PREMIADO

Arquitecto uruguayo obtuvo premio internacional por una innovadora obra en Carrasco

Santiago Fernández fue reconocido con el premio Repensar el Futuro 2021 por un emprendimiento de cinco casas construidas en función de centenarios árboles.

Las obras del arquitecto están entre árboles centenarios
Las obras del arquitecto están entre árboles centenarios

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El arquitecto uruguayo Santiago Fernández y la brasileña Cándida Tabet, obtuvieron el prestigioso premio Repensar el Futuro 2021 (Rethinking The Future Awards ) por un emprendimiento de cinco casas construidas en función de centenarios árboles en un amplio terreno de Carrasco .

Los premios Repensar el futuro (Rethinking The Future Awards) son parte de un programa anual cuyo objetivo es identificar y promover trabajos destacados en el campo de la arquitectura y el diseño en todo el mundo. Su jurado está integrado por arquitectos , diseñadores y paisajistas reconocidos mundialmente que cada año, en Nueva Delhi, analizan y estudian centenares de proyectos de los cinco continentes realizadas por los estudios de arquitectos y paisajistas de prestigio internacional.

Murillo 6446 o Muriillo Housing, se denomina el proyecto galardonado y lo conforman cinco casas de 200 metros cuadrados cada una, construidas en un amplio y arbolado terreno ubicado en la calle Pedro Murillo y Cooper. Las propiedades fueron inauguradas en 2020, insumieron más de dos años y medio de trabajos y tanto para su diseño como para su construcción no se escatimaron recursos y se trabajó con un modelo integrado de información (Building Integrated Model).

Para la edición 2021 de Repensar el Futuro, la novena consecutiva que se celebra, fueron distinguidos además del emprendimiento de Fernández y Tabet y, en otras categorías, una obra de un estudio de Inglaterra construida en Moscú, un edificio levantado en Dubai, una construcción en Ile de France en los alrededores de París y un proyecto erigido en el estado de Nueva Jersey. También mereció una mención especial una obra presentada por el estudio que fundara la arquitecta anglo iraní Zaha Hadid.

Un bosque de variadas especies.

“Mantener la idea y la sensación que se está dentro de un bosque, fue el mayor desafío “, dijo a El País el arquitecto Fernández, que cuando en 2017 visitó por primera vez el lugar quedó impactado con los añejos árboles que rodeaban la casa. Había y hay dos robles, cipreses, cinco palmeras un olivo, varios ficus, un gigantesco gomero y un liquidámbar.

Las casas están ubicadas en el barrio de Carrasco.
Las casas están ubicadas en el barrio de Carrasco.

“Lo único que te pido es que mantengas el liquidámbar”, cuenta Fernández que le dijo el anterior dueño de la casa antes de firmar la compraventa de la propiedad.

Fernández no solo no taló el frondoso árbol que por estos días el otoño pintó sus hojas en tonos de rojo, sino que junto a su socia la también arquitecta Tábet comenzaron a pensar el proyecto en función de la arboleda y en aprovechar también los materiales de la casa que indefectiblemente iban a demoler.

Fernández y Tabet , ya habían trabajo juntos en dos obras en José Ignacio, donde diseñaron y construyeron la chacra marítima Luna Llena y el chalet La Ignacia. Ambas en comunión con el paisaje que los rodea.

En Murillo 6446, el desafío era mayor, porque debían hacer confluir el entorno, las nuevas edificaciones sin alterar mayormente el paisaje en su conjunto y haciendo económicamente viable el proyecto.

Fue así, que decidieron que cada una de las nuevas casas se construyeran en función de uno de los árboles existentes y que el conjunto de la arboleda siguiera dando la sensación que cuando uno ingresa al predio está caminando por un bosque. Pero para ello hubo que trasplantar algunos árboles utilizando maquinaria especial y con el asesoramiento de especialistas en el tema.

De esta manera surgieron las cinco casas que tienen una superficie construida y un jardín exclusivo de igual dimensión: 200 metros cuadrados. Quedando para la circulación unos mil metros cuadrados de espacio verde, en el que se construyó una huerta.

Se trata edificaciones idénticas, pero por cómo fueron dispuestas y su entorno, parecen diferentes desde cualquier ángulo que se las observe.
Fernández, sostuvo que no se” escatimaron recursos” y se utilizaron los materiales de la mejor calidad existentes en el mercado local. Aun así se importaron algunos elementos que no se encontraban en plaza.
Las casas, cuentan en la primera planta con una sala muy amplia con grandes ventanales y una cocina integrada y un segundo piso con tres dormitorios en suite.

“Son casas eficientes del punto de vista energético”, comentó Fernández y destacó que todas están dotadas de calefacción y agua caliente central y que los vidrios de ventanas y aberturas protegen del frío y del calor.
Un capítulo aparte merecen los piso. Son de canela y peroba, tablas de maderas antiquísimas que fueron compradas en demoliciones en la ciudad de San Pablo .En Brasil recibieron un primer tratamiento y luego fueron importadas para completar su restauración antes de ser colocadas . También se usaron piedras que se recuperaron de la demolida casa y que se adaptaron para un nuevo uso.

Las fachadas alternan de maderas y láminas onduladas que alternan con materiales nobles de color gris carbón, madera, yeso blanco, vidrio.
La inversión total del proyecto ascendió a los U$S 4 millones, incluyendo la compra del terreno. Hoy tres de esas casas están alquiladas por extranjeros y las restantes dos son habitadas por uruguayos.

De Piria a hoy.

Para rastrear la historia del predio en el que hoy se encuentra Murillo 6446, hay que remontarse a comienzos de la década de 1920. Por entonces Francisco Piria realizó un publicitado remate de los terrenos que iban desde los Portones de Carrasco a la calle Lieja.

El Hotel Carrasco llevaba cuatro años de inaugurado y el balneario se había puesto de moda no solo en Montevideo sino también en Buenos Aires. Como era su estilo, para el domingo 13 de diciembre de 1925, Piria hizo empapelar la ciudad con afiches de un extraordinario remate en el que le bajaría el martillo a centenares, tal vez más de mil, terrenos. Una de las claves estaba en que se podrían comprar financiados pagando, tan solo, ocho pesos por mes.

“El mayor porvenir de todos los barrios de la capital”, titulaba con letras rojas de molde , para luego despacharse en contra de Ramírez, Capurro y hasta del mismísimo Piriápolis.

“Capurro, Pocitos, Ramírez…Todos muy lindos, muy sugestivos, hasta poblados con circos de fieras para espantar a los consuetudinarios que afluyen a tropel. Son romerías populares, núcleos tupidos de población pero que de balnearios solo tienen el nombre nada más. El hombre que tiempo antes había subastado los terrenos de los lugares que ahora denostaba agregaba:( …) Ni en Ramírez, ni en Capurro , ni en Pocitos encontraréis aguas puras y oxígeno ….. Id a Carrasco donde respiraréis la vida a raudales”.

En ese remate se subastaron cuatro lotes en la entonces calle Santa Rosa haciendo esquina con la calle Cooper. Cada predio tenía aproximadamente 770 metros cuadrados. Y como en casi la totalidad de los terrenos se comenzó a construir una casa de veraneo que funcionó como tal hasta la década de 1970. No se sabe con precisión si el adquirente fue el empresario Vicente Urta dueño de la empresa fúnebre más importante de la época. No obstante, a partir de la década de 1930 Urta y su familia pasaron sus veranos en la finca de la calle Santa Rosa 6446 y fue él quien ordenó que su jardinero plantara varios de los árboles que aún se aprecian en el lugar, entre ellos, el liquidámbar. Otros ya regalaban su generosa sombra en las tórridas tardes de verano.

Estudiar antes de proyectar.

Santiago Fernández, se recibió de arquitecto en 2005. Desde entonces ha ejercido su profesión en el Uruguay y también ha participado en proyectos en la ciudad de San Pablo. Junto a la reconocida arquitecta brasileña Cándida Tabet ha diseñado y construido Luna Llena una chacra marítima en José Ignacio que se caracteriza por la sencillez y calidez de su diseño. Fernández y Tabet se inspiraron en el ingeniero Eladio Dieste . En honor a su legado y a la maestría de sus obras , construyeron una casa en el que ladrillo y la austeridad son protagonistas.

A la hora de concretar sus proyectos, Fernández y Tábet se caracterizan por un profundo estudio previo del lugar donde harán un nuevo proyecto y de la utilización de materiales nobles.

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