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El diseñador que apela al uso de la tipografía para rescatar la parte humana de su oficio 

En su taller Caja Baja, Gabriel Pasarisa aplica la técnica de la tipografía para obras exclusivas que van desde afiches y tarjetas personales hasta la elaboración de un Calendario de edición limitada.

Caja Baja
Gabriel es diseñador gráfico desde los años 80; vivió el antes y el después de las computadoras.

El olor a tinta, la textura de un buen papel… esas son algunas de las sensaciones que Gabriel Pasarisa quiere reivindicar desde Caja Baja. “Básicamente el taller apunta a recuperar lo que es este oficio de la vieja imprenta, la vieja escuela gráfica que hoy por hoy, lamentablemente con el automatismo de todas las tecnologías, está perdiendo mucho su parte humana”, dice el diseñador desde El Pinar, donde tiene su taller.

“Hoy, cualquier cosa que querés hacer, es abrir la computadora, apretar ‘print’ y salió, y el factor humano se está perdiendo”, continúa quien comenzó a darle forma a su sueño allá por 2013. Fue armando su reducto poco a poco, con el material que iba recolectando en su recorrida por viejas imprentas de todo el país.

Caja Baja
El taller se dedica a trabajos poco comunes de ver, que no son muy demandados comercialmente.

Siempre le gustó la historia gráfica, particularmente la tipografía por tratarse de la técnica con la que se imprimieron los primeros libros, dejando atrás al escriba que en un monasterio escribía a mano cada ejemplar. “Se empezaron a imprimir libros en forma seriada, que es lo que termina logrando Gutenberg con la invención de la imprenta”, destaca.

Esas primeras imprentas utilizaban los llamados “tipos móviles” o letras de metal, dando lugar a la técnica denominada “tipografía”, que quiere decir “impresión con tipos”, también conocida como letterpress.

“En Uruguay, hasta los años 80 había imprentas que aún trabajaban con tipografía de metal con un destino comercial. Después avanzó la tecnología y esa técnica fue quedando obsoleta. La mayoría de las imprentas se deshicieron de ese material y pasaron a la tecnología más moderna, que en ese momento fue el offset”, recuerda Gabriel.

El diseñador siempre soñó con hacerse de ese material cargado de historia para montar un taller que hoy es una realidad y tiene mucho de museo. “Tengo objetos que superan los cien años. Por ejemplo, la máquina en la cual imprimo es de 1886”, cuenta con orgullo.

Hay, además, trabajos de las primeras empresas que hacían sellos de goma en Montevideo, impresiones de diarios del interior del país con más de cien años de historia o letras de madera con las que se hacían los afiches para comunicar eventos sobre todo en el interior.

De esa manera, Gabriel fue recuperando no solo el oficio de tipógrafo, sino muchos otros que se mueven en torno a la actividad gráfica, como ser la encuadernación. “Hay muchas cosas que están en juego que me parece que es una pena que las nuevas generaciones no las puedan vivir. Por suerte se están rescatando de a poco, cada vez se hacen más cursos de encuadernación artesanal y se recuperan técnicas que estaban un poco olvidadas”, destaca.

Caja Baja
Para los trabajos de tarjetería recurre a materiales nobles como el papel de algodón.

Nombre alude a imprentas ambulantes

El nombre Caja Baja viene por el lugar que ocupaban antiguamente las letras en los muebles donde las guardaban. Durante mucho tiempo las imprentas fueron ambulantes y las letras se trasladaban en dos tipos de cajas. Al llegar al lugar y montar la imprenta, las cajas se ponían una encima de la otra, apoyadas en una mesa o mueble. La caja superior contenía las letras mayúsculas y se llamaba por eso Caja Alta y la ubicada debajo tenía las minúsculas y era la Caja Baja. Con el tiempo esas dos cajas se unificaron, pero se mantuvo la división, con las mayúsculas en la parte superior y las minúsculas en la parte inferior.

Caja Baja
Afiches y libros objeto están entre sus producciones de edición limitada.

Un taller abierto a todo público

En cajabaja.com.uy hay varios ejemplos de los trabajos del taller ubicado en El Pinar, Canelones. También se dictan clases y se hacen tours por sus instalaciones.

Caja Baja
El taller funciona también como un museo ya que tiene piezas y materiales de más de cien años.

Como en casa.

Gabriel es docente en la Licenciatura de Diseño Gráfico de la universidad ORT desde hace más de 20 años. Trabaja como diseñador gráfico desde los años 80. “Agarré la etapa anterior a la computadora y luego me adapté a su introducción”, cuenta.

Montó su atelier en su casa de la Costa de Oro y allí realiza los trabajos que le encargan, además de dictar talleres tanto referidos a la tipografía propiamente dicha como a la producción completa de un libro hecho a mano.

Me dedico a trabajos de edición limitada, que requieren terminados muy refinados o muy especiales, poca cantidad, muy exclusivos”, describe. Entre ellos están ediciones de libros de artistas o poetas, afiches, tarjetería personal con materiales nobles como papel de algodón o cosas que no son muy comunes en la imprenta comercial.

“Me parece fundamental para las nuevas generaciones que al sentarse frente a la computadora sepan que mucho de lo que ven tiene su origen en estas técnicas”, remarca. Por eso sus cursos empiezan siempre con una recorrida por el taller, un viaje a un pasado no tan lejano que Caja Baja está logrando perpetuar en el tiempo.

Caja Baja
En Caja Baja se dictan todo tipo de talleres vinculados con la tipografía y la edición de libros.

Exclusivo calendario hecho a mano

Desde 2017, Caja Baja realiza un calendario de edición limitada en el que participa un colectivo de reconocidos ilustradores seleccionados por Gabriel Pasarisa y que va rotando en cada edición. Además, se reservan dos láminas para las que se hace un llamado abierto a nuevos ilustradores interesados en participar y en cuya selección interviene un jurado especialmente designado. “Me sirve para conocer nuevas promesas que van apareciendo”, explica Gabriel.
Son 12 láminas de 30 x 40 centímetros, impresas en papel natural, reciclable y libre de ácido. “Más de 1.200 impresiones manuales entre serigrafías y grabados, la participación de un colectivo de siete ilustradores, tipografía de diseño uruguayo adaptada para impresión letterpress y una producción de seis meses de trabajo son los ingredientes que hacen de nuestro Calendario un objeto de arte único”, dice el sitio web de Caja Baja, a través del cual se pueden encargar estas piezas únicas. También se comercializa en puntos de Montevideo y el interior, pero en mucha menor medida ya que solo se realizan unos cien ejemplares.
“El Calendario intenta ser una obra que muestre lo que se está trabajando en ilustración y en obra artística también porque hemos trabajado con grabados que imprimimos nosotros. El de 2020 tiene dos grabados de Elián Stolarsky, una artista muy buena que estuvo exponiendo no hace mucho en el Museo de Artes Visuales”, destaca el diseñador sobre un trabajo para el que han colaborado artistas como Fidel Sclavo, Carlos Palleiro o Álvaro Amengual.
Es una labor totalmente manual, casi no hay máquina de por medio. “La tecnología la utilizamos poco y nada”, destaca el diseñador, que ya está en plena elaboración del Calendario 2021.

Caja Baja
El Calendario reúne a reconocidos ilustradores uruguayos que van rotando en cada edición.
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