EDWARD PIÑÓN
River Plate volvió al Estadio Centenario y el público uruguayo respondió en gran forma para verlo en acción.
Pero después de observarlo en acción, no sé si a la mayoría le habrá quedado la misma sensación de pobreza. Como que fue muy poco.
Es cierto que ganó de visitante y que eso le da más vida que a Defensor Sporting en la Copa Sudamericana, pero este elenco de la banda roja está muy lejos, demasiado para gusto de este consumidor, de aquel que supo ganarse el apodo de millonario.
Que conste, que ese mote lo definía con certeza por la riqueza económica del club, que no tenía problemas en contratar a los mejores jugadores de Argentina, y muchísimo más por las innegables condiciones técnicas que tenían sus jugadores, capaces de desplegar el mejor fútbol que se pudiera ver en el mundo.
Ayer, contra un Defensor Sporting que recibió un gran castigo por no saber culminar las jugadas que generó, River se llevó un gran premio, pero sólo por la grandeza, el oportunismo y la vivacidad de su delantero de área (léase Sebastián Abreu), porque en el resto fue muy chiquito.
De millonario ni una moña, ni una jopeada y, lo que es peor, poquitas paredes de esas que solían identificar al fútbol argentino. Ayer fue un chiquito River con un "Loco" grande.