Se propuso sacar el arte de su atelier y llegó a la Teletón, donde da clases que abren mundos

Javier Álvez

TENDENCIAS

A Javier Álvez el arte lo atrapó desde chico de diferentes maneras. Hace cinco años pudo abrir su atelier en Pocitos, donde pinta, expone, dicta talleres y hace acciones para la comunidad.

Un día sonó el teléfono de Javier Álvez (44 años). Quien llamaba se presentó como Mónica y comenzó a hacerle preguntas sobre los talleres de pintura que dicta en su atelier de Pocitos. Luego de varias consultas le dijo: “Ahora te tengo que preguntar lo más importante: ¿hay rampa de acceso? Porque estoy en silla de ruedas”.

Esa anécdota hizo que el artista se diera cuenta de que había mucha gente como Mónica, necesitando tener contacto con el mundo exterior. “Eran tiempos del covid-19 y me daba risa porque ella decía ‘bienvenidos a mi pandemia’ porque todos estábamos en casa sin poder salir”, cuenta Javier sobre lo que le ocurrió en 2020 y que despertó en él el deseo de hacer algo más.

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“Armé un proyecto para, en pandemia, poner arte dentro de la Teletón y así tratar de mover las emociones. Quería arrimarle a los niños la técnica, que conozcan el color. No importa si lo que hacen queda lindo o no, sino poder darles una herramienta y dejarles algo”, destaca.

Al tiempo lo llamaron y le propusieron echarlo a andar. Fue un proceso que se fue dando en forma lenta, pero segura. El primer año se armó un solo taller, al siguiente fueron más y ya en 2022 se pasó de una colonia de vacaciones dedicada al arte a los talleres anuales con continuidad que dicta semana por medio y a los que a veces va con Mónica.

Javier remarca lo bien que eso hace también para que los chicos puedan comunicarse con sus familias. “Una madre me dijo: ‘He conectado con mi hijo a través de la textura de una manera increíble como no había podido hacerlo con otras cosas’. Busco eso, que ese pequeño chispazo se encienda en ellos de diferente manera porque somos todos diferentes”, señala en charla con El País.

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Señas personales

Vive en Neptunia, tiene pareja y tres hijos. Prefiere pintar de mañana. “Es un horario espectacular por mi energía y la de las luces”, dice. Su Instagram es @javieralvez_atelier

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Su chispazo.

“Yo siento que el tren del arte me pasó muchas veces por delante, de diferentes formas”, dice Javier al hablar de su historia personal con la pintura. Siempre estuvo vinculado a la música, a las artesanías, pero si tiene que identificar un disparador, no lo duda: “Fue ver dibujar a mi tío”.

Maravillado con lo que ese hombre podía hacer con un lápiz, siguió sus pasos y empezó a llenar cuadernos de dibujos que fueron cambiando según la edad. Si bien pasó por talleres, prefiere definirse como autodidacta. “Nunca fui a un taller a aprender pintura, sino más para cambiar el oxígeno”, apunta.

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Aclara que no está en contra de la formación, sino que en su caso siempre tuvo miedo a contaminarse. “Había logrado cierto idioma en mi obra”, comenta sobre el camino que decidió transitar y para el que fue clave lo aprendido en la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari cuando cursó Dibujo Publicitario, en una época en que todo se hacía a mano. “Había un montón de materias espectaculares y me tocaron docentes que sabían trasladar esa información. Salía súper activado de las clases y cuánto más dominás la técnica, más libre te sentís para crear”, destaca.

Con el tiempo se fue decantando hacia el arte abstracto, algo en lo que tuvo que ver su pareja Fiorella, pero no se cierra a otras expresiones. Es consciente de que la gente suele ver al abstracto como una técnica sencilla y definirlo como “unas manchas”. Javier contraataca diciendo que se parte de un concepto o una idea para transmitir. “Es lo que te hace tener firmeza a la hora de elegir un color o una herramienta”, afirma.

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Como suele suceder, tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiera dedicarse solo a ser artista. En su caso se dio hace unos cinco años, cuando nació su tercera hija –tiene un hijo de 21 años y otra hija de 12– y se animó a abrir su atelier, que también convirtió en su lugar de exposición y donde dicta talleres a niños y adultos.

Entonces empezaron a cobrar sentido algunas cosas que escuchó decir a artistas como Iturria o Zuloaga. De este último tomó el consejo de hacer de su atelier un lugar de puertas abiertas. Le costó que la gente se animara a entrar; hoy ya puede contar muchas historias con la gente y no solo del barrio.

Quizás una de las cosas que más le rechina oír y quiere cambiar es esa de “ahora que me jubilé voy a pintar”. “Yo les digo ‘arrímense antes’. El clásico ‘pintar como un niño’ de Picasso hay que sembrarlo desde antes porque si a la persona la agarrás de niño, más libertad tiene. El tema es cuando el razonar empieza a ser más importante que el sentir”, remarca quien hoy está muy abocado a sacar su taller hacia afuera y que el arte sea algo más que solo pintar.

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Historia de Teletón que incentivan a hacer más

Si bien el contacto de Javier con Teletón empezó hace apenas tres años, ya atesora varias historias. Como la de Victoria, una niña de Rivera que tenía ganas de hacer el taller, pero como solo venía a Montevideo cada cuatro meses para hacerse estudios, no podía. Y en su departamento no accedía por distintos motivos. Como durante la pandemia Javier debió instrumentar las clases por Zoom para sus talleres de Pocitos, le propuso sumarse a ellas de forma virtual. “Los martes la conecto, escucha la clase e interactúa desde su casa”, cuenta el artista.

Lo mismo le sugirió a Dylan, un niño que está en silla de ruedas y no puede hacer arte en su escuela porque tiene que retirarse antes del horario.

En ese salir hacia afuera del taller, Javier sumó las clases que está dando en la Escuela 206 para Discapacitados Intelectuales (Ellauri 1023). Para juntar fondos para la compra de materiales, cada tanto se organiza una muestra de arte de un día en un restaurante del barrio de la que participan varios locales comerciales. “Se arma una movida relinda y sirve para arrimar el arte a la gente joven”, destaca.

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Arte con lo que hay hasta en una volqueta

El atelier de Javier (Avenida Brasil y Lázaro Gadea) está todo vidriado, lo cual permite que desde fuera se vean sus obras de arte abstracto, collage o el cuadro de nylon reciclado que hizo con 360 bolsas para un concurso, representando un animal comiendo su propio reflejo.

El reciclaje es parte de su arte; como ejemplo ha usado un marco que un cuidacoches le rescató de una volqueta o el marco de una ventana.

También tuvo una época en que pintaba en vivo junto a una banda que tocaba acústico. La consigna era que cuando terminaba la música él tenía que haber terminado su obra.

Su herramienta preferida es la espátula.

Llegó a tener un atelier en La Barra que debió cerrar por la pandemia; sus cuadros se siguen viendo en galerías de Punta del Este. Estuvo en la Bienal de Argentina.

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