No hace falta correr, levantar grandes pesos ni realizar entrenamientos de alta intensidad para mantenerse activo con el paso de los años. Entre las alternativas de menor impacto, el yoga combina movimiento, respiración y relajación, una combinación que puede tener efectos positivos sobre distintos aspectos relacionados con la salud cardiovascular.
Según información publicada por Cuerpomente, esta disciplina puede adaptarse a diferentes edades y condiciones físicas. Además, no requiere necesariamente equipamiento especial ni la asistencia a un gimnasio: puede practicarse en casa, en clases grupales o mediante rutinas adaptadas a las posibilidades de cada persona.
Uno de los posibles beneficios cardiovasculares del yoga está relacionado con su capacidad para ayudar a controlar el estrés. Durante situaciones de tensión, el organismo libera cortisol, una hormona que participa en la respuesta de estrés. La práctica de ejercicios de relajación y respiración puede contribuir a reducir sus niveles y favorecer un estado de mayor calma.
Esta respuesta también puede repercutir sobre la presión arterial y el funcionamiento de los vasos sanguíneos. Por eso, el yoga no actúa únicamente a través del movimiento: buena parte de sus efectos están vinculados con la manera en que enseña a respirar y a regular la activación del organismo.
El trabajo respiratorio es uno de los elementos que diferencia al yoga de otras actividades físicas moderadas. Las técnicas conocidas como pranayama buscan controlar de manera consciente el ritmo y la profundidad de la respiración. De acuerdo con Cuerpomente, estas prácticas se han relacionado con una mayor estabilidad de la frecuencia cardíaca y con cambios favorables en la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un indicador utilizado para observar cómo responde el corazón ante diferentes estímulos.
Además, respirar de manera lenta y profunda puede convertirse en una herramienta para disminuir la respuesta física frente al estrés, incluso fuera de las sesiones de yoga.
Las posturas también pueden intervenir en la circulación sanguínea. Algunas posiciones favorecen el movimiento de las articulaciones y el funcionamiento de los vasos sanguíneos, mientras que determinadas posturas invertidas pueden facilitar el retorno de la sangre desde las piernas hacia el corazón.
Una de las opciones más sencillas consiste en acostarse y apoyar las piernas contra una pared durante unos minutos. Más allá de esta postura concreta, la combinación entre movimiento, respiración y relajación constituye uno de los principales atractivos de la disciplina.
Según la información publicada por Cuerpomente, algunos estudios también han relacionado la práctica con una mejor función endotelial —la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse y regular el flujo sanguíneo— y con cambios favorables en determinados marcadores inflamatorios y relacionados con el colesterol.
La actividad puede adaptarse a diferentes niveles de exigencia. Las modalidades más dinámicas, como el vinyasa yoga, incluyen secuencias continuas de posturas que pueden alcanzar una intensidad física moderada. En cambio, otras variantes ponen mayor énfasis en la movilidad, la respiración, la estabilidad y la relajación. Por eso, al elegir una rutina conviene tener en cuenta tanto el estado físico como los objetivos de cada persona. Para alguien que recién comienza, no es necesario intentar posturas complejas ni realizar sesiones prolongadas.
La regularidad es más importante que la intensidad durante las primeras etapas. Una opción es comenzar con sesiones de entre 20 y 30 minutos y concentrarse en aprender correctamente cada movimiento. El lugar tampoco es un impedimento: una habitación tranquila y con espacio suficiente puede ser adecuada para practicar en casa. Quienes prefieran una guía pueden optar por clases grupales o acompañamiento profesional.
Durante la práctica, una regla básica es no confundir esfuerzo con dolor. Las posturas deben adaptarse a las posibilidades individuales y no es recomendable forzar una articulación para alcanzar una posición determinada. La respiración también debería acompañar los movimientos de manera consciente, sin intentar contenerla ni acelerarla innecesariamente.
El yoga, en definitiva, puede ser una alternativa para quienes buscan mantenerse físicamente activos sin someter al organismo a entrenamientos de alto impacto. Su particular combinación de movimiento, respiración y relajación permite trabajar el cuerpo mientras se incorporan herramientas que también pueden contribuir al manejo del estrés, un factor estrechamente relacionado con la salud cardiovascular.
Con base en El Tiempo/GDA