Ánima, la organización orientada a facilitar la integración social y laboral de adolescentes y jóvenes provenientes de contextos desfavorecidos a través de educación y el trabajo remunerado, cumple 10 años. Los celebra mudándose a nueva locación para construir el Campus Ánima, un espacio pensado para ampliar su alcance y potenciar la calidad de su propuesta educativa, e impulsando una campaña de donaciones para concretar los desafíos que se avecinan.
Con su programa Finest, Ánima les ofrece a jóvenes de entre 18 y 29 años completar el bachillerato, sin tener que dejar de percibir un ingreso. Así, el alumno de la institución puede contribuir con ingresos a un eventual hogar familiar y al mismo tiempo, alcanzar el nivel educativo formal que suelen requerir gran parte de las empresas e instituciones de Uruguay.
Ahora, tras años de labor en los que Ánima ha acompañado a cientos de estudiantes que trabajan (o trabajadores que estudian), la organización celebra su primera década con nueva locación y más bríos para continuar en el camino recorrido.
Ximena Sommer, directora de Ánima y una de sus fundadoras, mira hacia atrás para alegrarse por los logros más importantes, y al mismo tiempo, otea el futuro.
—¿Cómo describirías el camino recorrido por Ánima durante estos diez años?
—Una manera de describirlo es que conseguimos que se hayan formado cerca de 1.000 jóvenes y que hemos crecido como para necesitar un nuevo espacio, uno que es mucho más grande que el que teníamos. Le pusimos el nombre de Ánima Campus de forma como estratégica para que se manifieste y nuestra visión, lo que queremos. Y por último diría que Ánima en estos diez años es una organización que aprende. De eso nos sentimos muy orgullosos.
—Recién mencionaste que bautizaron los nuevos locales como forma de expresar lo que Ánima quiere. ¿Cómo es eso?
—Es seguir promoviendo la formación dual (NdR: o sea, que el estudiante no solo estudie sino que también trabaje) y expandiendo esta modalidad educativa, no solamente en el ciclo de bachillerato como lo hacemos ahora, sino con el deseo de llegar a nivel terciario que está dentro de nuestro plan estratégico hacia 2028. Va más allá de los programas específicos que podamos implementar. Y además de promover el paradigma de que el trabajo también es un espacio de aprendizaje, no solo se aprende en el aula.
—¿Sería algo así como que nunca dejamos de aprender?
—Sí, pero no solo. Pasamos una parte importante del día en nuestro trabajo. Dicho de otra manera: trabajamos durante gran parte de nuestra vida, y ahí se da esa transformación ahí se da la una transformación de reconocernos como personas con capacidad de aprender, con capacidad de crecer.
—Expresado así, parecería algo comparativamente sencillo de alcanzar.
—Pero no es así. Recién conté que como organización aprendimos mucho durante estos primeros años, y lo cierto es que nos costó mucho.
—¿Qué es lo que fue tan difícil?
—No estamos acostumbrados a realmente saber trabajar con un otro que tiene otro ritmo. Los ritmos del mundo de las empresas y el trabajo no es el mismo que el del mundo educativo. Mientras que en el primero uno de los principales criterios es el de los resultados, en el del educativo, uno de los principales criterios es el del proceso. A nosotros nos costó aprender esto: de entender lo que necesita la empresa y luego ver cómo puede contribuir el joven a ese trabajo a la vez que aprende.
—¿Ese aprendizaje se da solo en una dirección, del trabajador hacia la empresa?
—No, también hay un proceso de aprendizaje inverso. Te pongo un ejemplo: se diseña un plan de formación que se pone en el contrato laboral, y hay un tutor en la empresa que acompaña ese proceso. Esa persona va a estar el servicio de que efectivamente el joven tenga la posibilidad de equivocarse, de preguntar. Entonces, Ánima se mete en el mundo de la empresa, pero el mundo empresarial también está metido en Ánima. Ahí surgen incontables circunstancias que desafían tanto a Ánima como al mundo empresarial, y por supuesto al joven que está entre esos dos mundos. Y en esos desafíos es que todos aprenden. O todos aprendemos, mejor dicho.
Quienes deseen colaborar con Ánima pueden sumarse a su campaña Ecos.