Dormir bien durante la adolescencia no solo es importante para recuperar energías. También podría estar relacionado con un mejor desempeño académico y con una vida social más saludable, según una investigación realizada por científicos de UC Davis Health, de la Universidad de California.
El estudio, publicado en la revista Psychological Medicine, analizó información de niños y adolescentes de entre 10 y 13 años a partir de datos del Estudio sobre el Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente (ABCD). El objetivo fue determinar qué hábitos y factores del estilo de vida tenían mayor relación con el rendimiento escolar y la capacidad de mantener relaciones sociales saludables.
Entre las variables estudiadas se encontraban el sueño, el tiempo frente a las pantallas, el ejercicio físico y la alimentación. Los resultados ubicaron al descanso en el primer lugar: fue el factor con mayor asociación con mejores calificaciones y menos problemas sociales.
El tiempo de exposición a pantallas apareció en segundo lugar entre los factores analizados.
“Esperábamos que el sueño fuera importante, pero no que destacara tan claramente por encima de otros factores del estilo de vida, en particular el tiempo frente a las pantallas”, explicó Jason Smucny, primer autor del trabajo y neurocientífico computacional del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de UC Davis Health.
El vínculo entre sueño, salud mental y rendimiento
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la relación entre el sueño, la salud mental y el desempeño académico.
El descanso tuvo una asociación especialmente significativa en los jóvenes que presentaban síntomas de ansiedad, depresión u otros problemas de salud mental. De acuerdo con el análisis, fue el principal factor de estilo de vida relacionado con la conexión entre estos síntomas y las calificaciones más bajas.
En concreto, el sueño representó el 18,5% de la asociación entre depresión y peores calificaciones, el 36,3% en el caso de la ansiedad y el 8,3% en relación con los trastornos de tipo psicótico.
“Este hallazgo nos sorprendió”, señaló Smucny.
Para Tara Niendam, autora principal del estudio, profesora de Psiquiatría y directora ejecutiva de los Programas de Psicosis Temprana de UC Davis Health, es comprensible que padres, docentes y profesionales de la salud presten atención a síntomas como la ansiedad y la depresión. Sin embargo, también es importante observar cómo estos problemas pueden afectar la vida cotidiana de los jóvenes.
Según la especialista, el sueño podría ser una de las vías que conectan la salud mental con aspectos concretos de la vida diaria, como el rendimiento escolar y las relaciones sociales.
Una herramienta que las familias pueden abordar
Los investigadores remarcaron que el estudio encontró asociaciones entre las distintas variables y no demuestra que dormir mejor, por sí solo, pueda solucionar los problemas de salud mental o mejorar automáticamente las calificaciones.
Sin embargo, consideran que el descanso constituye un aspecto sobre el que las familias pueden intervenir de manera relativamente sencilla.
“Lo alentador es que el sueño es algo que los padres y las familias pueden abordar”, sostuvo Niendam.
Establecer horarios regulares para acostarse y levantarse, favorecer un ambiente adecuado para dormir y reducir hábitos que interfieran con el descanso pueden formar parte de una rutina saludable.
Aunque estas medidas no resuelven por sí mismas la ansiedad, la depresión u otros problemas de salud mental, los investigadores consideran que pueden convertirse en una estrategia práctica para acompañar el bienestar emocional y el funcionamiento cotidiano de los adolescentes.
En base a El Tiempo/GDA