Doña Cándida Saravia

El rescate de una mujer olvidada

Último libro de Diego Fischer presenta documentación inédita sobre la esposa de Aparicio Saravia.

Doña Cándida Saravia. Foto: El País
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Un manojo de cartas inéditas que Cándida Díaz escribió a Aparicio Saravia durante la Guerra de 1904, fue el disparador para que el escritor y periodista Diego Fischer se embarcara en una investigación que ahora ve la luz en un libro que rescata del olvido a la mujer del caudillo blanco. Doña Cándida Saravia. El remanso de Aparicio, se llama la nueva obra de Fischer que desde mañana lunes estará disponible en librerías.

Querido esposo:

Deseo que tú al recibir esta, te encuentres restablecido, que siendo así estarán ganados mis deseos. Quiero pedirte que me saques de esta incertidumbre. Vivo desesperada al saber que estás herido y que yo no he podido ir a verte. Ya te imaginarás las lágrimas que he derramado. Ni bien supe que habían peleado, telegrafié, pidiendo noticias tuyas y de los muchachos. Me contestaron que los muchachos estaban bien y que tú estabas levemente herido en una pierna. No me conformé nunca. Sigo creyendo que tu herida es grave (…) Pedí para ir a verte y me contestaron que no conviene que vaya la familia, que cuando sea posible me avisarán. Y ese aviso nunca llega. Así que me propuse escribirte directamente a ti, pero aquí nadie sabe dónde tú estás. Sigo esperando que me escribas. Quiero verte de cualquier modo…

Este es un fragmento de una de las cartas que Cándida le escribió a su marido, en este caso, pocos días después de la batalla de Masoller. Ella se encontraba en Bagé acompañada de Villanueva y Ramón, dos de sus hijos que se recuperaban de las graves heridas sufridas en el enfrentamiento de Tupambaé.

Las cartas llevaron a Fischer a realizar una exhaustiva investigación periodística en la que encontró documentación que muestra que Cándida Díaz fue mucho más que la esposa de Aparicio. Algunos de esos documentos son un hallazgo, como la fe de bautismo de Saravia, que muestra que Aparicio no nació en 1856 como todos sus biógrafos indican, sino el 16 de agosto de 1857. El dato no cambia la historia pero si le da precisión. También la partida del matrimonio de Saravia y Cándida, celebrado en Santa Clara el 14 de febrero de 1878, revela un dato no menor y hasta ahora no conocido que el lector podrá hallar en el texto.

Pero el libro no es un cúmulo de documentos. Como es costumbre en el autor, muestra a los personajes en su vida cotidiana e íntima. Y a través de ellos, los hechos políticos aparecen como un gran telón de fondo.

Resignada.

Católica ferviente y devota del Espíritu Santo y de la Virgen de Montserrat, Cándida fue el puntal de una familia en la que debió resignarse a ver partir muchas veces a la revolución a su marido primero y a su marido y a sus seis hijos después. En sus ausencias, algunas muy prolongadas como durante la guerra en el Brasil, Cándida no solo quedaba a cargo de sus seis hijos, sino que tomaba las riendas de El Cordobés y de los otros campos de la familia. Y los manejaba con mano segura. Desde que se casaron, Aparicio la involucró en la administración del patrimonio familiar. Seguramente a sabiendas que estaría mucho tiempo lejos de su casa y que tal vez podría morir en el campo de batalla.

Cándida, controlaba el trabajo de los peones, liquidaba sus jornales, disponía el envío del ganado a los mataderos, se encargaba de dirigir su casa y también de reprender a sus hijos si era necesario. Esto no fue obstáculo para su coquetería: le gustaba vestir a la moda de París, usar perfume y cosméticos de Francia que mandaba comprar a las boticas más famosas de Montevideo y Buenos Aires.

El libro muestra cómo para Saravia la guerra era su trabajo, una obligación moral. Cándida se encargaba que en los períodos de paz su marido encontrara en su familia y en su hogar el remanso pese a que en El Cordobés trabajaba a tiempo completo.

Esa mujer de mediana estatura, ojos claros y siempre, cuidadosamente peinada y vestida, tenía un fuerte carácter y despertaba respeto en todos los que la conocían y veneración entre sus hijos y su círculo más próximo.

En Doña Cándida. El remanso de Aparicio, Fischer muestra a la familia Saravia en su faceta más íntima: desde el patriarca don Chico Saravia Caneda que se afincó en Cerro Largo al promediar 1840 y tuvo diecinueve hijos hasta Aparicio. Describe los años de la niñez solitaria de Cándida en medio del campo entre cerros y arroyos. Y aporta una mirada diferente de las revoluciones que lideró el caudillo, de las que se ha escrito mucho, aunque en general sin ingresar en su intimidad.

El hombre y el caudillo.

La correspondencia que rescata el libro de Fischer revela el amor que existía entre Cándida y el caudillo: "Con el más inmenso placer de mi alma tomo la pluma para escribirte, pero al mismo tiempo me da hondo pesar en el alma en pensar que te encuentras tan lejos de mí, y que ya es tan larga nuestra ausencia. Qué quieres, querido, si Dios lo ha dispuesto así, me conformo que al recibir la presente te encuentres gozando de la más completa salud en compañía de nuestros dos queridos hijos".

PRESENTACIÓN. Será el martes a las 19:00 en el Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó. Junto al autor, participará la periodista María Inés Obaldía. El libro, de 306 páginas, fue editado por Penguin Random House.

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