A veces parece que tenemos que salir cada día a pelear contra circunstancias adversas o entornos hostiles. Sin embargo, vale la pena recordar que nada cambiará a nuestro alrededor si no estamos dispuestos a cambiar nosotros mismos.
Una vez que asumimos este compromiso de transformación individual, necesitamos identificar algunas herramientas que resultan clave para alcanzar nuestro propósito.
• Humor. Reírnos de nosotros mismos es una señal inequívoca de bienestar emocional. Alivia la tensión y desactiva el drama, además de permitirnos tomar distancia de los problemas para verlos desde otra perspectiva. Así, resulta potente y liberador.
• Curiosidad. Cuando nos equivocamos o nos enfrentamos a una situación incómoda, la tendencia natural es juzgar a los demás o a nosotros mismos. Cambiar el juicio por la curiosidad preguntándonos “¿por qué habré reaccionado así?” o “¿qué puedo aprender de esto?”, desarma la autocrítica destructiva y abre la puerta al aprendizaje. La curiosidad es un gran motor de crecimiento.
• Atención intencional. El entorno puede ser hostil, pero nosotros elegimos a qué le prestamos atención. Entrenar la mente para enfocar la energía en lo que sí está bajo nuestro control (dejando ir lo que no podemos modificar) es una manifestación de autonomía.
• Flexibilidad cognitiva. Si no cambiamos nuestro pensamiento ante los cambios de la vida, nos exponemos a la frustración y el sufrimiento. La capacidad de adaptar nuestras ideas a las nuevas realidades, cuestionar nuestras propias creencias arraigadas y cambiar de opinión cuando el contexto lo requiere nos mantiene resilientes.
• Rediseño de hábitos cotidianos. Un cambio profundo rara vez es el resultado de un acto súbito. Más bien es el resultado de micro decisiones tales como modificar una pequeña rutina diaria, incorporar un nuevo estímulo mental o cambiar la forma en que respondemos a un ritual cotidiano.
• Lenguaje. Las palabras que usamos para describir nuestra realidad terminan construyendo esa realidad. Si cambiamos “tengo que” por “elijo hacer”, o “esto es un desastre” por “esto es un desafío”, podemos transformar nuestra narrativa interna y recuperar el rol protagónico de nuestra propia vida, eludiendo el lugar de víctimas de las circunstancias.
Adoptar estas herramientas requiere entender que el cambio no es producto del azar sino de nuestra mente. Modificar nuestro punto de vista exige que entrenemos activamente el cerebro, desafiando la comodidad de las respuestas automáticas para construir nuevas conexiones neuronales. Ante la imposibilidad de controlar las características del entorno podemos modelar el sistema cognitivo con el que lo enfrentamos. El mundo de afuera se transforma cuando asumimos la responsabilidad de ejercitar nuestro mundo interior.
Entrenamiento básico.
Para sostener un proceso de cambio personal en el que necesitamos frenar el piloto automático, cuestionar nuestras propias creencias y elegir una narrativa que sea diferente, las habilidades cognitivas fundamentales que debemos entrenar pertenecen, principalmente, al grupo de las funciones ejecutivas.
• Flexibilidad cognitiva. Es una herramienta de cambio y -a la vez- es la capacidad de cambiar de estrategia o de perspectiva cuando la situación lo requiere. Nos permite aceptar que nuestra forma de ver las cosas no es la única, aprender de los errores y adaptarnos a los entornos adversos o cambiantes sin quebrarnos emocionalmente. Es el antídoto contra la rigidez mental.
• Inhibición de respuesta. Es el freno del cerebro. Nos da la capacidad de pausar antes de reaccionar, permitiéndonos inhibir las respuestas automáticas e impulsivas (como el enojo, la queja o el hábito arraigado) para elegir intencionalmente una conducta más asertiva.
• Atención. Es el filtro de nuestra realidad y, al entrenarla, somos capaces de ignorar las distracciones y el impacto negativo del entorno para concentrar la energía mental de forma voluntaria en lo que sí está bajo nuestro control y en nuestro propósito de cambio.
• Monitoreo. Es la habilidad de mirarnos desde afuera, y nos permite supervisar nuestro propio pensamiento y comportamiento en tiempo real. Es la base de la curiosidad que mencionábamos como herramienta: gracias a este monitoreo podemos evaluar si nuestras acciones están alineadas con la transformación que buscamos.
• Memoria de trabajo. Es el espacio de trabajo mental que retiene y manipula la información a corto plazo. La necesitamos para mantener presente nuestro propósito de cambio y las nuevas herramientas (como el uso del lenguaje o el humor) mientras estamos gestionando una situación compleja en el momento presente.
Cuando participamos de actividades de entrenamiento cognitivo, robustecemos estas funciones para que, ante momentos de adversidad, nuestro cerebro pueda disponer de la estructura fundamental para lograr elegir el crecimiento sobre el automatismo.
Según pasan los años.
Antiguamente podíamos pensar que los cambios profundos eran territorio exclusivo de la juventud y que, al llegar a determinada edad, las personas ya “éramos como éramos” y no había vuelta atrás. Actualmente sabemos que esa idea es insostenible.
• Nuestro cerebro mantiene su capacidad de reconfigurarse, de crear nuevas conexiones neuronales y aprender a lo largo de toda la vida. A la edad madura procesamos la información de una manera diferente a cómo lo hacíamos a los veinte años, por ejemplo, pero con una ventaja: tenemos la capacidad de sintetizar y conectar conocimientos complejos gracias a la experiencia acumulada.
• En la madurez, la verdadera autonomía reside en la libertad de elegir cómo queremos vivir y reaccionar ante el entorno. Cambiar viejos patrones automáticos, rediseñar ciertos hábitos cotidianos y aprender a gestionar las emociones con herramientas como por ejemplo el humor o la flexibilidad cognitiva es lo que nos garantiza que sigamos sintiéndonos dueños de nuestra biografía, en lugar de dejarnos arrastrar por las circunstancias externas.
• A diferencia de las etapas más tempranas de la vida, donde podemos actuar por ensayo y error o por mandatos sociales, en la edad madura contamos con un inventario vivencial inestimable. Conocemos nuestras luces y sombras, hemos transitado por crisis y sabemos qué es lo que ya no funciona. Esa autoconsciencia hace que la curiosidad y el deseo de cambio no sean impulsivos, sino más dirigidos, maduros y con un propósito claro.
• La madurez trae consigo situacionescomo cambios de escenario, nidos vacíos, giros profesionales, duelos o transformaciones físicas. Si nos atrincheramos en la rigidez mental sufrimos el impacto de estas transiciones de forma penosa. Pero si entendemos que la flexibilidad y la adaptación son herramientas de entrenamiento diario, vamos a resignificar esta etapa como un espacio de reinvención y vitalidad, y no de declive.
Apostar por la transformación en la edad madura es celebrar la vida, demostrar que el crecimiento personal no tiene fecha de caducidad, y manifestar que seguimos dispuestos a modelar nuestro cerebro.
Desafíos.
1 . A – A – E – L – M – R – S – T
Utiliza estas letras para formar dos palabras de ocho letras que respondan a estas pistas:
• Desazón.
• Magistral.
2. Encuentra las palabras que responden a las siguientes pistas. Todas terminan con la combinación OTA y tienen cuatro letras.
• Lágrima.
• Naipe.
• Calzado.
• Letra griega.
• Acotación.
3. OLLA - SARTÉN
Une y reordena las letras de estas palabras para formar una palabra que responde a la siguiente pista: “Explotaron”.
Respuestas:
1. Malestar. Maestral.
2. Gota. Sota. Bota. Iota. Cota.
3. Estallaron.