ASOCIACIÓN

Alcohólicos Anónimos cumple 86 años: así es su labor en Uruguay en plena pandemia

El 10 de junio Alcohólicos Anónimos cumple 86 años de vida a nivel mundial. Un uruguayo que desde hace 21 años la integra cuenta su experiencia y también los cambios que afrontaron por la pandemia.

Alcohólicos Anónimos. Foto: archivo
Alcohólicos Anónimos. Foto: Shutterstock

El próximo 10 de junio Alcohólicos Anónimos (AA) cumple 86 años de trabajo a nivel mundial. Fundada en 1935 en Estados Unidos, la organización actualmente está presente en más de 140 países y se estima que concurren diariamente dos millones de personas.

En Uruguay, Alcohólicos Anónimos funciona con unos 200 grupos que se reúnen en diferentes partes del país. Se calcula que la mitad de ellos está en Montevideo y el resto se divide en los distintos departamentos.

Pero con la llegada de la pandemia, al igual que sucedió en todo el mundo, hubo cambios. Muchos de esos encuentros tan necesarios para quienes concurren de forma habitual debieron suspenderse, por ejemplo. No obstante, el trabajo se sostiene y la resiliencia se hizo presente desde el primer momento. La virtualidad ayuda, la voluntad de seguir adelante sigue intacta.

Alberto A. forma parte de AA Uruguay desde hace 21 años. Contó a El País cómo la pandemia ha cambiado la forma de trabajar para la mayoría de los grupos y también compartió parte de su historia personal.

Porque entre quienes llegan a AA hay diferentes historias. “Hay gente que anda en la calle, come de las volquetas y duerme en un cartón. Esa es la idea que mucha gente tiene de los alcohólicos. Pero hay de todo; también hay gente como yo, que soy un profesional, casado, con dos hijas, que estaba construyendo mi casa en una cooperativa”, relató.

Recuerda todos los detalles: que fue un domingo de mañana, luego de celebrar los 15 años de su hija menor, cuando una frase de su entonces esposa le cambiaría la vida. “Esto no puede seguir así, mañana vamos a Alcohólicos Anónimos”, le dijo ella. Y él ya no pudo decir que no como otras veces: “Era domingo y yo ya me estaba preparando para ver un programa de televisión, ya me estaba volviendo de la heladera con una botella y mi exseñora me dijo eso. Y al otro día arrancamos”, recordó.

Fue el lunes 26 de junio del año 2000, a las 21 horas, cuando llegó a la primera reunión de AA y desde ese día no bebió más. “Antes de eso yo sabía que tenía problemas con el alcohol, sabía que me estaba destruyendo, pero no sabía cómo pararlo”, añadió.

Y siguió con su relato: “Increíblemente desde ese día no he vuelto a tomar. Yo tomaba todos los días. Lo único que hacía sin tomar era a la mañana llevar a mi gurisa más chica al liceo. Iba a las 7.30 de la mañana y ahí arrancaba a tomar. En los últimos tiempos hasta lo hacía sin desayunar, para que hiciera efecto sin tener que gastar tanto en alcohol. Y todos los días cuando me iba a dormir me decía ‘ojalá mañana no me despierte’. Entonces, que de un día para el otro, desde ese 26 de junio no solo no haya tomado sino que no haya tenido más ese sentimiento de querer desaparecer es maravilloso”.

Los cambios que trajo la pandemia.

Alberto sostuvo que “la pandemia, como a todo el mundo, nos trajo un cambio de relacionamientos entre nosotros. Hay grupos presenciales que siguen abiertos en Montevideo, pero en el interior la mayoría se está manejando a nivel virtual”.

Los grupos que se siguen reuniendo de forma presencial tienen, además, una serie de medidas que cumplir. “Se están aplicando todos los protocolos”, dijo Alberto, quien explicó que antes de cada encuentro se desinfecta completamente el salón que recibirá a las personas. También se cuida mantener distancia entre uno y otro y usar tapabocas todo el tiempo que dura la reunión.

Los grupos presenciales cumplen protocolos. Foto: AA Uruguay
Los grupos presenciales cumplen protocolos. Foto: AA Uruguay

“Algo que antes hacíamos comúnmente era compartir mate, ahora por supuesto no se hace más. Y también algo simbólico con lo que generalmente terminábamos la reunión que era hacer una ronda en la mesa tomados de la mano, por ahora no se está pudiendo hacer, pero los grupos se están manteniendo”, agregó el integrante de AA.

Al tratar de ver el lado positivo de las cosas, Alberto señala que la incorporación de las plataformas virtuales “va a ser algo ventajoso” una vez que se vuelva a la normalidad. “Hubo un servicio de compañeros apadrinando a otros que no estaban en el tema; incluso algunos ni siquiera manejaban WhatsApp”, dijo.

Otra cosa que destacó Alberto luego de la experiencia de estos meses de virtualidad es que en esta modalidad se hace posible integrar a las reuniones a personas de otros países.

“En este momento creemos que esto nos ha ayudado mucho a mantener el contacto. Y cuando termine la pandemia nos va a dejar una enseñanza impresionante para manejar las cosas y mantenernos comunicados”, señaló Alberto a El País.

Agregó que, por ejemplo, antes de la emergencia sanitaria, una vez al año solían organizar una conferencia general de servicios que iba rotando en diferentes departamentos y ciudades. Ello implicaba trasladarse todo un fin de semana con el consiguiente gasto en comida, alojamiento y demás.

“El año pasado ya no se hizo y este año que tampoco se podrá hacer presencial nos vamos a arriesgar a hacerla virtual. Creemos que eso en el futuro va a ser maravilloso porque va a significar cero gasto y ya vemos que hoy en una reunión por Zoom podemos estar presentes compañeros de cuatro o cinco departamentos diferentes del país a un gasto cero”, comentó.

Para comunicarse con AA en Uruguay hay varias vías. Se puede pedir información en la Oficina de Servicios Generales que está ubicada en Brandzen 1956 (Montevideo) oficina 104, de lunes a viernes de 12 a 18 horas. También se tiene disponible las 24 horas el teléfono 2400 3501. Y la página web de la agrupación en nuestro país es alcoholicosanonimos.org.uy.

Compartir la experiencia de la recuperación.

Alcohólicos Anónimos se fundó en Akron, Ohio, Estados Unidos, en el año 1935, a partir de la experiencia de dos hombres: Bill W., un excorredor de la bolsa de Nueva York y el doctor Bob S., un cirujano de Akron, Ohio. Bill W. no podía controlarse ante la bebida y por esa razón fue considerado médicamente un alcohólico irremediable. Sin embargo, hubo vuelta atrás y gracias a lo que describió como una experiencia espiritual retornó a la sobriedad en 1934.

Meses más tarde, después de varias conversaciones, logró que el doctor Bob S. se liberara también de su obsesión alcohólica. Ambos observaron que al compartir con otros alcohólicos la experiencia de su recuperación, disminuía su deseo compulsivo de beber.

Una de las particularidades de AA es la falta de reglamento y disposiciones de carácter obligatorio. En los grupos locales y como asociación mundial, no hay estatutos que ordenen a los miembros a asistir a determinado número de reuniones durante cierto período de tiempo. Ningún grupo tiene poder sobre sus miembros.

Para ser miembro de AA no se pagan honorarios ni cuotas. La agrupación se mantiene con sus propias contribuciones voluntarias. Ese dinero pasa a la Oficina de Servicios Generales de la organización y se utiliza para ayudar al sostenimiento de los servicios nacionales e internacionales de la sociedad.

Anónimos, pero visibles como agrupación.

Por tradición, los miembros de Alcohólicos Anónimos han tenido sumo cuidado de mantenerse en el anonimato a nivel público como, por ejemplo, prensa, radio y televisión. A medida que la asociación fue creciendo, se fue haciendo aparente y visible el beneficio del anonimato, que impide que aquellos que buscan reconocimiento personal, poder, prestigio o beneficio puedan causar dificultades a la sociedad.

Alberto A., integrante de AA desde hace 21 años, contó a El País que “el tema del anonimato tiene varias caras”. Por un lado, en lo personal: “Antes de empezar las reuniones se lee que se respeta el anonimato de la persona que ingresa a la comunidad, por eso nos identificamos con la inicial del apellido y nadie va a andar diciendo a otros “ah, ¿sabés a quien vi en la reunión?”, explicó.

Pero también sugieren manejar un anonimato frente a los medios de comunicación, hoy en día incluidas también las redes sociales: si hablan públicamente lo hacen sin mostrar sus rostros y sin decir su nombre completo, utilizando su nombre de pila y la inicial de su apellido. Alberto explicó que si una persona famosa, por ejemplo, saliera a decir públicamente que se recuperó gracias a la asociación (caso que sucedió hace algunos años en Argentina con una figura pública) es un problema: si bien puede llegar a hacer que más personas lleguen a AA, también puede suceder que esa persona que habló en algún momento “sufra una recaída, algo de lo que nadie está libre y entonces muchos van a decir que AA no sirve y sobre todo la persona que está buscando excusas para no acercarse no va a ir”.

“AA es anónimo pero no invisible, ya que necesitamos que nos vean para poder ayudar a la mayor cantidad de gente posible”, concluyó Alberto.

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