Salud

¿Quiénes son los bebedores pasivos?

El alcoholismo es un problema más allá de los que toman. Desde violencia, accidentes, afectación fetal, hasta angustia e ira de otros. Las consecuencias de la adicción las viven todos.

Persona toma alcohol. Foto: AP
Persona toma alcohol. Foto: AP

Julia percibió que su padre tenía problemas con el alcohol cuando ya era adolescente. Ambos llegaban a casa a mediodía, ella iba por recalentar el plato de comida y él por un vaso de whisky. Sin almorzar, dormía la siesta, se levantaba, comía algo, y otro whisky. “Su comportamiento me empezó a generar una sensación de nerviosismo y ahí entendí que no podía ser una forma de actuar de una persona sana”. De eso pasaron unos años y hoy Miguel sigue sin reconocerse como una persona adicta. Mientras, Julia decidió ir a terapia para tratar de afrontar lo mejor posible y fortalecerse para ayudarlo. También ha visto cómo su madre ha pospuesto desde su vida social hasta algunos vínculos porque todavía no sabe lidiar con el comportamiento de su esposo cuando bebe. Siente vergüenza.

Cuando una persona tiene problemas con el alcohol no son solo su cuerpo y su psiquis los que entran en juego, porque todos aquellos que están a su lado también viven las consecuencias. Y si bien son reconocidos por organizaciones que brindan soporte y asesoramiento a las familias, si bien también hay estudios psicológicos que refieren los efectos psicosociales del alcoholismo; quienes conviven con bebedores —hijos, padres, madres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo— siguen quedando en segundo plano.

Aun así, el papel del familiar, del amigo o de la red de contención es esencial. “Cuando uno habla de adicciones, se refiere a un problema de la persona y de todo su entorno. De hecho, por eso cuando no hay una familia que pueda involucrarse, es necesario crear una red de contención, porque ese apoyo es fundamental para tratar exitosamente el problema de las adicciones”, explica a Revista Domingo la psiquiatra Magdalena Boano, coordinadora de la Clínica de Conductas Adictivas del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) de Buenos Aires.

El rol de la red de contención es necesario por varios motivos que enumera Boano: “Muchas veces inclusive son los que motivan que una persona decida hacer un cambio en relación a recuperarse de las adicciones, porque la consciencia de enfermedad en las personas con adicciones es fluctuante. Pero por ahí es difícil tener la motivación suficiente para el cambio y la decisión de hacer un tratamiento viene un poco impulsada porque hubo un familiar que puso un límite y hasta acá llegué, con el objetivo de cuidar su familia. También permiten supervisar si se siguen las medidas del tratamiento en casa”.

Por este motivo, para que cualquier tratamiento de las adicciones, hay que incluir a la familia, y en el alcoholismo no es diferente. El entorno del adicto también sufre el problema.

Estudio sobre bebedores pasivos

A comienzos de este año la revista especializada BMC Medicine publicó un artículo sobre los “bebedores pasivos”. El término no es nuevo, y juega con la expresión “fumadores pasivos”. Los efectos del tabaco son evidentes por lo invasivo de su sustancia. Sin embargo, aunque los componentes alcohólicos no invaden el cuerpo del otro de la misma forma, pueden afectar a terceros.

Si bien el estudio de BMC Medicine fue realizado en Alemania por la Universidad Bayern, con datos asociados a esa región, permitió poner el foco justamente en esas adversidades. Las consecuencias negativas de las que habla la investigación son tres: el trastorno del espectro del alcoholismo fetal, las víctimas de accidentes de tránsito y las víctimas de violencia.

Entre las consecuencias en embarazadas el estudio menciona muerte fetal, aborto espontáneo, nacimiento prematuro, dificultades del crecimiento intrauterino y bajo peso al nacer. Además están el síndrome alcohólico fetal y los desórdenes del espectro alcohólico fetal, que tiene que ver con problemas de desarrollo que puede sufrir el bebé por la ingesta de alcohol. Hay, al respecto, una investigación uruguaya que habla de los efectos neuronales que puede generar una sola noche de bebidas (ver recuadro).

Lo que sucede en el embarazo

Un estudio uruguayo que utilizó ratas preñadas demostró que una dosis de alcohol muy alta puede “alterar el hipocampo, región donde se asientan los mecanismos relacionados al aprendizaje, la memoria, la plasticidad”. La ingeniera química Silvia Olivera, investigadora del Clemente Estable, y a cargo del proyecto, explicó que esas crías nacían con menor peso corporal y cerebral, por lo que equivalía a una sola borrachera grande. Lo alarmante es que en Uruguay el 30 por ciento de las embarazadas admiten tomar alcohol asociado a situaciones festivas.

En cuanto a los accidentes de tránsito, las consecuencias afectan incluso a desconocidos que, por ende, también se transforman en bebedores pasivos. Del total de las muertes por accidente de tránsito que habían ocurrido en el período del estudio, en el 45 por ciento había alcohol de por medio. En Uruguay, donde la política es de cero alcohol para manejar, los números en 2018 fueron más optimistas: al 7% de los conductores que participaron en accidentes se les detectó que habían bebido. El alcohol también puede aumentar las posibilidades de comportamiento violento, ya sea en vínculos familiares como laborales, e incluso en escenarios ajenos como bares u otros espacios públicos.

Las experiencias detrás del alcoholismo

Pero no termina ahí. Los familiares y aquellos que conviven con el alcohólico, como ya adelantó la psiquiatra Boano, también tienen que estar atentos a las consecuencias.

La Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) explica en su página web que “las personas que abusan del alcohol pueden no cumplir con sus obligaciones importantes en la escuela, el trabajo o la familia”. Sobre este punto, Julia siente que su historia tiene todo que ver. Comenta que en su caso creció sintiendo la ausencia paterna, si bien compartían la misma casa y horarios. “En su comportamiento cambió su tono de voz, intenté varias veces contarle sobre mi día y recibía contestaciones agresivas por lo que tuve que acostumbrarme a almorzar sola encerrada en mi cuarto para que su conducta no me afectara. Si por casualidad había tenido algún conflicto en el liceo y se lo comentaba siempre me hacía sentir culpable. Opté por no hablar de mis cosas con él, lo que me llevó a un aislamiento paulatino”, relata.

Desde la Al-Anon, un grupo de apoyo para familias de alcohólicos, hablan del “contagio” a nivel emocional, espiritual y físico. Cuando se convive con la situación, el problema se termina convirtiendo en una obsesión de todos por el intento constante de controlar las actitudes del otro. También crece la angustia ligada a la preocupación por el bienestar del pariente o la frustración puede devenir en ira.

Hay quienes deciden ocultar el comportamiento del alcohólico, desencadenándose la negación, y también quienes sienten culpa, porque se atribuyen lo que ocurre a algo que hicieron o dejaron de hacer.

Al respecto, la especialista argentina Boano explica: “En todas las guías de tratamiento internacionales de alguna u otra forma se indica que para que el tratamiento sea exitoso, hay que incluir a la familia. Las familias necesitan herramientas para poder apoyar a la persona adecuadamente. Y las familias también se agotan porque vienen con este problema desde hace mucho tiempo”.

Preparar a quienes son soporte

La especialista argentina de Ineco, Magdalena Boano, explica que sin el soporte adecuado, los parientes se agotan y es contraproducente para ellos y para el alcohólico. Por eso, recomienda que todos sigan tratamiento psicológico individual por fuera del acompañamiento al paciente. Y le parece importante que existan grupos de apoyo entre familiares que viven la misma situación. Es el caso de Al-Anon, una organización de grupos de familiares y amigos vinculada a Alcohólicos Anónimos, que trabaja sobre los doce pasos y funciona en Uruguay.

Efectos vinculares del alcohol

En "Alcohol-related negative consequences in uruguayan youth", publicado en Journal of Fetal Alcohol Spectrum Risk and Prevention, el psicólogo uruguayo Paul Ruiz y sus colegas Angelina Pilatti y Ricardo Pautassi vieron las consecuencias negativas del consumo de alcohol en jóvenes. Al encuestar 1.505 personas entre 18 y 30 años, detectaron efectos físicos como resaca o malestar corporal. Pero también consecuencias que afectan a nivel vincular. Por ejemplo: el 29,5 por ciento admitió haber dicho cosas impulsivas bajo el efecto del alcohol, el 17,9 ha dicho cosas hirientes y el 14 por ciento detectó ser más agresivo al beber. Entre las conclusiones, el estudio destaca que los más jóvenes, hombres y aquellos quienes viven en Montevideo experimentan más las consecuencias negativas del alcohol. No viéndose influenciadas por el nivel educativo ni el estado laboral.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)