CIENCIA

Científicos uruguayos analizan efectos del cannabis en tratamiento del insomnio

Investigación uruguaya probó distintas dosis de vapor de cannabis para mejorar el sueño; además, se estudian variedades de la planta

cannabis
El cannabis generalmente se emplea como automedicación para el tratamiento del trastorno de insomnio.

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¿Duerme mal? ¿O directamente no duerme? ¿Tiene pesadillas? No está solo. El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente en la población y hoy afecta casi al 30% de los uruguayos. Cada uno recurre a lo que más le sirve: fármacos, música relajante, contar ovejas y miles de remedios caseros. Pero un reciente estudio de investigadores uruguayos propone otro abordaje: consumir cannabis vaporizado, por supuesto, en una dosis determinada.

Alejandra Mondino, investigadora del Laboratorio de Neurobiología del Sueño de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y actual estudiante de posdoctorado en la Universidad de Michigan, es la autora principal del estudio Efecto agudo del cannabis vaporizado sobre el sueño y la actividad electrocortical recientemente publicado en la revista Pharmacology, Biochemistry and Behavior. Con ella trabajaron colegas del Laboratorio de Farmacognosia y Productos Naturales de la Facultad de Química y de la Unidad de Medioambiente, Drogas y Doping del Instituto Polo Tecnológico de Pando.

El objetivo de Mondino fue evaluar el sueño inducido por la administración de dosis de THC (tetrahidrocannabinol), el cannabinoide con efectos psicoactivos, en ratas mediante la vaporización en una concentración del 11,5% y cantidades insignificantes de otros compuestos.

El ritmo de vida actual es una de las causas de insomnio.
El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente.

Vapor de cannabis.

Se trató del primer estudio preclínico sobre el tema y, si bien no continuará con una fase clínica, Mondino sostuvo que las conclusiones y la metodología pueden ser recogidas por todo aquel que quiera confirmarlo en humanos.

Hasta ahora, en otros países se han realizado encuestas en usuarios recreacionales pero, a su juicio, “sus resultados son contradictorios”.
Por ejemplo, algunos reportan menos latencia en el sueño (es decir, se duermen más rápido), otros que tienen menos pesadillas y otros que duermen más horas. Pero también hay respuestas de aquellos que, sí, se duermen, pero dicen no sentirse descansados y, por lo tanto, el sueño no fue efectivo.

“Los estudios en humanos son difíciles de controlar. Las personas tienen que ser de la misma edad, que no tengan enfermedades concomitantes, que no consuman otras sustancias como antidepresivos o alcohol en la noche porque son factores que también afectan el sueño. Además, deben consumir la misma dosis. Se tiene que conocer la composición de la planta”, explicó a El País. Esto último es clave. Para garantizar que se utilizara la misma planta intervino Carlos García, del Laboratorio de Farmacognosia y Productos Naturales. Fue utilizada una sativa con alta concentración de THC de la que se conocía su composición química.

Es más seguro el vapor que el humo.

Los investigadores eligieron el cannabis vaporizado porque es una vía de administración efectiva que se puede recomendar del punto de vista sanitario.

La mayoría de los usuarios fuma marihuana porque, en general, logran una absorción más rápida del THC. “El problema que tiene el fumado, igual a lo que pasa con los cigarrillos de tabaco, es que la combustión produce compuestos que son tóxicos y potenciales cancerígenos; entonces es una vía que el médico no te puede recomendar”, explicó Alejandra Mondino, investigadora del Laboratorio de Neurobiología del Sueño de la Facultad de Medicina.

El vaporizado tiene la ventaja de que alcanza una temperatura menor y, por lo tanto, no se liberan esos compuestos dañinos para el organismo. “Si bien este estudio se hizo con vaporización, no quiere decir que el consumo por vía oral no tenga el mismo efecto”, indicó en referencia a la administración de aceite de cannabis o, inclusive, como ingrediente de comidas. Lo que hay que tener en cuenta es que se alcancen las concentraciones en sangre suficientes para tener el efecto buscado sobre el sueño.

Más control que la encuesta a usuarios ofrece una investigación con un modelo animal. Las ratas en cuestión fueron expuestas a la vaporización de cannabis dentro de una caja por 10 minutos y en distintas concentraciones: 0 (grupo de control), 40, 80 y 200 miligramos.

“Después registramos la actividad eléctrica cerebral por seis horas. Esto es para entender el efecto agudo: qué pasa si consumís una vez y te vas a dormir”, apuntó Mondino.

También midieron la concentración de THC en sangre. En el caso de las ratas, estas fueron bajas: hasta 6,7 nanogramos por miligramo con 200 miligramos.

¿Y durmieron más? Sí. En comparación con el grupo de control, los 200 miligramos de cannabis aumentaron el tiempo de sueño NREM (sin movimiento ocular rápido, por su sigla en inglés) durante la fase de luz, es decir, en el momento del día en el que las ratas están menos activas. No se observaron cambios en el sueño durante la fase oscura o con dosis más bajas de cannabis.

“Esto es interesante a la hora de pensar el cannabis como un tratamiento para el insomnio. Si se trasladan estos resultados a los humanos significa que a la hora en que nos vamos a dormir, es decir, la noche, el consumo de cannabis generaría sueño; pero a la hora en la que estamos activos, es decir, el día, no generaría somnolencia”, señaló a El País.

Por otra parte, el electroencefalograma registró “sutiles” reducciones de potencia en la fase REM (de movimientos oculares rápidos; es cuando se sueña) solo durante las horas de luz y alteraciones en el huso del sueño. Esto está asociado con el procesamiento cognitivo.

“Nuestros resultados reafirman la importancia de explorar las propiedades del cannabis que favorecen el sueño”, afirmó Mondino.

cannabis medicinal
Foto: Shutterstock

Una planta químicamente compleja.

El Laboratorio de Farmacognosia y Productos Naturales de la Facultad de Química participó en la caracterización y preparación del material vegetal para los bioensayos.
En este sentido, el doctor Carlos García explicó a El País que la variedad sativa con alta concentración de THC utilizada en esta investigación “no tiene porqué ser la cepa promisoria para desarrollar un medicamento relacionado con el sueño” sino que hay que “profundizar los estudios con otras variedades”, puesto que cada planta tiene una composición compleja y particular.

De todas formas, los usuarios reportan que la variedad sativa provoca un efecto más “aplacador” que la indica.

“La planta de cannabis es muy variable en cuanto a su composición química, en particular, por sus metabolitos secundarios, dentro de los cuales están los cannabinoides y el más conocido, el THC, el que tiene el efecto psicoactivo. Pero una planta vaporizada o un extracto obtenido a partir de una determinada variedad no va a tener los mismos efectos si se vaporiza otra variedad. La composición química es diferente y, por lo tanto, también los efectos biológicos”, comentó.

Su laboratorio tiene varios proyectos de caracterización química de cannabis; algunos debieron suspenderse por la pandemia pero García espera que se retomen en el correr de este año. Esta planta es todavía una gran desconocida para la ciencia: se han registrado 500 compuestos; de estos, unos 150 son cannabinoides. Y con ellos ocurre lo que se llama “efecto séquito”, es decir, la misma dosis de THC acompañada por distintos compuestos provoca efectos diferentes en el organismo del consumidor.

“Es bien compleja la química del cannabis y está poco estudiada. Tiene un retraso de casi un siglo”, apuntó García. Esto se debe a que recién con la legalización de la marihuana en algunos países se comenzó a analizar.

Los investigadores de Facultad de Química trabajan con las variedades del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) y aspiran a tener un cultivo propio.

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