Estoy contento, pero pasado”, dice Nicolás Vázquez, de 49 años. Y aunque ni su rostro ni su actitud dan señales de cansancio, lo cierto es que no para. A su labor como actor, director y productor teatral (con las exitosas Rocky y Annie, y otros proyectos venideros) se sumaron las grabaciones de Popstars, el reality musical que a comienzos de 2000 dio vida a Bandana y a Mambrú, y que el lunes 24 a las 22.45 regresa con una nueva edición, que se verá por La Tele, con él como conductor.
—¿Cómo es este nuevo Popstars?
—La esencia del formato, que hace 25 años era muy novedoso, es la misma. Le contaba a mis amigos que es un reality intenso, porque no se corta nunca, es como un falso vivo, nada está armado. Mi incorporación es algo nuevo, porque antes había solo un locutor y ahora hay un locutor y un host. Yo hago de Nico escuchando a las participantes. Me siento muy identificado con ellas porque es como cuando iba a los castings, con la diferencia de que las está viendo todo un país y audiciona para nosotros. Mi lugar es ese y hago la voz en off que va relatando todo el camino de las chicas. Y el resto es lo mismo, pero con las posibilidades actuales; hoy disparás una canción y sale al instante en el mundo en todas las plataformas.
—¿Qué te llevó a aceptar la propuesta?
—En su momento pensé que Gustavo Yankelevich, con quien además somos socios en el teatro, me iba a proponer otra cosa. Cuando me dijo: “No, quiero que seas el conductor de este formato que vuelve”, la verdad es que no lo dudé. No tengo mucho tiempo, porque no solo soy el protagonista de Rocky, sino que también soy el productor y el director; soy el director artístico y el productor de Annie y estamos con dos o tres obras para el año que viene. No resisto archivo, me había prometido que no quería volver a pasar por esto de estar haciendo una peli, un programa de televisión y teatro al mismo tiempo, pero acepté cuando Gustavo me dijo que eran tres o cuatro meses.
—¿Cómo lo estás llevando?
—Está siendo intenso, me está costando. Antes tenía días libres en los que trabajaba home office con las producciones, de lunes a miércoles, y los jueves arrancaba con las funciones de teatro, pero ahora trabajo todos los días. Y me involucro no solo en el proyecto, sino también en la parte humana, y ahí es donde te lleva puesto, termino vacío todos los días.
—Popstars implica la oportunidad de cambiarle la vida a muchas chicas. ¿Cómo lo ves en relación a ellas y qué te retrotrae de tu propia historia?
—Primero, lo que estamos diciendo es real. No es para tirarme en contra de ningún programa pero sucede que gana una persona y después no pasa nada. Acá no es el caso.Hace 25 años que Bandana sigue vigente. Además, hay un aparato muy fuerte que se nota que está eligiendo de verdad a una banda, como digo en el programa, que va a ser de la Argentina para el mundo y nos va a representar, si Dios quiere, como hoy lo hacen Emilia Mernes, Lali, María Becerra, Duki y Nicki Nicole (que es jurado del programa junto con Ángela Torres y el productor musical mexicano Charlie García). Siempre les digo que aprovechen esto porque es una escuela y una gran oportunidad. No se presionen, sean ustedes y si llegan a quedar, sigan con los pies sobre la tierra, déjense guiar porque esto va a ser grande.
—¿A vos quién te dio todos esos consejos?
—Viene 100 por ciento de mi casa, de mi viejo y mi vieja. Ni siquiera me tuvieron que sentar, fue con hechos, lo mamé viéndolos a ellos. Mi casa era un club, éramos una clase media peleadora, mi viejo tenía cuatro trabajos pero nunca nos faltó nada. Lo veía recién a la noche porque se levantaba a las 4 o 5 de la mañana, vendía pan, huevos, alfajores y trabajaba de encargado en un lugar. Mi vieja, ama de casa, bancando todo y a veces ayudándolo también a él, lo cual no fue fácil con tres hijos. Primero estuvimos Sole y yo, muy pegaditos, y después vino Santi, con una diferencia de edad importante.
—¿Qué aprendiste en tus inicios como actor?
—Empecé en el teatro de muy pendejo. Hice espectáculos a la gorra que después llevé a los bares, se me empezó a dar la publicidad, la televisión y todo eso. El medio tiene momentos y lugares muy luminosos y otros que no. Me tocó gente que me enseñó lo mejor y gente que me enseñó lo peor, y yo quise aprender de las dos cosas, de lo bueno y de lo malo. Después, en las vueltas de la vida me pasaron cosas muy fuertes y muy difíciles que también me hacen todo el tiempo estar presente y disfrutar, sobre todo en el aquí y ahora. No te preguntes tanto qué va a pasar, no vuelvas al pasado, a lo nostálgico, volvé pero para recordar de dónde venís y quiénes son los que te llevaron a donde estás. Eso te mantiene en un equilibrio absoluto
—¿Cuánto hay de detallista y cuánto de obsesivo en vos?
—Últimamente escucho mucho que dicen que soy obsesivo del laburo, en el buen sentido, pero soy obsesivo porque me gustan las cosas bien hechas. Me pasó con Rocky, la obra tenía que ser igual a la película, el vestuario, la luz, todo. Igual, mi forma de trabajar es la de un obsesivo relajado. Siempre tiene que estar el humor y el compañerismo, y respeto mucho cada área, aprendo todos los días y hago mesas de trabajo para escuchar las opiniones de todo el equipo.
—¿Tenés ganas de volver a hacer ficción en televisión o cine?
—Muchas porque hace mucho que ese actor no sale y hoy soy otro actor. Hace poco me llamó Sebastián Ortega. Nunca laburé con él y lo admiro mucho. Le dije que me agarraba en un momento complicado y como se filma en Uruguay no me podía acomodar.
—¿Son más los “no” que los “sí”?
—Dije que “no” a un montón de cosas. Me cuesta, pero también son los “no” los que te hacen crecer y cuidar lo que tenés. Nuestra productora, Preludio, creció mucho en este último tiempo en teatro. No puedo descuidar mi equipo y mis cosas. No me da el tiempo y gracias a Dios vengo con mucho éxito y mucha exposición. Los últimos 11 años de mi carrera fueron impresionantes y justo da la casualidad que son los años en los que no me bajo de un escenario. Mi último programa fue El host, en 2018, y antes Mis amigos de siempre, en 2013. Es una locura, yo era otro actor. No me reconozco.
—¿Qué cambió?
—Me siento en un momento muy maduro a nivel actoral, donde me gustaría que mucha gente que no me vio en el teatro conozca a ese actor que siento que soy hoy. ¿Sabés cómo se construye? Con los años, con la experiencia, con las cosas que te van sucediendo en la vida. Me lo dijo Damián De Santo cuando hacíamos Casi Ángeles, un programa que me cambió. “¿Qué te pasa, pendejo?”, me decía él. “No te quejés más, tenés 29 años. Ahora es para equivocarte, para divertirte. ¿Sabés cuándo se empieza a ser buen actor? Después de los 40”. Eso me quedó. Y siento que sí, que fui adquiriendo cosas que me gustaría mostrar en alguna plataforma y despuntar el vicio, pero se tienen que equilibrar las cosas.
Florencia Falcone, La Nación/GDA