Luis Alberto Lacalle
Abogado, Ex Presidente de la República
Luis Alberto Lacalle

Talibanes en París

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Para quien las haya contemplado, las imágenes son inolvidables, por su fuerza gráfica, por su tremendo simbolismo.

Nos referimos a la filmación que documentó los disparos de la artillería talibán contra milenarias y gigantescas imágenes religiosas esculpidas en la ladera de una montaña. Miles de años, fuertes vientos las habían erosionado levemente. Vieron pasar a todos los invasores del Asia profunda, a Alejandro, a ejércitos de la India, de Inglaterra, Rusia y el Imperio Otomano, y permanecían inmutables, sólidas pruebas de fe, bellas expresiones del arte. Pero nada pudieron contra los proyectiles de grueso calibre que, en cuestión de horas las redujeron a polvo. Esa versión del Islam, los talibanes, han pasado a ser sinónimo de barbarie radical, de exterminio de quien piensa distinto o de las imágenes o símbolos de creencias diferentes.

Los talibanes han llegado a París, al centro de la educación, la ciencia y la cultura que se llama Unesco. Efectivamente, el Consejo Directivo de esta importante organización ha aprobado una declaración en la que se desconoce, se ignora, se deja de lado cualquier vinculación del pueblo judío o del estado de Israel con el Templo de Jerusalén. Como se sabe, este fue ideado por el Rey David y construido por el Rey Salomón y constituye la materialización de la fe judía, cristiana y aun musulmana. Es la representación por excelencia de la creencia monoteísta que, desde los lejanos tiempos de nuestro padre Abraham, abre un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. Lugar sagrado para las tres religiones, para los tres pueblos llamados “del Libro” es decir de la Biblia. Intentar desvincular al templo de sus raíces es como declarar que el Acrópolis nada tiene que ver con la cultura griega o que Roma puede ser imaginada separada del cristianismo. Una verdadera barbaridad.

La mentada resolución es una agresión a los fines para los cuales se creó la Unesco. Educar mintiendo acerca de la historia, es envenenar las mentes. Despreciar la ciencia histórica es cortar las raíces del ser humano. Agredir la cultura judeo-cristiana y aun musulmana es amputar la propia humanidad. Así lo resolvieron 26 países en 58 miembros, con 24 abstenciones y 6 votos en contra. Se inscribe esta decisión política dentro de una fuerte campaña mundial contra Israel y los judíos que por distintos caminos, renueva la agresión que hasta ahora nada ha podido contra el estado judío ni el judaísmo.

Apenas nacido el estado de Israel, fue por las armas que se intentó borrar esa nueva-vieja nación del mapa. Una y otra vez las armas de Israel pudieron más. Cuando quedó claro que el pequeño estado era más fuerte que todos sus vecinos, juntos o separados, se rompió el frente enemigo y muchos de los vecinos de la región cambiaron en algo sus planes, algunos llegando a las relaciones diplomáticas. Pero el problema palestino sirvió para encender nuevamente el fuego del odio. La partición de Palestina, ofrecida en 1947, no se aceptó, se prefirió el martirio del pueblo palestino, azuzar los radicalismos, intentar el terrorismo. Torpedear todo inicio de solución negociada.

Ahora el arma es la llamada “deslegitimación” del estado de Israel. Es el nuevo disfraz del antisemitismo. Se “aconseja” no consumir productos del estado judío. Se alienta a vender acciones de compañías comerciales de capitales judíos. Una mayoría peculiar es la que, en los organismos internacionales, opera con impunidad. Véanse los regímenes políticos de muchos de estos estados, en los cuales no hay respeto a los derechos humanos ni elecciones ni poder judicial independiente.

Lo que resta del gran Templo de Salomón es uno de los muros laterales que sustentaban la plataforma donde se erigía el monumental edificio. Al pie de la enorme pared se congregan los fieles para leer los libros sagrados o simplemente orar. Los cristianos también lo hacemos con sentido de pertenencia, sabiendo que pisamos tierra sagrada. En la parte superior se alza la bella mezquita de Al Aqsa, una joya del arte musulmán, a la que acuden los fieles mahometanos a orar, bajo las garantías y seguridad que ofrece el estado de Israel. Un sitio de recogimiento y de elevación espiritual que debe ser respetado.

El voluntarismo radical, el falsear la historia, el desconocer los hechos o intentar torcerlos es actitud típica de los totalitarismos. Es un insulto a la inteligencia y una de las peores formas de incitar al odio. También hay quienes niegan el Holocausto, quienes dicen que es una invención. Cuando los primeros astronautas desembarcaron en la luna, hubo quienes dijeron que las fotos eran trucadas, que el viaje había sido un fracaso. También hay quienes defienden que la tierra es plana....

Vivimos una época de decadencia de valores, de demolición de creencias. Estamos cada vez más informados pero cada vez menos “formados”. Al ser humano contemporáneo le han robado el alma y le envenenan el espíritu. De ello se encargan los radicalismos terroristas, los extremismos racistas, las intolerancias religiosas, los fanáticos de todo pelo. Pero lo grave de este caso es que instituciones que se crearon a partir de la trágica experiencia de la guerra, en el sano intento de borrar esa memoria y de sembrar sentimientos e ideas que hicieran imposible un nuevo conflicto, son las que albergan a estados que preconizan la desaparición de uno de ellos.

El terrorismo contagia casi todo el mundo. Su causa primera es la intolerancia. Esta resolución de la Unesco contribuye a ese maléfico fin.

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