¿Cómo viven los murciélagos con tantos virus?

Científicos estudian su sistema inmune para lograr estrategias de control viral; su resistencia y tolerancia es mayor que la de los humanos.

Murciélago volando. Foto: Shutterstock
Los murciélagos de herradura chino son la fuente probable del brote de coronavirus surgido en China. Foto: Shutterstock

La hipótesis de que el 2019-nCov puede estar hospedado inicialmente en murciélagos –y transmitido a los humanos a través de un segundo animal– cobra fuerza. Esto se suma a su mala fama: que son feos, que son peligrosos, que muerden y que se alimentan de sangre. Y el brote de coronavirus surgido en China no colabora con sacarles la etiqueta de supervillanos biológicos. No obstante, hay algo sobre estos mamíferos voladores que intriga a los científicos: ¿cómo viven con tantos virus? Y, principalmente, ¿podrían compartir esa capacidad con los seres humanos?

Todavía no se sabe con certeza el origen de la cepa de Wuhan pero se apunta a los murciélagos de herradura chinos, una especie común que pesa hasta 28 gramos. Si es así, esto se sumará al currículo infeccioso de la familia que incluye el síndrome respiratorio agudo grave (SRAS), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), los virus de Hendra y Marburg y, el más clásico, la rabia. También se maneja la hipótesis de que el reservorio del Ébola puede ser una especie de murciélago.

Germán Botto, responsable del Programa para la Conservación de los Murciélagos de Uruguay (PCMU), enseñó que estos animales tienen dos características: mayor tolerancia y mayor resistencia a los virus. “Por lo primero aprenden a vivir con la infección y por lo segundo son más eficientes en reducir la carga infecciosa. La combinación explica porqué son capaces de convivir con mayores cargas virales”. Esto supera a las capacidades de otros mamíferos, inclusive las del hombre.

No se tiene aun la respuesta definitiva de porqué los murciélagos pueden ser portadores de distintos virus sin enfermarse (con excepción de la rabia) pero sí que su sistema inmune está preparado para eso. Por ejemplo, son capaces de responder más “suavemente” a una infección. “Cuando un individuo se infecta, parte del daño lo produce el patógeno en sí pero, por otra parte, se deriva de la propia respuesta inmune. Si uno reduce la respuesta inflamatoria, puede reducir el daño que la enfermedad causa al organismo”, dijo Botto.

En un ensayo de 2018 publicado en Cell Host and Microbe y recogido por New York Times, científicos de China y Singapur dieron a conocer su investigación acerca de cómo los murciélagos lidian con algo llamado percepción del ADN, por lo que reducen la inflamación.

Por otra parte, los murciélagos tienen una respuesta antiviral permanente.
“Es posible que logremos aprender sobre estrategias de control viral, así como también sobre estrategias para lidiar con el estrés oxidativo, uno de los problemas del envejecimiento y que se acrecienta con las tasas metabólicas altas, pero que los murciélagos parecen contener increíblemente bien”, expresó Botto.

Miles de especies en todo el mundo.

Es cierto que los roedores, los primates y las aves también son portadores de enfermedades que pueden transmitirse a los humanos y lo han hecho; pero los murciélagos tienen particularidades que los hacen los sospechosos de siempre. Por ejemplo, su diversidad. Hay 1.412 especies registradas. Esto es un cuarto de las especies de mamíferos conocidas. Y están en todo el mundo (salvo la Antártida).

Además, son el único grupo dentro de los mamíferos que puede volar activamente y, a pesar de que este comportamiento requiere tasas metabólicas muy altas y está asociado con daño celular, los murciélagos tienen una longevidad llamativa (más que los roedores). “Hay especies en las que se registraron individuos de más de 40 años en estado silvestre”, comentó el especialista Germán Botto.

En Uruguay, por ejemplo, predominan los del conjunto Microchiroptera: pequeños en tamaño, utilizan ecolocación para ubicarse y cazar y son nocturnos. Su dieta es diversa: los hay frugívoros, nectarívoros, polinívoros, carnívoros, insectívoros y hematófagos.

En Uruguay buscan incorporar murciélago. Foto: Picassaweb.
El nuevo virus comparte siete proteínas no estructurales con el SRAS.

La intervención del hombre.

En realidad, no se les puede achacar ningún virus. Sí hay virus que tienen como reservorio a alguna especie de murciélago, pero la epidemia surge tras un “evento de salto de especie” entre estos y humanos y la posterior transmisión entre los últimos.

El virus de Hendra es un ejemplo. Este se detectó por primera vez en Australia en 1994: se registraba una alta letalidad en caballos y, una vez contagiados, también en humanos. “El origen del virus se rastreó a murciélagos frugívoros (conocidos como zorros voladores)”, apuntó Botto. La evidencia apunta a que la infección de los caballos se dio inicialmente por un cambio de distribución de los zorros voladores que en invierno se alimentan del néctar de diferentes especies de eucaliptus. ¿Qué pasó? Pasó el hombre. La tala de los árboles nativos les quitó las fuentes de alimento para la temporada, por lo que pasaron a comer los frutales en los entornos de las ciudades. Así los murciélagos se acercaron a los caballos pero también a una fuente de menor calidad nutritiva. “Esto provocó picos de estrés nutricional”, agregó el candidato a posdoctorado en la Montana State University. En consecuencia, los murciélagos excretaron más virus cerca de los caballos.

Si bien existe una vacuna efectiva para los caballos y que impide la infección a humanos, Botto indicó que el virus de Hendra continúa siendo un problema. Su laboratorio en la universidad estadounidense investiga cómo restablecer el comportamiento migratorio de los zorros voladores para alejarlos de las ciudades en invierno.

El ejemplo de Uruguay es la rabia. Nuestro país se mantuvo libre de rabia bovina transmitida por murciélagos hematófagos (vampiros) hasta 2007, si bien en Latinoamérica ha tenido brotes de rabia en ganado desde, por lo menos, el siglo XVII. Botto estudió que el episodio de ese año se explica por cambios en el ambiente. “Estudiamos cómo la sustitución de praderas por forestación exótica (con eucaliptus, entre otras) puede cambiar la conectividad de los vampiros y favorecer la transmisión de rabia al ganado”, contó.

¿Qué pasa con el Ébola? Se maneja que el reservorio puede ser una especie de murciélago, pero no se ha mostrado que esté excretando el virus de manera natural o que una población sea capaz de mantener el virus en circulación. También falta por entender por qué se han dado los saltos de especies. Según el experto, todo apunta a que la desforestación de la selva sería parte de la explicación.

Cómo se dio el salto entre especies.

En el caso del síndrome respiratorio agudo grave (SRAS) se supone que el salto de especie desde los murciélagos se dio en un mercado donde se vende fauna silvestre viva para consumo; mientras que el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) saltó a los dromedarios y luego a los humanos.

El Marburg es un filovirus cuyo origen también se rastreó hasta murciélagos frugívoros (pero no zorros voladores) en África. “En ese caso la primera transmisión se dio en un grupo de turistas que ingresaron a una caverna con una gran población de murciélagos. Aquí el factor clave fue el contacto; entraron sin protección a ese refugio”, señaló Germán Botto, responsable del Programa para la Conservación de los Murciélagos de Uruguay (PCMU).

Rastrear el origen de un virus es necesario para emprender acciones para combatir los brotes.

Mala fama inmerecida: su lado amable

Los murciélagos cumplen un rol importante en los ecosistemas. Los frugívoros son grandes dispersores de semillas. Los nectarívoros y polinívoros son polinizadores. Un ejemplo son los murciélagos magueyeros que son los responsable de la polinización del Ágave, de donde se obtienen el tequila y el mezcal. En zonas templadas, los insectívoros son los que cobran más importancia. Estos pueden consumir enormes cantidades de insectos. “Pueden llegar a consumir la mitad de su peso en insectos por noche”, explicó Germán Botto. Y añadió: “Una colonia de 20.000 ejemplares del murciélago cola de ratón, que pesan 12 gramos cada uno, puede consumir 120 kilos de insectos por noche”. Hay una colonia de este tipo y cantidad en Rivera.

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