Redacción El País
Durante el descanso nocturno, incluso cuando la persona cree haber dormido de forma continua y profunda, el cerebro atraviesa breves activaciones llamadas microdespertares. Estos episodios, que duran entre 3 y 15 segundos, se producen todas las noches, no dejan recuerdo consciente y forman parte del funcionamiento normal del sueño.
El problema aparece cuando su frecuencia aumenta y el descanso se fragmenta, con consecuencias sobre la salud física, el rendimiento cognitivo y el bienestar general. Así lo explica Borja Cocho Archiles, responsable de la Unidad del Sueño del HLA Hospital Jerez Puerta del Sur, en declaraciones a Europa Press Salud Infosalus.
¿Qué son los microdespertares?
Desde la medicina del sueño, estos episodios se conocen como arousals. Se trata de una activación cerebral breve que no llega a convertirse en vigilia completa, pero sí interrumpe momentáneamente la arquitectura del sueño.
Según el especialista, suelen ir acompañados de cambios fisiológicos —como aumento del tono muscular, respiración más profunda o un leve movimiento corporal— y no generan memoria al despertar. Por eso, la mayoría de las personas no es consciente de que ocurren.
Frecuencia normal y criterios médicos
Desde el punto de vista clínico, los microdespertares nocturnos no se consideran patológicos por sí mismos. Estímulos cotidianos como un ruido, una variación de temperatura o un movimiento involuntario pueden provocarlos.
En adultos sanos, lo habitual es registrar entre 5 y 15 microdespertares por hora de sueño, lo que equivale a entre 40 y 100 episodios en una noche de 7 u 8 horas.
Su evaluación se realiza mediante polisomnografía, siguiendo los criterios de la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM), que establece un mínimo de 3 segundos de actividad cerebral acelerada para definir un arousal, con un límite superior cercano a los 15 segundos.
El impacto negativo aparece cuando estos eventos impiden alcanzar las fases profundas del descanso y el sueño REM, generando cansancio persistente, somnolencia diurna y dificultades de concentración.
Factores que favorecen la fragmentación del sueño
Los especialistas distinguen dos grandes grupos de factores asociados al aumento de microdespertares:
Factores biológicos
- Envejecimiento
- Ansiedad y depresión
- Trastornos endocrinos, especialmente tiroideos
- Fiebre
- Trastornos respiratorios del sueño, como ronquidos o apneas
- Síndrome de piernas inquietas y movimientos periódicos de las extremidades
Factores ambientales y de estilo de vida
- Colchón inadecuado
- Temperaturas elevadas en la habitación
- Exposición a luz artificial
- Dormir con alguien que ronca
- Consumo de cafeína o alcohol
- Horarios de sueño irregulares
- Uso de pantallas y luz azul antes de dormir
- Falta de actividad física
Por qué no se recuerdan los microdespertares
La ausencia de recuerdo consciente se explica por mecanismos neurobiológicos. Durante un microdespertar, la activación cerebral no alcanza la intensidad necesaria para consolidar la memoria, ya que estructuras clave como el hipocampo no se activan por completo.
Además, durante el sueño los niveles de neurotransmisores como la acetilcolina, la noradrenalina y la serotonina permanecen bajos, lo que limita los procesos de atención y memoria.
Desde una perspectiva evolutiva, estos episodios actúan como mecanismos de protección: permiten ajustar funciones vitales —como la respiración— sin interrumpir de forma consciente el descanso.
Cuándo los microdespertares indican un problema de salud
Existen diferencias claras entre los microdespertares fisiológicos y los asociados a trastornos del sueño, como el síndrome de apneas-hipopneas del sueño (SAHS).
En los casos patológicos, cada evento respiratorio provoca una activación forzada del sistema nervioso simpático, con aumentos bruscos de la frecuencia cardíaca y del tono muscular. Estos episodios pueden repetirse decenas o cientos de veces por noche, reduciendo de forma significativa el tiempo de sueño profundo y sueño REM.
Mientras los microdespertares normales aparecen de forma aislada y no alteran la estructura del descanso, los patológicos se agrupan y dejan secuelas claras: somnolencia diurna, irritabilidad, problemas de memoria y falta de concentración.
Impacto en la salud a largo plazo
La fragmentación crónica del sueño no solo afecta el rendimiento diario. Según advierten los especialistas, también puede perjudicar la memoria declarativa y procedimental y aumentar el riesgo cardiovascular, debido a la repetición de descargas simpáticas que mantienen al organismo en un estado de estrés nocturno sostenido.
Detectar y tratar a tiempo los trastornos que multiplican los microdespertares es clave para proteger la calidad del sueño, la salud cerebral y el bienestar general.
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