URUGUAYOS

“Donar deja huellas”, un libro con doce historias que honran la vida

Esta semana se presentó un libro que comparte los testimonios de doce uruguayos que fueron trasplantados de hígado. Historias para llevar esperanza y recordar la importancia de la donación de órganos.

Presentación del libro Donar deja huellas. Foto: Facebook Hospital Militar Uruguay
Presentación del libro Donar deja huellas. Foto: Facebook Hospital Militar Uruguay

El pasado 26 de mayo se realizó el lanzamiento del libro Donar deja huellas, una recopilación de testimonios de uruguayos trasplantados de hígado que cuentan sus historias para inspirar a otros, para dar esperanzas, para agradecer a la vida, para demostrar que se puede, para concientizar también de la importancia de la donación de órganos.

La invitación a participar de este trabajo se hizo hace ya varios meses a todos los miembros de la Asociación de Trasplante Hepático del Uruguay (Atrahe) y 12 personas fueron elegidas para formar parte de este primer libro, ya que está abierta la posibilidad de seguir con otras publicaciones a futuro. Doce trasplantados se animaron a sentarse frente a una hoja en blanco para contar su historia. Una hoja en blanco que, de alguna manera, representa ese volver a empezar que vivieron luego de aquella ida al quirófano que marcó un antes y un después en su vida.

Donar deja huellas fue el nombre que se eligió para este libro, ya que todos y cada uno de los que forman parte de Atrahe valoran esta nueva oportunidad que les dio el donante y la familia de esa persona que en un momento tan difícil como es la pérdida de un ser querido decidieron colaborar a favor de la vida. Y hoy aquel hombre que no podía ni atarse los cordones de los zapatos hace caminatas de varios kilómetros cada día. Y aquella mujer que no tenía fuerzas para levantarse de la cama disfruta de su familia, cocina y hasta corre maratones.

En esta nota hay dos testimonios de esas 12 historias. Pero hay muchas más de personas y familias que gracias a la generosidad de otros lograron comenzar de nuevo.

Un gran cambio, para el paciente y para la familia.

La historia de Roberto Gancio, quien vive en Montevideo y hoy tiene 58 años, es una de las 12 que integra el libro. Cuanto tenía 44 años, a los pocos meses de haber sido padre, se enteró de que su hígado no estaba bien: “Son cosas que parece que nunca te pasan, que le pasan a otras personas. Me empiezan a hacer distintos exámenes y dan que el hígado estaba mal. Con la alimentación y demás fue mejorando un poco, pero ya cuando llegué al trasplante estaba muy mal. Yo estaba acostado casi todo el día. Lo único que hacía era llevar a los chiquilines al colegio pero era una tortura”. Lo ingresaron a la lista de espera y luego de un año y siete meses, el trasplante llegó en marzo de 2017.

Aquella operación marcó la vida de Roberto y también la de su familia: “Fue un cambio muy grande, es como si estuvieras dormido y te despertás. Ahora tengo una vida normal, con controles, pero de no moverme nada pasé a ahora a caminar todos los días. Mínimo tres veces por semana salgo a caminar unos 10 kilómetros”, contó.

El libro Donar deja huellas. Foto: Facebook Hospital Militar Uruguay
El libro Donar deja huellas. Foto: Facebook Hospital Militar Uruguay

Y agregó que “te cambia mucho la vida porque vos generás un problema, en mi caso, por ejemplo, con dos hijos, que ahora ya tienen 12 y 14 y los disfruto pila, pero para ellos de chicos era muy difícil porque tenían siempre su mochila o bolso prontos ya que no sabían si esa noche iban a dormir en casa o en lo de la abuela, por si yo me tenía que internar. La familia y los amigos están siempre pendientes y para ellos también es difícil”.

Historias que inspiran.

Fue al otro día de mi cumpleaños, un 7 de abril de hace 12 años, cuando recibí el trasplante de hígado”, contó Mary Arellano, de 64 años que vive en San Carlos, Maldonado, quien es protagonista de otro de los capítulos del libro.

En su caso la operación fue en Argentina, ya que en ese entonces este tipo de intervenciones no se realizaba en Uruguay. Poco después de su trasplante se comenzaron a hacer en el Hospital Militar de Montevideo y hasta el día de hoy este es el único centro de trasplante hepático del país.

Mary no estuvo demasiado en la lista de espera porque cuando confirmaron que debía hacerse un trasplante no había demasiado tiempo que perder: era urgente; era cuestión de vida o muerte.

Pero antes de llegar a esa instancia estuvo bastante tiempo sometiéndose a exámenes, sufriendo dolores y visitando médicos, ya que ninguno lograba determinar qué era lo que tenía: “Cuando se descubrió la enfermedad, yo ya estaba muy grave. Tenía el virus C, que supuestamente me contagié por una transfusión de sangre por otra operación que me habían hecho. Pasaron muchos años y ese virus me deterioró el hígado hasta llegar a una cirrosis”.

La donación de órganos es anónima. Ni la familia del donante sabe a quién está ayudando, ni quien recibe el órgano sabe su procedencia. Pero el testimonio de Mary eriza la piel cuando cuenta aquel momento en el que por casualidad o no, escuchó algo que tal vez es necesario compartir para dimensionar y tener presentes las dos caras de la donación de órgano. Así lo cuenta: cuando aquella mañana estaba casi lista para la operación “veía a las enfermeras hablar, preguntaban por dónde venía el órgano, que venía de otra provincia de Argentina, llenaban un formulario y en un momento una dijo que era de un chico de 21 años que había tenido un accidente. Que estaba con muerte cerebral y que los padres habían decidido donar los órganos. Yo me enteré de eso así, pero se supone que nadie sabe de dónde viene, ni nombres ni nada”.

Cómo comprar el libro:

El libro Donar deja huellas tiene un precio de $450 y se puede conseguir a través de Atrahe. La organización está en Instagram como @atrahe_uruguay, en Facebook como @Atrahe.

También tienen disponibles los números de teléfonos 099992093 y 094091931. Su página web es www.atrahe.org y su dirección de correo electrónico es [email protected]

El programa de trasplante hepático cumple 12 años de trabajo este 2021 y en todo este tiempo se han logrado realizar un total de 232 trasplantes, incluyendo varios combinados de hígado y riñón.

En la presentación del libro Donar deja huellas, una de las que habló fue la doctora Solange Gerona, quien además de ser la jefa del programa de trasplante hepático, es presidenta de la Asociación de Trasplante Hepático Uruguay (Atraeh). Gerona agradeció al Hospital Central de las Fuerzas Armadas (FFAA) por brindar “el lugar para que suceda algo muy especial, muchas alegrías y dolores”.

La doctora agradeció también a las autoridades que confiaron “en que esto se pueda hacer en Uruguay”.

Por su parte, el ministro de Defensa Nacional Javier García, sostuvo que “estar acá es un regalo al alma, un regalo intransferible, dar la vida de uno para que continúe en otros”. Además, se refirió a la Dirección Nacional de Sanidad de las Fuerzas Armadas como “un centro público capaz de realizar este tipo de trasplantes”.

El responsable de la Dirección Nacional de Sanidad de las FFAA, General Carlos Rombys, se refirió a la calidad de los integrantes del programa de trasplante hepático destacando que “el año pasado se hicieron 26 trasplantes durante la pandemia”.

También estuvo en la presentación del libro el Director del Hospital de Clínicas, Álvaro Villar, quien aseguró que como médico ha tenido la posibilidad de ver el esfuerzo realizado por el programa que dirige la doctora Gerona. “Ha sido una labor de gestión muy destacada la del Hospital Militar”, dijo. En el evento no faltaron, por supuesto, los testimonios de varios pacientes.

n La presentación del libro Donar deja huellas se realizó en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas, único centro en Uruguay en el que se realizan trasplantes hepáticos: en casi 12 años se hicieron más de 230 trasplantes.

De casi no poder caminar, a correr una 5k.

Mary Arellano fue trasplantada hace 12 años. Antes de eso, no tenía fuerzas para levantarse de la cama y hoy una de sus actividades favoritas son las caminatas de varios kilómetros, como forma de honrar a su donante.

Como si fuera poco, hace un tiempo pasó por una pista de atletismo y se puso una nueva meta que, por supuesto, ya cumplió: “Un día di toda la vuelta a la pista caminando, de a poquito iba todos los días a hacer eso, hasta que sin darme cuenta estaba corriendo. No sé qué fuerza motora me dio pero mi hija me miraba y yo no sabía cómo parar. Hacía años que no podía hacer eso”.

Al tiempo, uno de sus hijos le propuso que participe en una carrera 5k y su primera reacción fue decirle “estás loco”. Pero una vez más, Mary se lo propuso y participó de la 5k : “Llegué a la meta perfectamente, había gente joven detrás mío, muchos se cansaban y yo no paré. Obviamente no llegué en los primeros lugares, pero llegué”.

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