Durante una charla del ciclo BBVA Aprendemos Juntos, la doctora en psicología y psicoterapeuta Margarita Tarragona compartió una idea respaldada por investigaciones sobre relaciones de pareja: las parejas más estables no son las que nunca discuten, sino aquellas que compensan cada experiencia negativa con varias positivas. En otras palabras, el bienestar en pareja se construye mucho más a partir de lo que sucede entre conflicto y conflicto, que del conflicto en sí.
Según explicó Tarragona, las parejas que perduran y se sienten felices suelen tener cinco interacciones positivas por cada interacción negativa. Las interacciones negativas incluyen conductas como la crítica constante, el desprecio, la actitud defensiva o la indiferencia hacia el otro. Son pequeños comportamientos que, cuando se vuelven habituales, terminan desgastando el vínculo.
En cambio, las interacciones positivas pueden parecer sencillas, pero tienen un enorme impacto: expresar cariño, abrazarse, reír juntos, usar el sentido del humor, agradecer, reconocer un esfuerzo o simplemente dedicar tiempo y atención genuina.
"Una emoción negativa es como una piedra, y una emoción positiva es como una plumita", explicó Tarragona y señaló que se necesitan muchas plumitas para contrarrestar el peso de una piedra.
La brújula de las relaciones saludables
Para Tarragona, existen cuatro "puntos cardinales" que orientan a las parejas que funcionan bien:
- Positividad. No significa ignorar los problemas ni vivir en un optimismo permanente, sino generar espacios donde aparezcan emociones como la alegría, la gratitud, la esperanza, el interés, el orgullo o la diversión. Compartir una comida agradable, recordar una anécdota divertida o celebrar pequeños logros cotidianos puede parecer algo menor, pero contribuye a fortalecer el vínculo.
- Curiosidad. Con el paso de los años muchas parejas creen conocer completamente al otro. Sin embargo, las personas cambian constantemente. La psicóloga invita a mantener una curiosidad auténtica por la experiencia del otro: preguntar cómo se siente, qué piensa o qué le preocupa, sin asumir que ya sabemos la respuesta.
- Aprecio. Consiste en valorar aquello que muchas veces damos por sentado. Expresar reconocimiento por gestos cotidianos, agradecer la compañía o recordar aquello que admiramos de la otra persona fortalece el vínculo y evita que la rutina opaque lo valioso. Según Tarragona, tomar conciencia de que nada está garantizado ayuda a apreciar más a quienes forman parte de nuestra vida.
- Bondad. Ser generoso con el tiempo, las palabras, la paciencia o la ayuda cotidiana crea un clima emocional más seguro para ambos. No se trata de realizar grandes sacrificios, sino de preguntarse con frecuencia cómo hacerle un poco más fácil el día a la persona que tenemos al lado.
La propuesta de la psicología positiva no consiste en eliminar las discusiones, algo imposible en cualquier relación cercana, sino en aumentar deliberadamente la cantidad de experiencias positivas compartidas.
Una conversación atenta, una muestra de afecto inesperada, una palabra de reconocimiento o un momento de humor pueden parecer pequeños gestos aislados. Sin embargo, repetidos en el tiempo, funcionan como esas "plumitas" de las que habla Tarragona: no hacen desaparecer las piedras, pero ayudan a que el vínculo sea más liviano, resistente y satisfactorio.