Educando a Agazzi

Juan Martín Posadas

El Presidente electo sorprende, inquieta y desconcierta. Mujica le ofreció el Ministerio de Educación a Agazzi y ha insistido por todos los medios para que éste acepte. Conozco intelectuales frentistas de renombre a quienes ese propósito les pone los pelos de punta. No pueden aceptar que Mujica, habiendo asegurado que una de sus prioridades de gobierno será la educación, piense en Agazzi, un Ingeniero Agrónomo de boina, como ministro. Ellos preferirían que permaneciera María Simon, Ingeniera, que se ofrece en cuanta ocasión se le cruza.

Para atacar con éxito los problemas enormes que corrompen a la educación en nuestro país es necesario un jerarca que provenga de afuera del sistema, ajeno a las roscas que la dominan y a los preconceptos consolidados. Alguien que ignore las cofradías y no tenga amigos en los grupitos instalados: hay que tener independencia para romper todas las chacritas, hay que desentenderse (no entender por falta de antecedentes) los discursos ideológicos que se manejan para justificar los status quo y que sólo son fundamentaciones camufladas para la inamovilidad de ciertas personas. Hace falta alguien que no tenga piedad de las rutinas: que ni las conozca.

La enseñanza es actualmente un desastre. La prensa ha informado estos días que el 30% de las clases no se dictan porque los docentes no concurren. Dos tercios de los jóvenes que egresan de Secundaria no lo hace en el tiempo esperado o directamente no egresa (repetición o deserción). Acaba de señalar Astori que se le dieron ingentes recursos a la enseñanza pero los resultados han sido pobres. Los corporativismos -dijo- han sido funestos.

Para reformar la enseñanza no sirve alguien como María Simon, que proviene del mundo académico y, cumplido un período en el cargo, va a volver a lo que es su mundo, y allí espera ser bien recibida. Se dice que aspira (también) a ser elegida Rectora de la Universidad: no la va a enfrentar como sería necesario (dice que la Udelar es el arquetipo de educación terciaria cuando en realidad es el archiproblema). Agazzi, terminado su eventual Ministerio, se irá para su casa o para otro lado, pero no para el mundo intelectual-académico-educacional. No tendría, pues, motivos de temor de pisar los callos que fuere necesario, procedimiento indispensable para empezar la reforma y poder culminarla con resultados.

Las reformas que el país necesita no se podrán hacer a los pechazos, ciertamente: necesitan procesos, trámites de convencimiento para obtener las cooperaciones necesarias. Pero nada se podrá esperar de una reforma en la que intervengan las viejas figuras del establishment, dueños sempiternos de los sillones y de las cuotas de poder. A esos hay que desalojarlos. De lo contrario no habrá reforma. Ni de la enseñanza ni mucho menos la otra que ha anunciado Mujica: la del Estado.

No sé hoy quién terminará en el Ministerio; a los efectos de mi análisis es irrelevante. Sé que Agazzi no entendió a Mujica, que tampoco lo entendió María Simon y que poco lo van a entender, desde hoy hasta el final del mandato, muchos de los intelectuales de la izquierda, la vieja y rutinaria izquierda uruguaya que ha hecho de la enseñanza lo que hoy es.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar