Dormir una siesta de 20 minutos al día mejora la memoria, la productividad y ayuda a reducir el estrés

Dormir una siesta breve —entre 10 y 20 minutos— puede potenciar la concentración, mejorar la memoria y aliviar el estrés. Los especialistas la consideran una herramienta clave para el bienestar diario.

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Mujer duerme siesta.
Foto: iStock.

Redacción El País
Dormir bien dejó de ser un lujo: es una necesidad básica para el equilibrio físico y mental. En medio de jornadas laborales extensas, pantallas permanentes y niveles altos de estrés, las siestas cortas reaparecen como una solución simple, gratuita y efectiva para recuperar energía.

De acuerdo con la Mayo Clinic, el tiempo ideal de una siesta ronda entre los 10 y 20 minutos. Dormir más allá de ese lapso puede generar confusión al despertar o interferir con el descanso nocturno. En cambio, una pausa breve estimula la memoria, la concentración y el rendimiento, sin alterar el ritmo del sueño principal.

Una aliada contra el estrés y el agotamiento mental

Según la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño (ACMES), cerca del 60 % de la población sufre algún trastorno del sueño. En ese contexto, las siestas breves se consolidan como una estrategia útil para compensar la falta de descanso y sostener el rendimiento durante el día.

Cada vez más empresas incorporan espacios de descanso dentro de sus programas de bienestar. Como señalan especialistas en sueño, las siestas no implican pérdida de tiempo, sino una inversión en productividad. Así como las pausas activas ya forman parte de la rutina laboral, los descansos cortos comienzan a verse como una herramienta para reducir el estrés y mejorar la toma de decisiones.

De hecho, organizaciones que adoptaron esta práctica reportan menor ausentismo, mayor satisfacción laboral y un mejor clima organizacional. Dormir unos minutos, lejos de ser un signo de pereza, se traduce en eficiencia y equilibrio.

La siesta no debe superar los 30 minutos.

Efectos medibles en el cuerpo y el cerebro

Las siestas breves producen cambios fisiológicos y cognitivos comprobados. Investigaciones del University College de Londres señalan que pueden disminuir la presión arterial, reducir la actividad del sistema nervioso simpático —responsable de la respuesta al estrés— y aumentar la actividad cerebral vinculada con la memoria y la creatividad.

Incluso, algunos estudios sugieren que este tipo de descanso podría tener un efecto protector frente a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, al mejorar los procesos de consolidación de la memoria.

Preparar el entorno también importa

No solo el tiempo, sino también el entorno influye en la calidad del descanso. Un espacio tranquilo, con poca luz y temperatura confortable, facilita que el cuerpo entre rápidamente en un estado de relajación.

El uso de almohadas o colchones ergonómicos también puede marcar la diferencia: una mala postura o un soporte inadecuado generan tensión muscular y reducen los beneficios del descanso. Cuando el cuerpo se relaja correctamente, el cerebro logra un nivel óptimo de recuperación y los efectos sobre la memoria, la concentración y la creatividad se potencian.

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Foto: Freepik.

Cómo sacar el máximo provecho de una siesta

Los expertos de la Mayo Clinic recomiendan:

  • Dormir entre 20 y 30 minutos como máximo.
  • Realizarla a primera hora de la tarde, idealmente antes de las 15:00.
  • Elegir un lugar silencioso, oscuro y ventilado.
  • Tomarse unos minutos para activarse antes de volver a las tareas.

Dormir de más durante el día puede provocar lo que se conoce como inercia del sueño, una sensación de aturdimiento que interfiere con la productividad y el descanso nocturno.

En base a El Tiempo/GDA

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