Un hombre que no tiene precio

| Vive en Francia, muy lejos de Hollywood. Le rehúye a la fama y al dinero fácil. Asegura que sólo hace películas por las que sus hijos puedan sentir orgullo de él. La última de ellas, "Charlie y la fábrica de chocolate", se estrena el viernes en Montevideo.

DEPP. El sigular actor estadounidense regresa a la pantalla grande con "Charile y la fábrica de chocolate", un relato clásico de Roal Dahl 200x250
DEPP. El sigular actor estadounidense regresa a la pantalla grande con "Charile y la fábrica de chocolate", un relato clásico de Roal Dahl

ALICIA QUARLES | AP

Johnny Depp, conocido alguna vez como un rebelde de Hollywood, ahora es un devoto de la familia. Aunque esta entrevista se realizó en Bahamas, el actor vive en el sur de Francia con la cantante y actriz Vanessa Paradis y los dos hijos de la pareja, Lily Rose, de 6 años, y Jack, de 3. Por eso no es de extrañar que el más reciente de sus personajes extravagantes sea Willy Wonka en la nueva versión fílmica de la novela de Roald Dahl Charlie y la fábrica de chocolate.

¿Por qué interpretar a Willy, un papel inmortalizado por Gene Wilder en el clásico de 1971? Además de querer hacer felices a sus hijos, Depp estaba ansioso por colaborar por quinta vez con el director Tim Burton, quien le dio el papel con que saltó a la fama: El joven manos de tijera, en 1990.

Durante una entrevista en un balneario cercano donde filma dos secuencias de La maldición del Perla Negra el actor de 42 años vestía todo el atuendo del capitán Jack Sparrow: bandana, dientes de oro, trenzas, mientras conversaba sobre cine, fama y familia. Vaya trilogía.

Depp ha dicho que cada película que ha hecho ha sido para sus hijos, aun antes de que nacieran. Le preguntamos qué quiso decir con eso. A fines de los años 80, Depp estaba en el programa televisivo 21 Jump Street (que en Uruguay se conoció bajo el nombre de Comando especial. "Por una parte era fantástico. Era una increíble experiencia de aprendizaje. Yo estaba ganando dinero por primera vez en mi vida. Esa situación tenía muchos aspectos positivos. Pero también algunos negativos. En ese momento, como actor de televisión, era muy, muy difícil entrar en el cine". "Me dejaron ir de Jump Street mientras filmaba El joven manos de tijera y juré que solamente trabajaría en películas o en proyectos que me permitieran algún día decirle a mis hijos: ‘Ese era yo. Absolutamente yo. No me vendí porque no quise mortificarlos ni avergonzarlos’. Tenía eso en mente todo el tiempo: que si iba a hacer algo, lo haría según mis principios. Y si iba a fracasar, lo haría siguiendo mis principios".

—¿Por qué usted trabaja tan bien con Tim Burton?

—Todo se debe a la audacia de Tim. A principios de El joven manos de tijera tuvimos una excelente reunión y nos conectamos bien. Nunca esperé que me diera ese papel. Nunca esperé que se tomara el riesgo conmigo en lo que era realmente un gran riesgo en ese entonces. Pero lo hizo y en cierto modo existe esta comprensión mutua de las cosas, y una fascinación mutua con la gente, los seres humanos, la extravagancia, las flaquezas de los personajes, los tics humanos y todo eso.

—¿Vio la película original Charlie y la fábrica de chocolate.? ¿Le inspiró de algún modo para su personaje?

—Vi la original cuando era niño. La terminé viendo con mis hijos, hasta que llegó el momento en que yo mismo debía desempeñar el papel de Willy Wonka. Ahora, cuando mis hijos ponen la película, salgo de la habitación porque no quiero que influya sobre mí para nada. Yo quería asegurarme hacer un enfoque diferente al de Gene Wilder. Me encantaba su personaje. Me encantaba Willy Wonka de niño.

—Gene Wilder ha dicho que Charlie y la fábrica de chocolate sólo se hizo de nuevo para ganar dinero y afirma que Hollywood no tiene por qué meterse con un clásico. ¿Qué opina sobre esto?

—Alguien me envió un artículo en el que Gene Wilder se preguntaba ¿por qué tienen que hacer de nuevo Charlie y la fábrica de chocolate?’ Bueno: nosotros no hicimos una nueva versión de la película, sino del libro. Se basa en el mismo libro en que se basaron ellos. Afirmar que sólo hicimos este film por dinero es una declaración un poco extraña de alguien que ha estado tanto tiempo en este negocio. Todas las películas se han hecho porque alguien quiere una ganancia sobre lo que invirtió. En última instancia es un negocio. Por supuesto es un negocio sucio, pero eso no significa que para mí signifique solamente dinero. Mis intenciones son tan puras como pueden serlo.

—Parece que usted no ha hecho una película típica hollywoodense. ¿La hará alguna vez?

—Hubo un momento en que trataron de hacerme entrar. Pero no pude. Allí no había redención. Era como venderse por mucho dinero. Uno hace el trabajo y cobra, pero no hay nada de qué sentirse orgulloso. Eso no lo podía hacer. Intenté hacer cosas en el pasado en las que la gente pensó que yo me estaba vendiendo. Por ejemplo, protagonicé esta película Encima de la hora con (el director) John Badham. No sé si la película era particularmente buena. No la hice por dinero ni para venderme. Ni pensé que fuese a ser exitosa para nada. No me importó. La hice porque quería trabajar con Christopher Walken y con John Badham. El libreto era muy parecido a las películas de la vieja escuela de Hitchcock. Todos esos elementos me interesaron y por eso lo hice.

—Si usted no se hubiese ido de Hollywood a Francia, ¿cree que habría tenido una perspectiva diferente de la fama?

—No, no lo creo porque vengo de donde vengo. Yo vengo de Kentucky. Mis familiares, y mi mamá y papá, mis hermanas y hermano, nuestra vida en Kentucky, son algo muy arraigado en mí. En el sur de la Florida fuimos nómades durante años y años, desempeñando varios trabajos durante mucho tiempo. Dejé la secundaria, hice trabajos de construcción, imprimí inscripciones en camisetas. Soy un producto de donde vengo.

—Usted ha mantenido una misma relación durante muchos años. ¿Cuál es el secreto?

—Confianza, divertirse juntos, respeto mutuo. Respeto por la privacidad del otro. Respeto por lo que la otra persona hace en la profesión que escogió. Evidentemente mucho amor. Vanessa fue como un relámpago.

—¿Ella lo noqueó?

—Bueno, sí, porque no había pretensiones. Ella había logrado su éxito en sus propios términos y cuando nos conocimos no me impresionó más que como esta muchacha dulce, tranquila y divertida. Nunca había experimentado nada igual antes. Ella me dio estos dos hermosos niños.

—¿El casamiento es una opción? ¿Qué significa para usted?

—El matrimonio puede ser todo aquello como uno lo defina. Por ejemplo, no siento como que necesite un trozo de papel para atestiguar que yo le pertenezco y ella me pertenece. Creo que firmar un papel no significa nada a los ojos de Dios ni a los de los demás. La cuestión es que si estamos juntos y nos amamos y tenemos hijos y todo lo demás, estamos casados para todo intento y propósito.

Encarnando papeles de tipos "raros"

No hay duda de que Johnny Depp está en un momento alto de su carrera. Fue candidato al Oscar hace dos años por su divertida labor en La maldición del Perla Negra, recibió el premio a mejor actor otorgado por sus colegas del Sindicato de Actores, por encima de los notorios Sean Penn y Bill Murray, y volvió a ser nominado por la Academia por Descubriendo el País de Nunca Jamás. Luego hizo Secret Window, y de inmediato cerró contrato para actuar en Charlie y la fábrica de Chocolate. Su agenda incluye también una secuela de La maldición del Perla Negra. También ha aceptado trabajar bajo las órdenes de Benicio del Toro en The Rum Diary, y en The Libertine, un drama dirigido por Laurence Dunmore en el que también actúan otros notables como John Malkovich y Samantha Morton.

Siempre le ha gustado cultivar un perfil de "muchacho malo" que comenzó con algunos de los adolescentes que interpretó para la televisión (en una época en la que también quería ser ‘rockero’), y ha tomado otros riesgos posteriores en películas para realizadores importantes pero no siempre taquilleros: entre labores menores o meramente alimenticias ha sabido trabajar para Tim Burton (El joven manos de tijera, Ed Wood, La leyenda del jinete sin cabeza), con quien vuelve a encontrarse en Charlie y la fábrica de chocolate; Emir Kusturica (Sueños de Arizona), Roman Polanski (La última puerta) o los hermanos Hughes (Desde el infierno). Los ejecutivos se ponen inevitablemente nerviosos ante un actor que no vacila en disfrazarse, hacerse el loco y hasta encarnar a un travesti (Antes que anochezca), que apuesta habitualmente a la ambigüedad ética (rara vez sus personajes son héroes de una sola pieza), y que sin embargo suele dejar un sello personal en casi toda película que interpreta. Más de una vez ha sido, por otra parte, lo único bueno de un film insignificante: por ejemplo Erase una vez en México de Robert Rodríguez.

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