CIENCIA

Mitos sobre el cerebro: ¿qué es cierto y qué no?

Científicos uruguayos derriban las creencias populares sobre el órgano más misterioso; la más popular es aquella que afirma que solo usamos el 10% del cerebro

Cerebro
Pesa el 2% del cuerpo; consume el 20% del metabolismo. Foto: Pixabay

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¿Quién no le va a creer a Morgan Freeman cuando dice algo?”, rió Ana Silva, coeditora del libro Hitos y mitos del cerebro junto a Antonella Arrieta, integrantes del Laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

El oscarizado expone en Lucy, de Luc Besson, una pormenorizada teoría de lo que conseguiría la raza humana si usara el 100% de su cerebro porque, como muchos habrán escuchado, solo usamos el 10%. En esa película, Scarlett Johansson adquiere “superpoderes” al desarrollar al máximo sus capacidades.

Este mito es uno de los más arraigados en la cultura popular y, para Silva, uno de los más intrigantes, dado que su creación y permanencia en el tiempo ha sido producto de un verdadero teléfono descompuesto.

De eso se trata Hitos y mitos del cerebro: un derrumbe de los “neuromitos” más populares y la exposición del conocimiento científico que respalda las explicaciones en cada caso. Es un material de consulta para estudiantes del segundo semestre de la carrera de Biología pero, en el afán de “dar un pasito más”, las compiladoras lo transformaron en contenido de divulgación.

Mito: ¿Usamos el 10% del cerebro?

El psicólogo estadounidense William James escribió: “La mayoría de las personas pone en práctica solo una pequeña parte de su potencial intelectual”. James murió en 1910 sin saber que, décadas después, esa metáfora del esfuerzo y de las oportunidades se transformó en un porcentaje concreto: el 10%. “Aparentemente ahí se armó este castillo de naipes”, ilustró Silva.

En la década de 1930 esa afirmación era compatible con los primeros registros de la actividad cerebral que, por problemas en las técnicas aun no desarrolladas, se observaba que había sectores del cerebro que “permanecían silenciosos”. Más de un siglo después se repite ese mito a pesar de que se sabe que ningún sector del cerebro permanece inactivo.
Por ejemplo, el sector que controla el sueño está inhibido durante la vigilia, pero más tarde entrará en acción.

“El cerebro funciona como un todo; no hay ninguna parte que sobre. También sabemos que no hay ninguna lesión del sistema nervioso que no provoque una consecuencia”, explicó.

Para derribar aun más el mito del 10%, Silva recordó que “no hay explicación” para que un órgano que tiene tanto requerimiento energético como el cerebro “tenga partes importantes que no cumplan ninguna función o no tengan un cometido”. Su peso asciende al 2% del total del cuerpo, pero consume el 20% del metabolismo global. La investigadora añadió: “Es inimaginable el éxito o permanencia de un órgano subutilizado”.

Cerebro
El cerebro es flexible: es capaz de modificar hábitos o conocimientos predeterminados y aprender cosas nuevas sin que eso deje de sucederse con los años

Mito: El cerebro adulto no cambia.

“El cerebro adulto no cambia”, dice otro mito. Es más, se sostiene que los primeros tres años de vida son críticos para el desarrollo y que los estímulos recibidos a esa edad –como la música de Mozart– garantizarán la inteligencia futura.

Por supuesto que el cerebro de un bebé y de un niño pequeño está continuamente aprendiendo cosas nuevas pero no será hasta los 6 o 7 años que podrá comenzar a comprender conceptos e ideas complejas. Y, contrario a la creencia popular, “el cerebro no pierde la capacidad de aprender ni de cambiar en la vida adulta”.

El cerebro es flexible: es capaz de modificar hábitos o conocimientos predeterminados y aprender cosas nuevas sin que eso deje de sucederse con los años. Por ejemplo, la creación de recuerdos nuevos y el desecho de lo que ya no sirve es un proceso que solo se interrumpe por enfermedades neurodegenerativas.

Mito: El cerebro humano es único.

 ¿Y qué tal de la creencia de que nuestro cerebro es único? Silva tiene algo que decir que será la decepción de todos aquellos que piensan que “somos especiales”. Somos, en realidad, “monos con cerebro grande”. Se ha demostrado que ciertas características que se creían exclusivas del humano, como la construcción de herramientas, pensamiento abstracto y capacidad de contar, son compartidas por otros animales. Por ejemplo, se pensaba que los seres humanos eran los únicos que podían sentir placer en dar o recibir pero hoy sabemos que otros animales tienen una capacidad similar a la de los humanos de sentir empatía.

“Evidentemente, los humanos, como especie, somos capaces de grandes proezas que nos diferencias de otros animales; sin embargo, somos los primates que tenemos el cerebro más grande pero investigaciones bastante recientes han demostrado que no tenemos un cerebro que esté organizado de forma diferente al de los otros primates. Esto es algo nuevo y es resistido”, explicó.

Una diferencia es que el cerebro humano tiene muchas más células que el de los otros primates y están más interconectadas; por ello, tiene más capacidad de procesamiento.

Mito: el cerebro femenino y el masculino.

Hitos y mitos del cerebro tiene un capítulo sobre una relación definida como “escabrosa”. Se trata de la relación entre sexo y cerebro o, en otras palabras, cuáles son las diferencias entre hombres y mujeres. Existen versiones de dibujos del cerebro de un hombre y de una mujer con distintas “regiones” de intereses dibujadas que simplifican, por un lado, un carácter “agresivo” y “sexual” y, por otro, un carácter “emocional” y “comunicativo”. El libro “no le esquiva al bulto a las distintas definiciones de lo que es el sexo gonadal y a las identificaciones de género que hoy están sobre la mesa”, apuntó Silva. Y añadió: “Trata cuidadosamente dónde y cuándo y por qué las influencias de un sistema neuroendócrino diferente va a impactar sobre el cerebro de hombres y mujeres”.

Desde las neuronas hasta el reloj biológico.

Hitos y mitos del cerebro es, al mismo tiempo, un material de divulgación científica y un texto de consulta para los estudiantes de la licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República. Además de los mitos, el libro y el curso exponen sobre los adelantos de la neurobiología durante el siglo XX y principios del XXI: desde el descubrimiento de la neurona a la importancia de los ritmos circadianos.

Las neurociencias han sido distinguidas con varios Premio Nobel. La primera vez fue por el descubrimiento de la neurona a cargo del histólogo español Santiago Ramón y Cajal, en 1906. Descubrió que las neuronas son entidades separadas e independientes que se articulan por contactos y propuso la teoría neuronal como eje fundamental en la organización del sistema nervioso.

Más cerca en el tiempo, los investigadores John O’Keefe y el matrimonio May-Britt y Edvard Moser han recibido el premio Nobel de Medicina por descubrir las células que componen el sistema de posicionamiento en el cerebro humano. El trabajo de los tres investigadores desvela las neuronas que nos ayudan a “saber dónde estamos y a dónde queremos ir”. Es lo que se ha llamado como “el GPS del cerebro”.

En 2017, el Premio Nobel de Medicina fue para Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young tras descubrir los mecanismos moleculares que regulan el ritmo circadiano. Los ritmos circadianos son cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de alrededor de 24 horas y que responden, principalmente, a la luz y la oscuridad en el ambiente en el que vive un organismo. Es el “reloj biológico”.

Con todo, el cerebro todavía sigue un órgano misterioso, dado que muchas de sus funciones siguen sin explicación.

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