TENDENCIAS

Silvia del Pino dejó todo para dedicarse a la joyería de autor y no se equivocó

Dejó la carrera de arquitectura y un trabajo como ayudante de arquitecto para diseñar y hacer joyas de autor en base a plata que escapan a lo convencional.

Silvia del Pino
Tiene el taller en su casa de Palermo; allí recibe a clientes, muchos de los cuales son de años.

Cuando terminó el liceo, Silvia (46 años) creyó que su camino iba por el lado de la arquitectura. Empezó a estudiar para ser ayudante de arquitecto, se recibió y siguió con lo lógico, la carrera de arquitectura.

Pero hubo un año que quedó trancada en un taller, entonces decidió anotarse en la Escuela de Arte y Artesanías Pedro Figari para estudiar joyería. “Había escuchado de la carrera, pero no por las joyas. Me gustaba diseñar, me gustaban los objetos lindos”, cuenta.

Comenzó a trabajar en plata, a conocer el oficio. Todo en paralelo con las clases en la Universidad y el trabajo que tenía como dibujante en un estudio de arquitectos. Cuando estaba terminando de cursar el último año de joyería, en 2001, se postuló para ingresar a la Feria del Libro y el Grabado de Nancy Bacelo y la aceptaron.

“Hice mi primera feria y me encantó; el ambiente, el vínculo con otros artesanos y artistas que conocí ahí y sobre todo la experiencia del contacto con el público. Ese intercambio que en la feria es muy intenso, es muy rico para el artesano”, recuerda sobre el momento que marcó un clic en su vida.

“La feria es mi lugar”. Lo dice ahora, pero fue también lo que sintió en ese entonces.

Fue armando el taller de joyería en su casa mientras seguía en facultad. “Pasaron unos años hasta que en un momento dije ‘la arquitectura me gusta, pero lo que me encanta es la joyería, el trabajo del taller, hacer todo el proceso, diseñar y realizar la joya’. Así que tomé la decisión, dejé la facultad, dejé el trabajo y me dediqué de lleno al taller y a las joyas”, señala.

Silvia del Pino

No fue una decisión fácil de tomar, sobre todo por la presión del entorno. “La gente no entiende que vas a dejar un trabajo seguro para dedicarte a la artesanía”, apunta. Por suerte su familia la apoyó, aunque no está muy segura de si estaban contentos con su decisión.

En ese entonces todavía estaba en pareja, lo que facilitó un poco las cosas. “Al mes me peleé y dije ‘¡qué suerte que fue en ese orden!, porque sino no sé si me hubiera animado a dejar el trabajo así”, acota.

Silvia del Pino

El contacto con la gente es su motivación

Su taller se llama como ella, Silvia del Pino, agregando que lo que hace son Joyas de Autor. Su primer contacto con el público fue en la Feria del Libro y el Grabado de Nancy Bacelo (Parque Rodó), en 2001, que luego se convertiría en la feria Ideas +, que la artesana prepara cada año con tres meses de anticipación. Siente que ahí está su lugar y su público.

También estuvo en la feria de la Peatonal Sarandí, en la feria de Córdoba (Argentina) y llegó a vender piezas a Europa. “Cuando alguien ve una joya que le encanta y se refleja en su rostro, eso es maravilloso y es una gran motivación para mí, para seguir con mi trabajo”, destaca con entusiasmo.

Totalmente decidida.

“A veces nos resulta difícil tomar una decisión así por los condicionamientos y lo que se espera de nosotros, pero cuando encontramos por donde va nuestro camino, cuando descubrimos algo que nos apasiona, tenemos que ir por ahí. Escuchar esa voz dentro nuestro que nos guía y hacerle caso”, remarca Silvia sobre lo que significó dedicarse por completo a su pasión.

Silvia del Pino

Los primeros tiempos no fueron fáciles, había momentos en que las cosas fluían más y otros menos. Tenía que aprender a administrarse, pero estaba convencida de que podía. En contrapartida estaba todo lo que la gente le devolvía en las ferias en las que participaba, ya fuera la nueva Ideas+ como la de la Peatonal Sarandí o las dos o tres veces que estuvo en la feria de Córdoba (Argentina).

“La gente te comenta cosas de tu trabajo, me dice lo qué le gusta de las joyas”, destaca de ese contacto cara a cara que considera tan valioso.

Así se fue armando una clientela que hoy la sigue y vuelve una y otra vez a su taller del barrio Palermo.

Sus clientes son en su mayoría mujeres u hombres que compran para regalarle a mujeres porque no hace joyas para el sexo masculino, si bien se lo han pedido. “No ha fluido, no me ha llegado la inspiración. He hecho cosas puntuales que me han encargado, pero no me he sentado a diseñar una colección para hombres”, apunta.

Silvia del Pino

También realiza joyas por encargo, aunque confiesa que tiene que sentir una conexión con lo que hace. Así las cosas fluyen y Silvia confirma que nunca tomó la decisión errada.

“Trabajar de lo que te gusta es una bendición y un privilegio. No todos los días son perfectos ni sale todo bien, pero la mayor parte de las veces sí. Levantarte sabiendo que trabajás en lo que elegiste, en algo que te sigue encantando hacer; eso no se paga con nada”, concluye quien se ve dedicándose a esto el resto de su vida.

Silvia del Pino

Colgantes, caravanas y anillos atípicos

“No hago joyería clásica”, aclara Silvia al describir sus creaciones. Realiza colgantes, caravanas, anillos; todo en plata. También utiliza piedras, pero muy poco, simplemente para dar un detalle de color. “Hago mis propios diseños, trabajo de una forma bastante intuitiva.

Al principio dibujaba mucho, ahora es más de que paso por la experimentación. Me siento en el taller y empiezo a probar cosas”, dice quien toma un alambrecito, una chapita y una piedrita y va armando un rompecabezas hasta que se da cuenta de que dio con la pieza que rondaba en su cabeza.

Explica que la plata es un material muy lindo de trabajar. “Tiene muchas posibilidades, color, textura. Podés trabajar en plano, en volumen, con alambre, más liviano, más pesado”, acota. Así va armando colecciones que intenta que interactúen unas con otras, que se puedan combinar.

Si bien prefiere la noche, cuando produce algo que la entusiasma puede trabajar desde que se levanta hasta que se acuesta sin parar. “Tengo que estar motivada, necesito tener esa conexión con lo que voy a hacer. Es como cuando cocinás, la energía con la que hacés las cosas como que se transmite. Y cuando lo hago de esa manera surgen piezas que después le gustan a la gente”, destaca.

Si tiene que hacer algo rápido por una entrega o algo que no le gusta, le cuesta mucho concretarlo. Recuerda por ejemplo la vez que tuvo que hacer un anillo tres veces porque no le salía. “Depende del estado de ánimo que tiene uno al hacer las cosas, eso es importante para que salgan bien y de respeto al otro también”, señala pensando en sus clientes.

En su taller del barrio Palermo, que también es su casa, pone una música tranquila que la relaje o a veces trabaja en silencio; lo que busca es estar en armonía.

Silvia del Pino

Donde está su joyería

Atiende a sus clientes en su taller del barrio Palermo, donde vive. También se la puede encontrar en Facebook e Instagram. Su lugar es la feria Ideas+.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error