Del Borro a España: la docente que demuestra cómo la educación emocional baja la violencia en el aula

Qué es la educación emocional, cómo ayuda a prevenir el bullying y la violencia en las escuelas, y por qué la experta pide una Ley de Educación Emocional en Uruguay.

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Carmen Albana Sanz dando una conferencia.
Foto: Cortesía Carmen Albana Sanz.

El pasado 23 de julio, El País informó que una adolescente de 12 años denunció haber sido agredida en un liceo del barrio de Punta Gorda. Se difundieron videos que muestran estos hechos de violencia; en uno de ellos, una adolescente está en el suelo mientras otras jóvenes la golpean. Este caso refleja una realidad: el clima de aprendizaje en el aula empeora, según datos del último Informe Aristas, del Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

Para la maestra y doctora en Educación Carmen Albana, la educación emocional puede revertir esta tendencia. Nacida en el barrio Borro, se formó como maestra y viajó a España, donde comprobó que enseñar a gestionar las emociones reduce problemáticas graves como el bullying, la violencia, la depresión y el suicidio. De paso por Uruguay, conversó con El País acerca de por qué la escuela debe enseñar a convivir, comunicarse, respetar a los demás y regular las emociones, y cómo es posible llevarlo a la práctica.

— ¿Cuándo te diste cuenta de que hacía falta educación emocional en el aula?
— Durante años fui maestra en la Escuela Nº 178, en el barrio Borro. Uno de mis alumnos de primer año era Raúl; tenía una vida muy difícil y su padre era delincuente. Cuando se peleaba con otros niños y ganaba, el padre lo premiaba. Era difícil lograr que asistiera a la escuela, hasta que me di cuenta de que lo que quería era jugar, así que le llevé juguetes de mi hijo y pasaba horas entreteniéndose ahí. Luego de ese año, me fui a España y lo perdí de vista. Pero hace unos diez años leí una noticia penosa: un joven había matado a un taximetrista en las inmediaciones de Aparicio Saravia y Burgues. Ese joven era Raúl.

En ese momento, estaba investigando sobre educación emocional en España y me pregunté por qué no podría aplicarse en Uruguay. Porque una persona que no se conoce lo suficiente, que no reconoce sus estados emocionales, difícilmente sea feliz en la vida.

Carmen Albana Sanz
Carmen Albana Sanz durante su gira por Uruguay.
Foto: Cortesía Carmen Albana Sanz.

— El primer beneficio es para uno mismo, ¿no?
— Sí. Regular lo que sentimos es fundamental para tener, primero, un buen nivel de bienestar subjetivo, y después para tener un buen nivel de bienestar social. Pero nadie nos educa en ese sentido. Y muchas veces la opinión se posiciona desde un lugar negativo: quieren meterse en la emocionalidad de nuestros hijos, quieren dominarlos… Cuando, en realidad, los beneficios de la educación emocional tienen rigor científico.

— Muchas veces, esas voces tienen que ver con la falta de información. ¿Qué es y qué no es educación emocional?
— Es una acción educativa sistémica y permanente que busca desarrollar competencias socioemocionales para comprender y regular las emociones, establecer relaciones saludables, tomar decisiones responsables y afrontar los desafíos de la vida de una manera adaptativa. No es enseñar a ser siempre felices ni evitar emociones como la tristeza, el miedo o el enojo. No significa hacer terapia en la escuela. No se trata de sustituir la labor de psicólogos o convertir las clases en espacios donde solamente se hable de sentimientos. El objetivo es desarrollar habilidades esenciales para convivir y cuidar la salud mental. Cada situación problemática permite trabajar una competencia concreta: ante una falta de autocontrol, se puede enseñar autorregulación; ante un insulto, se puede trabajar el respeto y la empatía; ante la apatía, se puede fortalecer la motivación. Las emociones forman parte de los procesos de aprendizaje. Por eso, educar las emociones también es una responsabilidad educativa.

— ¿Qué pasa cuando esa educación emocional choca con la educación de la casa, como en el caso de Raúl?
— Para mi tesis doctoral encuesté a los docentes de la Escuela Nº 350 de Casavalle y la mayoría expresó que lo que más les preocupaba era la violencia, las faltas de asistencia, la tristeza de los niños y la convivencia escolar. Entonces, los capacité en educación emocional, los doté de materiales certificados, y nos pusimos a trabajar. Empezamos con un 76% de violencia y acabamos con un 17%. Niños que nunca iban a la escuela, terminaron yendo tres días a la semana. Más allá de lo que pase en casa, la educación emocional en la escuela impacta muchísimo. Se aplica en países de Europa, en Estados Unidos, en Australia, y da buenos resultados. Y en Uruguay también contamos con evidencia; por ejemplo, Aristas —la Evaluación Nacional de Logros Educativos desarrollada por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa— muestra que las habilidades socioemocionales se relacionan con mejoras en las trayectorias educativas y el bienestar de los alumnos. Las investigaciones que he desarrollado en centros educativos encontraron avances en convivencia y reducción de situaciones conflictivas. Y, cuando el clima escolar es favorable, ¿qué tiene lugar? El aprendizaje.

No es moda. Es una acción respaldada por décadas de investigación científica, que da resultados y que puede mejorar la sociedad. La educación emocional previene comportamientos de riesgo como la violencia, el bullying, el ciberbullying, el coqueteo con las drogas, los embarazos precoces, la depresión, la ansiedad, el suicidio. Hay un factor de protección que debe darse en las familias, sí, pero, cuando eso no está, el niño lo puede recibir en la escuela, si los maestros están formados. Si un niño desde los tres años hasta los 16 recibe sistemáticamente actividades que fortalezcan su autoestima y su autoconcepto, podrá conocerse, valorarse y regularse.

Niños entrando a la escuela
Niños entrando a la escuela
Freepik

— ¿Cómo se lleva eso a la práctica?
— A través de Bambú —un equipo de profesionales abocados a la formación en educación emocional— implementamos cursos y programas para educadores en Uruguay y América Latina. Ahora mismo están abiertas las inscripciones para el Curso de Formación en Educación Emocional, con profesores españoles y uruguayos. También ofrecemos el Programa de Educación Emocional Integral Bambú en la Universidad de Montevideo. Pero, más allá de esto, las opciones de formación en Uruguay escasean. Por eso, uno de mis principales objetivos es lograr la aprobación de la Ley de Educación Emocional, que busca incorporarse dentro de la Ley General de Educación. Tiene solamente cinco artículos, y el más importante establece que desde ANEP se organice una comisión multidisciplinaria para generar y gestionar formaciones gratuitas, evaluaciones y materiales. Hay que formar a los docentes porque, al final, nadie da lo que no tiene.

Esta Ley de Educación Emocional recibió media sanción por cámara de senadores en la anterior administración, pero en esta quedó archivada. No hay ningún legislador que recoja el documento, lo defienda y, sobre todo, se de cuenta de la cantidad de evidencia a nivel mundial que demuestra los resultados.

— Participaste del espacio de diálogo “Educación Emocional: ¿por qué una ley?”. ¿Creés que el proyecto avanza hacia algún lado?
— No. No parece ser la prioridad del Codicen (Consejo Directivo Central de ANEP). Si se desarchiva el proyecto, ¿a quién le preguntan primero? Al órgano encargado de la educación. Entonces, si para Codicen no es importante —que es lo más probable que diga—, no se sigue adelante. Esperamos que exista algún legislador que lea las investigaciones y use esa información para respaldar la necesidad de esta ley.

Del aula a las páginas de un libro

Con el objetivo de acercar la educación emocional a docentes, familias y profesionales de la educación, Albana coordinó junto al magíster en Educación Fernando Otero el libro Educación Emocional: De la teoría a la práctica. La publicación reúne evidencia científica, herramientas y experiencias desarrolladas en centros educativos uruguayos para mostrar cómo es posible incorporar el desarrollo de las competencias socioemocionales en las escuelas.

La obra está organizada en cuatro ejes: recorre los fundamentos y la evolución de la educación emocional, presenta recursos y técnicas para trabajar en el aula, analiza experiencias de implementación y aborda el vínculo entre educación emocional e inclusión, con especial atención a los estudiantes con dificultades de aprendizaje. Además, incorpora un anexo del doctor Edgardo Ettlin, coautor de la Ley de Educación Emocional, sobre la importancia de contar con una ley de este tipo en Uruguay.

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