Agus Casanova: por qué le pidió perdón a Luis Suárez en la fiesta de su hija y la noche que Shakira bailó Márama

Hoy Márama vuelve a Enjoy para su primer show del año, y la cita sirve de excusa para una charla íntima con el cantante sobre la fiesta de 15 de la hija de Suárez, su futuro en "La Voz" y los nuevos retos.

Agustín Casanova.
Agustín Casanova.

Márama cerró el 2025 bien arriba cantando en la fiesta de 15 de Delfina Suárez, la primogénita de Luis Suárez, y lo abre hoy, como ya es tradición, con un show íntimo en Enjoy Punta del Este. No es un recital más: está rodeado de mística por un par de motivos. Siempre que arrancan un tour lo inauguran en ese escenario, es una cábala, y disfrutan el doble porque cantan para familiares y amigos; y encima siempre cae alguna celebridad que está alojada en el hotel.

Eso de las estrellas no les es ajeno. Agustín Casanova, líder de la banda, habla con naturalidad sobre la vez que vio bailar a Shakira y Gerard Piqué sus hits en la boda de Lionel Messi y Antonela Roccuzzo; o la noche en que Suárez le mandó un mensaje para invitarlo a tomar unos daikiris que había preparado su esposa, Sofía Balbi, y así empezó una relación que perdura.

La lista de anécdotas que parecen sacadas de una película es extensa y cada vez que los miembros de Márama hacen un asado salen a relucir varias que son dignas de un libro. Casanova no lo descarta. Como tampoco descarta la posibilidad de aceptar hacer cine o una serie si aparece un proyecto tentador. “Nunca estudié actuación, a veces me siento un poco en falta, pero si llega una propuesta que me guste, podría hacerlo, sobre todo este año que no está La Voz”, asegura a El País, en modo primicia, el que fue jurado del certamen de canto de Canal 10.

El show de hoy a las 21:00 en Enjoy —quedan entradas en Suticket a partir de 1900 pesos— es la excusa para repasar sus inicios, la fama, la espiritualidad, el vínculo con Suárez y más.

—¿Cómo eran los primeros conciertos de verano con Márama?
—Más heavy. Me acuerdo de un verano en el que hicimos siete shows y el último fue a las diez de la mañana. Una locura.

—¿Cómo se banca ese ritmo? ¿Cómo llegás al último show?
—No está bueno y es muy insalubre. Lo que más sufren son las cuerdas vocales: terminás disfónico, podés sangrar. En esa incertidumbre de que todo se puede acabar en cualquier momento, aceptás todo, incluso cosas que pasan por encima de la salud. Pero no es recomendable. Hoy no hacemos más de dos.

—¿Qué les da ganas de seguir cantando después de 12 años?
—Son etapas porque, a pesar de que uno hace lo que ama y me siento un privilegiado, también tiene cosas difíciles. Dividiría a Márama en dos épocas: los primeros cinco años, y desde que se separa en 2017 y vuelve a juntarse en 2021. Antes era muy avasallante: siete shows en una noche, viajes, no tenía casa. Viví cuatro años en hoteles. Es estresante. La primera vez que me alquilé una casa después de cuatro años, me senté a cocinar y me puse a llorar.

—Eras muy joven. ¿Siempre tuviste los pies sobre la tierra?
—Sí, pero era difícil. Se te puede transformar la cabeza. Sos muy frágil y estás muy incentivado a creer que sos el capo, y puede ser peligroso. Por momentos flaqueás, pero la meditación y mi familia me salvaron. Hoy me siento bien de salud mental, económicamente también fui muy correcto. No siento que haya sido irresponsable.

—¿Te costó perder el anonimato?
—No termino de acostumbrarme, pero la gente en Uruguay es muy educada. Me cuesta a veces entrar en esa sintonía de que te saluden como si te conocieran. Pero una vez que entro, me gusta quedarme charlando porque me interesa mucho la vida de los demás, porque la mía es un poco extraña.

—¿Qué tan extraña es?
—Me paso en aviones, conciertos, estudios. La comparo con la vida de mis amigos y, en los momentos en que ellos tienen vacaciones, yo no tengo. Cuando tengo libre —de lunes a miércoles—, ellos tienen que trabajar. Es un poco conflictivo mantener los vínculos.

—¿Te gustaría tener una vida más "normal"?
—No sé si normal, pero soy fanático de la soledad. Soy muy del bosque. Las veces que no tengo shows, me voy a pasar tiempo tranquilo. Puedo estar horas sentado en el pasto pensando y meditando.

La banda Márama se presenta hoy en Enjoy Punta del Este.
La banda Márama se presenta hoy en Enjoy Punta del Este.

—¿Te sorprendió la llamada de Suárez para que Márama cantara en el cumpleaños de 15 de su hija?
—Sí, y a la vez me alegró. A Delfina la conozco desde que tenía cinco años y fue un honor tocar en su cumpleaños. Había muchos futbolistas; yo no los conocía a todos, pero los pibes estaban como locos.

—Qué privilegio ver bailar a Messi y Suárez con tus hits…
—Realmente es muy raro. Al no ser tan afín al deporte, siento que lo puedo mantener más tranquilo, pero son personas que generan mucha emoción y nervios.

—¿Pudiste hablar con ellos?
—Estuve charlando con Suárez un rato. Le pedí disculpas porque me había invitado a quedarme en la fiesta, pero preferí hacer el show e irme. Me dio vergüenza y le dije: “No, muchas gracias”.

—¿Cómo nació el vínculo con Suárez?
—Nace de él. Cuando Márama recién arrancaba, me mandó un mensaje que decía algo así: “Soy Luis Suárez, estoy en mi casa, ¿querés venir? Vamos a tomar algo”, porque Sofía había hecho unos daikiris. Yo pensé que era Pablo (Arnoletti) y le contesté: “Ja, ja. Dale, Pablo”. Y me mandó un audio diciendo: “En serio, soy yo”. Me llevó mi viejo hasta su casa, y a partir de ahí, empezó a venir a los shows, compartía las canciones, estuvo en un par de clips (“Pasarla bien” y “Nunca más”). Nos apadrinó.

—Y los llevó a tocar a la boda de Messi…
—Él le regaló la banda a Lionel y fue una experiencia increíble. Me acuerdo de estar arriba del escenario, mirar a los músicos y hacer una cara como diciendo: “¿Qué hacemos acá?”. Estaba Shakira bailando con Piqué y nosotros diciendo: “¿Qué está pasando?”. Fingís normalidad y seguís para adelante.

—Antoine Griezmann también los contrató para cantar en su casamiento…
—Sí, nos llamó y fuimos a tocar en un castillo en España. Otra vez me llamó Messi para que fuéramos a tocar el fin de semana a Barcelona a un festejo, porque habían ganado la Champions. Al final no fuimos porque no se podía hacer música en vivo en el lugar. Pasan cosas inexplicables y me gustaría contarlas algún día.

—¿En un libro?
—No estaría nada mal.

—La música te llevó al Bailando, luego actuaste en Simona (Canal 13). ¿En qué quedó la carrera de actor?
—No es un lugar donde me sienta cómodo o que estoy haciendo un buen trabajo, porque me exijo mucho. Como nunca estudié actuación, a veces me siento un poco en falta, pero si llega una propuesta que me guste, podría hacerlo, sobre todo este año que no está La Voz.

—¿No está o no vas a estar?
—No me han avisado. Si está, no estoy (risas).

—¿Disfrutaste el rol de jurado?
—Me encantó. Lo que me cuesta un poco es que emitís juicios, hay mucha gente que está en contra y te lo dice en la calle, pero es entendible. Lo más gratificante es ver la evolución de los artistas. Me gusta mucho la técnica vocal, explicar, acompañar y enseñar. Quizás en algún momento estudie para profesor.

—Si tuvieras la chance de hablar con aquel Agustín que trabajaba en la cerrajería y animaba fiestas infantiles, ¿qué le dirías?
—Que confíe en él. En ese momento también estudiaba informática y trabajaba de lunes a lunes hasta las 0.00. Siempre cuento que cuando fui a renunciar a la cerrajería para dedicarme a la música, el dueño me dijo que me dejara de joder, que en algún momento iba a tener que mantener a mis hijos. Y yo le contesté: “Vas a ver que voy a ser cantante”. Años después hice un Antel Arena y lo invité. Nos reímos, nos abrazamos y le dije: “¿Viste que tenía razón?”. Mi consejo sería: seguí confiando en vos. Eso y el poder mental son la clave del éxito.

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