender del todo por qué se sienten así.

Alumno, maestra, clase
Maestra ayuda a un alumno a usar una tablet en clase.
Foto: Freepik.

Una de las claves para acompañarlos es validar lo que sienten. Frases como “no pasa nada” o “tenés que estar contento” pueden invisibilizar emociones legítimas. En cambio, reconocer que es normal sentir tristeza por dejar un grupo o un salón conocido ayuda a que los niños y jóvenes puedan procesar la experiencia sin culpa.

Los expertos también recomiendan hablar abiertamente sobre los cambios que vienen, explicando qué se mantendrá igual y qué será distinto. Para adolescentes que enfrentan graduaciones o cierres de ciclo más significativos —como el último año de escuela o liceo—, es habitual que aparezcan preguntas sobre la identidad, el futuro y las expectativas sociales. Acompañar esas conversaciones sin presión, con escucha activa, puede aliviar la ansiedad.

Otro punto importante es crear pequeños rituales de cierre. Puede ser escribir una carta de despedida, armar un álbum con fotos del año, guardar trabajos favoritos o incluso planear una comida en familia para celebrar el esfuerzo realizado. Estos gestos ayudan a simbolizar el fin de una etapa y a integrar la experiencia desde un lugar positivo.

Adolescente, padres
Padres con su hijo adolescente.
Foto: Freepik.

Los especialistas señalan que, más allá de las emociones difíciles, el fin de curso es una oportunidad para trabajar habilidades socioemocionales, como la resiliencia y la adaptación. Permitir que los niños y adolescentes expresen lo que sienten, alentarlos a reconocer lo que aprendieron y mostrarles que los cambios forman parte de la vida contribuye a que transiten la transición con mayor seguridad.

En un momento del año en el que suele predominar la vorágine de actos, festejos y despedidas, los psicólogos recuerdan que acompañar no siempre implica grandes gestos: muchas veces es simplemente estar presentes, observar, escuchar y ofrecer un espacio seguro para que cada uno viva su cierre a su ritmo. Porque terminar un curso no solo es un final: también es un comienzo, y la forma en que se atraviesa puede influir en cómo se encara lo que viene.

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