eNTREVISTA DEL DOMINGO - CELSA PUENTE

"Hay docentes que ni siquiera tienen la mínima formación"

En el medio del camino entre la niñez y la adultez está la Secundaria. Sobre ella recaen buena parte de las críticas que recibe la educación uruguaya. Celsa Puente lo padece en carne propia desde hace tres años y medio, pero imagina que la seguidilla de cuestionamientos acabarán al término de su mandato. “Le voy a dejar una buena cosecha a quien venga después”, dice, aunque le cuesta confiar en toda la plantilla de docentes que tiene a cargo.

Celsa Puente por Arotxa.

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TOMER URWICZ16 jul 2017

Desde que José Mujica la puso al frente del Consejo de Educación Secundaria, en enero de 2014, Celsa Puente no recuerda un día en que haya trabajado menos de 12 horas. Esta movediza profesora de Literatura "casi nunca" enciende la computadora de su escritorio porque prefiere recorrer los liceos y andar de acá para allá. Parece haberse contagiado de Aquiles, el de los "pies ligeros", ese personaje del que hablaba en sus clases. Pero como el protagonista de la obra de Homero, esta mujer también tiene su talón débil: los cientos de problemas de la educación. A Puente la inquieta que de sus decisiones dependen unos 234.000 alumnos, 21.000 docentes y, aunque suene pretencioso, parte del futuro del país.

—¿Qué le quita el sueño?

—La batalla cultural que hay que dar contra una institución (Secundaria) que tiene un formato que es muy tradicional y que está obsoleto. Esa es la explicación de muchos de los problemas que están ocurriendo. Secundaria tiene que dar respuesta a todos los jóvenes y, para ello, los profesores tienen que revisar sus propuestas metodológicas. Tiene que haber una actitud distinta en los liceos. Aunque en muchos la hay, aún no está generalizada.

—Usted es la máxima autoridad de esta institución, ¿por qué no puede cambiar esa cultura?

—En pedagogía las cosas no se decretan; eso es una fantasía. Un papel no va a generar un cambio sustancial. De hecho hay papeles, de Consejos anteriores, y no ha habido modificaciones en la práctica. Los cambios se producen por la voluntad de los docentes y directores. Tenés que ir construyendo el cambio con los que ves que están más afines y próximos, y luego generar una seducción que permita que los demás avancen hacia allí.

—Que los profesores no roten cada año, que trabajen en varios liceos a la vez, que dicten una asignatura en lugar de un área temática, ¿no depende de decisiones que vengan de arriba?

—A los uruguayos nos cuesta hacer cambios. Les vas mostrando cómo sería mucho mejor establecer la distribución de la tarea por conjunto de horas agrupadas en un único centro, y la primera respuesta es un "sí" general. Suena lógico. Pero luego en la operativa a la gente le cuesta, le viene miedo, empieza a construir fantasmas. Los uruguayos siempre estamos viendo posibles monstruos donde no los hay: siempre estamos en la desconfianza de lo que el otro puede esconder. Es cierto que uno recorre el mundo y los expertos no pueden creer cómo se asignan en Uruguay las horas docentes. Es un camino que estamos tratando de recorrer, pero también es cultural.

—Pareciera que usted está manejando un ómnibus, pero va sola, sin pasajeros. ¿Está sola en esto?

—No. Necesito subir a más gente, pero sí ya he subido a muchos en el camino. Me gustaría tener logros más fuertes, pero no estoy disgustada. Le voy a dejar una buena cosecha a quien venga después de mí, te lo puedo asegurar. Este sacudón pedagógico lo va a disfrutar otro. Hay una modernización de esta institución que tiene patrones obsoletos. Se están generando cambios profundos que aún no son visibles. En el caso de los docentes estamos buscando que haya un sistema de concursos y acceso a cargos en forma bien cristalina.

—¿Significa dejar de lado la antigüedad como mérito más relevante para elegir?

—Esa sería una batalla bien interesante. Ojalá lo pueda concretar en este período, pero también hay mucha resistencia. En Secundaria pública estamos en un subsistema que, con el 67% de profesores titulados, tiene más titulación que UTU y que la enseñanza privada. ¿El título qué te asegura? Que el individuo un día se preguntó si quería ser profesor, eligió la carrera, la hizo y se graduó. Todavía falta que crezca mucho más ese porcentaje.

—Según el Ineed, seis de cada diez profesores de educación media trabajan en al menos dos centros educativos. ¿Cómo hace un director para liderar un cambio con esta falta de pertenencia a la que se le suma la continua rotación?

—Los tres consejeros de Secundaria fuimos directores y dos fuimos además inspectores. Sabemos lo que es liderar un centro educativo. Estás liderando un proyecto y con la rotación a fin de año termina cortándose. Apostamos por la permanencia de los docentes y creemos que tres años es lo mínimo que debe estar un profesor en un mismo liceo. Se ha podido corregir un poco con los docentes que toman varias horas en el mismo centro y luego agarran las tutorías. Eso ha ayudado, sobre todo, a focalizarse en los alumnos con extraedad.

—Sin embargo, el rezago sigue siendo una condena si uno lo mide en términos de egreso, repetición y aprendizajes.

—Secundaria tiene un desarrollo en esta línea. Pensemos por qué está pasando que exista tanta extraedad. Antes estaban los que nunca accedían a la educación media, los que accedían y fracasaban, y los que accedían y lograban continuar sin problemas. El otro día, en la previa al Consejo de Ministros en Cerro Largo, recibimos al sindicato de empleadas domésticas que nos reclamaban por más acceso a la formación. Esta gente antes ni siquiera accedía al liceo. Y parte de la realidad responde al acceso universal.

—Pero los resultados siguen siendo poco equitativos: el 71% de los egresados son de los quintiles más adinerados.

—Es verdad. Esa es otra cosa que me saca el sueño. Sé que no todos los jóvenes tienen que tener el mismo plan de estudio. Estimo que lo mejor es fijar qué aptitudes y habilidades un estudiante debe tener en determinado momento de la vida. Luego que cada uno elija el formato que le sea más útil para llegar a ese nivel. Hay que dejar de pensar que cada año tiene que tener una evaluación y tenemos que empezar a pensar en ciclos. Es un tema de respetar los ritmos.

—¿De no haber cambios de fondo, esa idea no corre riesgo de transformarse en una simple medida administrativa?

—Sí. Aun así el diseño de estos planes exige una actitud del docente que va más encaminado a metodologías más actualizadas. Pensar más en proyectos y no tanto en evaluación de emboscada. Me molesta mucho la idea de "vamos a poner un escrito para evaluar lo que no saben", cuando la evaluación debe ser un reforzador del saber. Y, en todo caso, debe ser una prueba para que el profesor evalúe si su propuesta fue la más adecuada.

—Para confiar en estas metodologías, según los expertos finlandeses que visitaron el mes pasado Montevideo, hay que confiar en los docentes. ¿Usted confía en todos los docentes y todos los centros educativos?

—No puedo asegurarte eso con solo el 67% de los profesores titulados. Cuando hay docentes que ni siquiera tienen la más mínima formación en didáctica y pedagogía. Y de los que tengo titulados, tengo un conjunto que es sumamente tradicional. Como ejemplo, el otro día, de regreso del Consejo de Ministros en Cerro Largo, frené en un liceo. Lo estaban limpiando, estaba todo precioso, pero los bancos estaban ordenados uno detrás de otro como en el cine. Hoy tenés que hacer una buena pregunta o un disparador de contexto y armar equipos de trabajo. Eso exige un profesor seguro, que puede no saber todo, pero que está dispuesto a buscar la respuesta con el alumno; que innova. No todos los profesores pueden hacerlo. Tenemos un colectivo que se resiste. Sé que los docentes se quejan, y tienen razón, de que en la formación no hay lugar a la investigación, la innovación. Eso hace que seamos cuasiprofesionales.

—El Poder Ejecutivo tenía el objetivo de que la tasa de egreso en educación media llegara, al término del quinquenio, a 75%. Dejando de lado UTU, al ritmo en que viene creciendo el egreso, se necesitarían 120 años para llegar a la meta. ¿Qué explicación le encuentra?

—Es horrible este dato. Esperemos que con los cambios se vayan viendo otros resultados. En el caso del bachillerato estamos pensando ciertos ajustes. Sucede que los hacemos optar muy prontamente a los estudiantes. Estamos pensando en un bachillerato más general, que permita fluir más y que le permita, compensando unas pocas horas de asignaturas, acceder a cualquier carrera universitaria. Pero recién estamos empezando a pensarlo.

—¿Se está acordando con la universidad?

—Aún no porque es muy pronto. Sí es verdad que falta más diálogo. Por ejemplo, la UdelaR no acepta los bachilleratos de UTU. Entonces hay que hacer un trámite burocrático de acreditación ante Secundaria. Pero hay otros cambios que se deben tener en cuenta. Antes la mayoría de los estudiantes elegían Humanístico. Ahora estamos observando una gran elección por Biológico. Eso desajustó nuestra proyección. Puede que se deba a que Biológico tiene acceso a varias carreras de menor porte, esas asociadas a la Medicina, sin ser la carrera de médico.

—¿Hasta qué punto hay que tener en cuenta ese interés de los jóvenes? ¿Acaso como país no hay que pensar hacia qué se quiere apostar?

—Es un equilibrio. Estamos intentado que aumente la cantidad de mujeres en la Ciencia. Eso también es cultural y está ligado al Uruguay productivo. El desarrollo de la tecnología e informática exige que trabajemos en eso.

—¿Es una traba que Matemática y Física sigan siendo las asignaturas con más dificultades?

—Sí, y no es casual porque son en las que hay menos profesores titulados.

—Desde 2005 a la fecha Uruguay mejoró en aspectos de desigualdad. En el coeficiente de Gini, bajó la pobreza e indigencia, ¿por qué no se notan esos cambios o impactos en la educación?

—La Educación Media coincide con un momento sensible de la vida. Por eso hay que buscar espacios distintos que capten a los adolescentes y los traigan al liceo, que les den sentido a sus vidas, sea con fotografía, danza, robótica, no importa. Los liceos deben ser espacios hospitalarios, donde el adulto sepa tu nombre, cómo estás, en qué se te puede ayudar.

—¿A veces las autoridades de la educación no se terminan tomando las críticas como ataques?

—Lo que me preocupa es que para algunos la educación es un botín de guerra. Eso es invalidante para un abordaje integral. Cuando algunos actores de la palestra pública atacan la educación no están midiendo el rol de la educación: no puede ser vista desde los colorados, desde los blancos, desde los frenteamplistas. Tiene que ser vista como Uruguay.

"LA EDUCACIÓN PÚBLICA NO CORRE RIESGO ALGUNO"


La multiplicidad de talleres ha sido la gran bandera de la educación privada. Además, han venido creciendo los modelos de liceos públicos de gestión privada. Y, para las construcciones edilicias, se ha impulsado la modalidad PPP. ¿Se está privatizando la educación?

—La educación pública y la privada no son comparables. Se ha construido un fantasma sobre la PPP. Es una herramienta para proyectos constructivos, a nadie se le ocurre que vaya a haber una intromisión en la propuesta pedagógica. La educación pública en Uruguay no corre riesgo alguno, sobre ella está sostenida la democracia. Cuando un alumno tiene un problema en un liceo privado, y le resignan el contrato con la familia, es recibido e incorporado en el liceo público. Hay algunas modalidades como el Jubilar e Impulso que son muy puntuales y que a algunos les gustarán más y a otros menos.

—¿Le gustan?

—Prefiero no incursionar en eso. Sí creo que hay lugar para todos. No hay que pensar la vida en términos de exclusiones. Cuanto más homogeneizado sea el ambiente, más miedo tiene el niño al diferente. Eso pasa en los sectores más desfavorecidos y los más favorecidos. La vida en barrios privados, como en un asentamiento, hace que el chiquilín viva siempre con sus iguales y que cuando ve a alguien diferente no sabe cómo reaccionar y, a veces, lo hace del peor modo.

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