El ganador de “Masterchef Uruguay” reveló qué hará con el premio y el sueño aventurero que quiere concretar

El reality gastronómico de Canal 10 cerró el jueves una nueva temporada y el gran triunfador fue el hijo de un sobreviviente de los Andes. "Cuando dijeron mi nombre, exploté de alegría", confesó a El País.

Pedro Strauch, ganador de la nueva temporada de "Masterchef Uruguay"
Pedro Strauch, ganador de la onceava temporada de "Masterchef Uruguay".
Foto: Marcos Milán

La pasión por la cocina en Pedro Strauch nació de una forma curiosa. De niño cazaba pájaros y palomas que tiraba a la parrilla. Más tarde se convirtió en un gran asador, y desarrolló una habilidad especial para sazonar y dar toques únicos a sus preparaciones. En la cocina encontró paz y un talento que su entorno elogia. Por eso decidió anotarse en la onceava temporada de Masterchef Uruguay (Canal 10).

Dio la nota con sus platos exóticos que hacían viajar con el paladar. En la noche del jueves se ganó al jurado con un satsuki (sopa japonesa), un tajín de cordero con pan árabe y manteca, y un "strudel deconstruido" —como él lo llamó—.

El ganador de Masterchef Uruguay 2025 tiene 35 años, vive en Punta del Este, estudió turismo, es amante de la náutica y gran aventurero. En el primer programa se supo que es hijo de Eduardo Strauch, sobreviviente de los Andes, aunque asegura a El País que, de haber dependido de él, no lo hubiera mencionado.

Las chancletas en el casting, su vincha animal print y el pelo largo marcaron un estilo auténtico y estrafalario que el público compró.

Además del cariño de la gente, ganó un curso de cocina profesional y 400.000 pesos que invertirá en equipamiento para montar una pequeña planta y crear su propia marca de comida.

De su vida, sus intereses, su paso por el certamen y sus proyectos, habló con El País.

Pedro Strauch y Sebastián Risotto compitiendo en la final de "Masterchef Uruguay".
Pedro Strauch y Sebastián Risotto compitiendo en la final de "Masterchef Uruguay".
Foto: Marcos Milán

—¿De dónde viene la fascinación por la cocina?
—De cazar animalitos en el campo. Entre los 11 y los 15 salía con una chumbera; pelaba el ave, la tiraba a la parrilla y me la comía. Después dejé todo eso instintivo, pero seguí haciendo asados. Me gustaba sazonar distinto para que mi comida tuviera otro gusto.

—¿Por qué decidiste presentarte a Masterchef?
—El año pasado tuve un invierno muy ermitaño, solo en Punta del Este, y me di cuenta de que lo que más me daba calma y ganas de estar conmigo era cocinar. Cuando venía un amigo, le hacía platos que ni me imaginaba conseguir en un restaurante. En noviembre de 2024 vi el aviso de Masterchef y dije: “voy a probar”. Mandé el formulario, y al toque me llamaron. Envié un video hablando de una raya a la manteca negra que había hecho, y quedé.

—Lo primero que se conoció fue tu historia familiar, pero que con tu personalidad y tu estilo —incluso al vestirte— te ganaste tu lugar. ¿Hubieras preferido que no se supiera?
—Eso despierta enseguida la curiosidad de los jurados, que son los primeros que te ven y te preguntan. Pero si no me lo mencionan, yo no lo cuento.

—Igual, en el primer programa te emocionaste hablando de la tragedia de los Andes…
—Era emoción acumulada. Uno entra a un estudio que vio tanto por la tele, te tocan un tema así, se junta todo y liberás.

—Sos asesor turístico y navegante. ¿Qué trabajos has tenido?
—Soy licenciado en dirección de empresas turísticas y tengo pasión por la náutica y la aeronáutica. Soy voluntario de la ONG Ades, que busca salvar vidas en el mar. Trabajé mucho en hotelería como recepcionista. Me iba a hacer temporada a la costa y terminé quedándome a vivir en Punta del Este. Eso lo dejé un poco de lado y me gustaría dedicarme a la gastronomía.

—¿Ahora a qué te dedicás?
—Este tiempo estuve full dedicado a Masterchef, pero hago diseños de páginas web y e-commerce.

—También liderabas cabalgatas en los Andes, ¿no?
—Ese viaje lo hago una vez al año, en la época en que se puede subir al Valle de las Lágrimas, donde están los restos del avión. Contrato servicios locales y llevo gente de Uruguay.

—¿Por qué te definen como un poco volado?
—Porque me distraigo fácil con las plantas, el aire libre, los sonidos… cualquier estímulo lindo. La cocina es lo que me enfoca. También estoy muy entrenado en la meditación.

—¿Te sentís un espíritu aventurero?
—Sí. Los cambios de vida para mí son fáciles y motivantes. En 2020 me fui a Alemania con una visa de Working Holiday y trabajé unos meses en una pizzería; por eso me llevo bien con las masas.

—¿Lograste transmitir ese espíritu en los platos exóticos?
—Sí, pero lo hice para buscar variedad. Mi selección de platos terminó pareciendo un viaje, pero no lo planeé así. Solo quería combinar distintas culturas y usar carnes uruguayas en ideas nuevas y poco conocidas.

—¿Te gusta la comida asiática?
—Me encanta. Nunca estuve, pero tengo una tía que vivió años allá, se trajo recetas y con ella descubrí lo que era el picante de verdad en la sopa tailandesa.

Pedro Strauch junto a su padre Eduardo y parte de su familia en la final de "Masterchef Uruguay".
Pedro Strauch junto a su padre Eduardo y parte de su familia en la final de "Masterchef Uruguay".
Foto: Marcos Milán

—¿Estudiaste mucho para el certamen?
—No me centré en recetas específicas. Estudié muchas técnicas base: salsas francesas, cremas pasteleras, cremas saladas, el sellado de las carnes, las temperaturas. En cuanto a los ingredientes, ya traía algo innato, o por haber probado, y me ayudó.

—¿Algún jurado te intimidó?
—El que más me intimidó fue Sergio Puglia. Tenía una forma linda de generar suspenso antes de una devolución. Cuando era mala se le veía en los ojos. Cuando era buena empezaba serio y después explotaba. Ximena Torres y Laurent Laine eran más predecibles.

—Te tocó irte y volver en el repechaje. ¿Cómo viviste esa primera eliminación?
—Fue un poco decepcionante conmigo por haber desperdiciado la oportunidad. Yo estaba preparado para avanzar más, pero tomé malas decisiones esa semana y marchamos.

—¿Qué te dice la gente en la calle?
—Que miran el programa, que yo era su pollo y que tenía que ganar.

—¿La vincha de leopardo era cábala?
—Sí, pero también necesitaba taparme el pelo porque no me lo quería cortar. Para mí era un distintivo importante, así que necesitaba algo para solucionar ese tema y elegí esa vincha.

—¿Cómo fue la previa y el momento en que te dijeron que habías ganado?
—Cuando la escribana estaba por sacar el sobre, yo ya me había dado por perdido: por las devoluciones del jurado y porque los platos de Seba me habían sorprendido para bien. Así que cuando dijeron mi nombre exploté de alegría y me aflojé.

—¿Qué pensás hacer con el premio?
—Pienso invertirlo en material de video para seguir creando contenido, y en equipamiento de cocina para montar una pequeña planta de producción y vender comida. Me gustaría desarrollar una marca propia. Creo que mi impronta exótica con materias primas de acá está buenísima, y que la gente va a responder a platos que incorporen especias, hierbas aromáticas e ingredientes poco conocidos: comidas envasadas, de olla, salsas embotelladas.

—¿El certamen te disparó esas ganas?
—Ya había empezado a experimentar con salsas para vender. Cuando arranqué el certamen dejé todo de lado, pero me prometí que si ganaba tenía que seguir con eso.

—¿Qué se viene además de este proyecto?
—Me gusta lo audiovisual y voy a seguir haciendo videos cocinando en distintos puntos del país. Me encantaría tener una combi cargada de utensilios e irme a lugares remotos a cocinar. Es un sueño.

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