El paso del tiempo exige adaptar las rutinas cotidianas y redefinir qué significa estar en forma. A los 57 años, Jennifer Aniston, una de las figuras más emblemáticas de la industria audiovisual de Hollywood compartió sus reflexiones sobre la evolución de sus hábitos de salud, al tiempo que remarcó cómo la constancia y la inteligencia aplicada al ejercicio físico le permitieron alcanzar una solidez corporal insospechada en etapas anteriores de su vida.
Durante décadas prevaleció la idea de que para lograr resultados tangibles en el gimnasio era indispensable someterse a exigentes e extenuantes jornadas de entrenamiento cardiovascular. La propia artista reconoció que solía pensar que las rutinas solo resultaban efectivas si alcanzaban los 45 minutos o la hora ininterrumpida de esfuerzo intenso, ya fuera sobre la cinta de correr o mediante exigentes clases aeróbicas. Sin embargo, con el paso de los años y el asesoramiento adecuado, logró desmitificar esa creencia arraigada.
El valor del trabajo de fuerza y las sesiones breves
En la actualidad, la protagonista de recordadas comedias televisivas vuelca sus energías en una metodología de bajo impacto que combina estabilidad, flexibilidad y resistencia articular. Dentro de este enfoque integral, la incorporación de peso y el trabajo muscular enfocado se convirtieron en la principal bisagra para potenciar su vitalidad diaria. Según relató, profundizar en la anatomía y el funcionamiento del propio cuerpo le permitió ganar una firmeza sin precedentes.
Uno de los principales aportes de esta disciplina reside en la adaptabilidad de las cargas y los movimientos. Quienes se inician en este tipo de preparación funcional pueden comenzar trabajando únicamente con la masa corporal propia, para luego sumar gradualmente elementos de resistencia a medida que se consolidan la destreza y la estabilidad. Es una propuesta pensada para involucrar desde el torso y los hombros hasta la zona media y el tren inferior.
Motivación y equilibrio nutricional cotidiano
La falta de tiempo o la falta de ganas suelen convertirse en los obstáculos más frecuentes a la hora de encarar el movimiento físico diario. Frente a esto, la actriz apela a un recurso psicológico tan sencillo como efectivo: convencerse de que cualquier persona es capaz de sostener un esfuerzo de apenas 20 minutos. Salvo que medie un cansancio extremo o algún dolor puntual que requiera descanso, la premisa rectora es recordar la sensación de plenitud y satisfacción que genera culminar la práctica diaria.
Por otra parte, la actividad física se complementa con un esquema de alimentación flexible y libre de rigideces extremas. La intérprete adopta un modelo moderado en el que el 80% de sus ingestas responde a preparaciones balanceadas y nutritivas, mientras que el 20% restante se reserva para gustos personales sin caer en sentimientos de culpa ni restricciones desmedidas.
Entre sus elecciones habituales destaca la ingesta regular de licuados altamente nutritivos. Para iniciar o reforzar la jornada, suele preparar bebidas a base de frutas frescas como banana, cerezas y moras, combinadas con leche de almendras, vegetales en polvo, suplementos de colágeno, cacao y endulzantes naturales.
De esta manera, la figura internacional demuestra que la longevidad saludable y la vitalidad no requieren de sacrificios desmedidos ni de horas encerrados en un gimnasio. La clave, según su experiencia, radica en escuchar las necesidades del organismo, sostener hábitos realistas y priorizar la constancia por sobre el agotamiento.
En base a La Nación/GDA