Redacción El País
El tercer lunes de enero, conocido popularmente como Blue Monday o “lunes azul”, se instaló en el imaginario colectivo como el día más triste del año. La expresión se apoya en el doble significado de la palabra blue en inglés, asociada tanto al color como a la tristeza. El concepto fue creado en 2005 por el psicólogo británico Cliff Arnall, entonces vinculado a la Universidad de Cardiff, a partir de una fórmula que pretendía explicar por qué esta etapa del año concentraría un mayor desánimo emocional.
Aunque su origen es publicitario y carece de respaldo científico, el Blue Monday logró consolidarse como una referencia simbólica para visibilizar la relación entre salud mental, factores emocionales, sociales y físicos, especialmente durante enero, un mes marcado por el regreso a la rutina, el fin de las vacaciones y el impacto del clima.
Según la teoría original, el día más triste del año suele ubicarse en la última semana completa de enero, como resultado de una combinación de deudas acumuladas, mal clima, retorno al trabajo y a las clases, frustración por metas incumplidas y el propio peso del inicio de semana. Sin embargo, médicos y científicos coinciden en que se trata de un mito, sin evidencia empírica que lo sustente.
Aun así, la fecha funciona como disparador para ampliar el debate sobre el sufrimiento emocional y su vínculo con enfermedades crónicas. En Colombia, por ejemplo, estudios indican que hasta el 80 % de las personas con migraña conviven con depresión, mientras que cerca del 70 % presenta ansiedad. Durante enero, los cambios de temperatura, las alteraciones del sueño y la presión por retomar obligaciones tienden a intensificar tanto el dolor físico como el desgaste psicológico.
El impacto de la migraña y su vínculo con las emociones
La migraña afecta aproximadamente al 12 % de la población mundial y tiene una alta prevalencia en mujeres en edad productiva, especialmente en América Latina. Sus síntomas incluyen dolor pulsátil, fotofobia (sensibilidad a la luz) y fonofobia (sensibilidad al ruido), que suelen agravarse a comienzos de año por el estrés post fiestas y la mayor reactividad del sistema nervioso a los cambios ambientales.
Datos de la Sociedad Internacional de Cefaleas y de la Asociación Colombiana de Neurología advierten sobre un círculo vicioso entre dolor y emociones: la ansiedad y la depresión pueden aumentar la frecuencia e intensidad de las crisis, mientras que convivir con una migraña crónica profundiza el malestar emocional. A esto se suma que el diagnóstico tardío favorece la automedicación y la normalización del dolor, aunque los avances en tratamientos preventivos permiten hoy controlar la migraña incluso antes de que aparezcan las crisis, mejorando la calidad de vida.
Cómo atravesar el Blue Monday y otros días difíciles
Más allá de su carácter simbólico, especialistas coinciden en que el Blue Monday —y cualquier jornada marcada por el bajo ánimo— puede afrontarse con hábitos simples de autocuidado:
- Ejercicio físico: estimula la liberación de endorfinas, reduce el estrés y mejora el estado de ánimo.
- Vínculos sociales: mantener contacto con familia y amigos fortalece el bienestar emocional y el sentido de pertenencia.
- Buen descanso: dormir adecuadamente ayuda a regular hormonas clave como la serotonina y el cortisol.
- Manejo del estrés: prácticas como la meditación, la respiración consciente y la atención plena contribuyen a transitar el día con mayor calma.
Aunque el Blue Monday no sea un hecho científico, su popularidad recuerda la importancia de hablar de salud mental, reconocer el impacto de las emociones y priorizar el cuidado integral del cuerpo y la mente.