Víctimas de la delincuencia

"Estamos matándonos entre todos"

“Dejó amor por todos lados”, dice madre de joven arrollada por auto baleado por narcos.

Marcela, la joven que murió atropellada en Solymar. Foto: Gentileza de la familia

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CARLOS TAPIA10 feb 2016

Marcela tenía decidido estudiar medicina. Quería ser oncóloga de niños. Su mamá, Carina, trataba de disuadirla. "Pero mi amor, no te das cuenta al dolor que vas a estar sometida toda tu vida", le decía. Y ella, con esa sonrisa que casi nunca se iba de su rostro, contestaba: "Con que yo pueda salvar la vida de un solo niño, ya está". Pero el sueño se rompió este sábado pasadas las 22 horas, cuando una pelea entre narcos terminó con un conductor asesinado, que al perder el control de su camioneta embistió a Marcela y la mató.

"Ese era el corazón de mi hija. Dejó amor por todos lados. Era un ángel. Lo dicen todos los que la conocieron. Una amiga de ella me dijo que se fue porque era demasiado perfecta para este mundo", cuenta Carina, que de vez en cuando se quiebra, pero que la mayoría del tiempo sonríe, como sonreía su hija, porque recordar a Marcela es motivo de alegría.

Con su hermana mayor, Emiliana, eran compinches. Se contaban todo. Ella se acuerda especialmente de la vez que todos los compañeros de clase de Marcela copiaron para el examen de física, menos ella, que fue la única de la clase que no se sacó 12, apenas consiguió un 4. "Me dijo: Yo prefiero sacarme cuatro y ser honesta, a copiar y mostrar que soy la mejor cuando en realidad me estoy traicionando a mí misma. No existe una persona que fuera como ella. Yo hubiera copiado. Pero ella no, porque era perfecta", señala Emiliana.

Tenía 16 años. Le decían Pochis. Estaba llena de amigos. Entre ellos sus cuatro hermanos, Emiliana de 19, un varón de 14 y la más chica de 7. También estaba su perro, Uma, que llegó al hogar hace tres meses, luego de que le insistiera a sus padres para tener una mascota. Iba a cursar quinto biológico, el primer mojón para cumplir su sueño de ser doctora. Asistía al liceo Solymar 1. Vivió siempre en Ciudad de la Costa.

"¡Mi hija fue víctima del narcotráfico en Uruguay! ¡Es increíble! Porque no estamos hablando de México", exclama aún sorprendida Carina, que junto a su marido protegen y hasta "sobreprotegen" a sus hijos —en palabras de Emiliana, que dice que le dejaron tomarse un ómnibus sola recién cuando tuvo 16 años. "Yo siempre le preguntaba por qué salía tanto con sus amigos. Ella, que no consumía alcohol y mucho menos drogas, me contestaba que no hacían nada malo, y entonces yo le decía: Mi amor, ya sé que no hacen nada malo, pero sabés lo que pasa, hay mucha inseguridad, te puede alcanzar la bala perdida de una rapiña", recuerda Carina.

Más allá de lo que le pasó a su hija, advierte que "todos los malandras de Montevideo se fueron a Ciudad de la Costa". A ella la robaron a mano armada en la puerta de su casa. Y a Emiliana la intentaron violar a plena luz del día en una calle muy transitada de Solymar. "Al lado de una parada, la gente vio todo y no hizo nada, tuve suerte y me pude zafar", cuenta ella. Carina dice que robaron la farmacia de la vuelta de su casa a las 11 de la mañana y que "al local de pagos le dieron un montón de veces". También que si hubiera habido un vallado en la Av. Giannattasio su hija no hubiera corrido la misma suerte.

La última noche.

Como siempre el papá de Marcela se ofrecía con su auto para llevarlas a ella y sus amigas a todos lados. Así fueron en la noche del sábado a buscar a Loly, una de sus mejores amigas. En el camino Marcela le dijo a su padre que este había sido el mejor verano de su vida. Habían ido a veranear a La Paloma. En un principio ella quería ir sola con sus amigas, pero sus padres le dijeron que era muy chica para eso. Ella se puso triste y entonces el padre organizó "La Paloma Fest", que consistió en alquilar dos casas, una para Marcela y sus amigas, y otra para la familia que a tres cuadras las cuidaban de cerca.

Su padre se quedó contento de que la haya pasado tan bien. Al rato ya estaban Marcela, Loly y tres amigas más aprontándose para salir. Iban a ir al festival Costa Reggae.

"Les hice una tortilla para que comieran —recuerda Carina. Me mostró dos blusas, me preguntó cuál le quedaba mejor, le dije que las dos le quedaban bien, pero una de ellas le quedaba preciosa, era una blanca que yo le había regalado. Cuando se estaban por ir, se escapó Uma. La corrieron con las amigas y después de un rato la agarraron. Después me dijo: Mamá, me voy. Y lo último que yo le dije fue: Andá, corazón. A los 10 minutos me llamó Loly para decirme que había habido un accidente en Giannattasio, que tenía que ir urgente".

Cuando llegó al lugar, Carina se encontró con un grupo de hombres tratando de dar vuelta la camioneta. Aclara que, "pese a lo que se ha dicho por ahí", Marcela no iba distraída, ni mirando el celular, ni caminando por donde no tenía que caminar. Sino que la camioneta se salió de la carretera y la embistió. "Iba de la mano del novio, que dice que la camioneta se la arrancó de las manos. Iba riéndose", señala.

Pasaron varios minutos antes de que lograran sacar a Marcela, ya sin vida, de abajo del vehículo. Carina la vio por última vez sobre la camilla. "Empecé a los gritos, no podía más que gritar".

Silencio oficial.

A Carina no la llamó nadie del Ministerio del Interior. En realidad no la llamó absolutamente nadie del Gobierno. No se le ofreció asistencia psicológica. Le dieron 10 días de licencia por duelo. "Y si necesito más tiempo para llorar a mi hija tengo que ir a un psiquiatra y hacerme pasar por loca", advierte.

Ella trabaja en el juzgado de Ciudad de la Costa y gracias a dos amigas, una que trabaja en la Intendencia de Canelones y otra en la de Maldonado, logró que se aceleren los tiempos para que le den los restos de su hija y poder cremarlos. "Es una vergüenza que por burocracia se tenga que esperar 72 horas para que un tipo ponga dos sellos. No se puede así. Hay que ser más humanos. No puede ser todo plata. Poder, plata y corrupción. Nos estamos matando entre todos".

Finalmente las cenizas de Marcela le fueron entregadas el lunes a la familia. Parte de ellas fueron esparcidas en la plaza que está a dos cuadras de su casa, donde se solía reunir con sus amigos, que son un montón y que ayer empezaron a preparar un "homenaje" para ella. Otra parte de las cenizas fue llevada a La Paloma, donde Marcela, Pochis, pasó el mejor verano de toda su vida.

"Hay homicidios que no se saben".

Carina, la mamá de Marcela, es actuaria en el juzgado de Ciudad de la Costa y está horrorizada por la inseguridad. "Hay más problemas de lo que la gente se imagina. Hay homicidios que no se saben. Las rapiñas son incontrolables. Al shopping Costa Urbana no se puede ir, ya hubo dos hechos de sangre ahí", advierte.

Por esto es que ella estaba siempre arriba de su hija. Si iba a bailar, ella y su marido la monitoreaban todo el tiempo por celular. Dice que no hacía más que salir con sus amigos, a los cuales conocen uno por uno y "son todos gurises divinos, todos estudiantes, los varones son deportistas, todos bien educados".

Mientras el padre, por su parte, señala que "todos los chiquilines del barrio están rotos", Carina comenta que acaba de recibir un mensaje de texto de los amigos de Marcela, que dicen que le van a hacer un homenaje. "Pobres, ya no saben qué hacer", se lamenta.

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