Existe una idea bastante instalada de que, después de cierta edad, arrancar con actividad física ya no tiene sentido. Sin embargo, la evidencia y la experiencia de profesionales en bienestar muestran lo contrario: iniciar una rutina a los 60 años puede marcar un antes y un después en la calidad de vida.
La entrenadora Patricia Vera, en diálogo con el portal Cuídate Plus, plantea que no solo es posible empezar a entrenar en esta etapa, sino que puede resultar profundamente transformador. Muchas personas llegan a esta edad con dudas sobre la respuesta de su cuerpo, pero el punto clave está en el enfoque con el que se encare.
En ese sentido, explica que el inicio debe ser progresivo y adaptado, ya que es habitual que existan pequeñas molestias, limitaciones o secuelas propias del paso del tiempo o del estilo de vida previo. Por eso, más que exigirse, lo importante es hacerlo de forma consciente.
El objetivo: recuperar funciones, no rendir
A diferencia de otras etapas, el foco no está puesto en el rendimiento ni en alcanzar grandes marcas, sino en recuperar y mejorar funciones básicas del cuerpo. La meta es ganar movilidad, sostener la autonomía y fortalecer la salud en general.
Para eso, hay tres pilares fundamentales que no deberían faltar en una rutina:
- Ejercicios de fuerza: movimientos como las sentadillas ayudan a mantener la masa muscular y la densidad ósea.
- Movilidad: trabajar la amplitud de movimiento contribuye a cuidar las articulaciones.
- Actividad cardiovascular suave: opciones como caminar a buen ritmo, andar en bicicleta o nadar son ideales para empezar.
La especialista señala que la combinación de estos tres tipos de ejercicio es la que realmente genera beneficios, siempre acompañada de una buena alimentación y un descanso adecuado.
Claves para evitar lesiones y sostener el hábito
Para quienes arrancan desde cero, hay algunos cuidados básicos que hacen toda la diferencia. Entre ellos, respetar los tiempos de descanso, priorizar la técnica por sobre la intensidad y no saltearse el calentamiento.
El cuerpo necesita adaptarse de a poco. Por eso, lo recomendable es comenzar con dos o tres sesiones semanales, de entre 30 y 45 minutos. Ese volumen es suficiente para empezar a notar cambios sin caer en el agotamiento.
Como resume Vera, al inicio conviene quedarse corto antes que pasarse: avanzar de manera gradual es lo que permite sostener el hábito en el tiempo y evitar frustraciones.
En definitiva, más que la edad, lo que importa es cómo se da ese primer paso. Y hacerlo bien puede abrir la puerta a una etapa con más movimiento, independencia y bienestar.
En base a El Tiempo/GDA
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