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Una comedia británica que es un éxito mundial y se volvió un fenómeno teatral en Montevideo

"La obra que sale mal" ya llevó 8.000 espectadores al teatro del Notariado, convirtiéndolo, lejos de los focos y con el arma de la risa.

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La obra que sale mal

Es un lugar común, y perdón por eso, pero no hay quien pueda con una buena comedia británica. “No hay con qué darle”, se solía decir para casos así.

Eso puede ser parte de la explicación por la que La obra que sale mal, que es un buena comedia británica, esté recrriendo su segundo año a sala llena, todos los viernes en el Teatro del Notariado. Va hasta el 24 de noviembre y ya está agendada la continuidad en 2024.

Escrita por los veinteañeros Henry Lewis, Henry Shields y Jonathan Sayer, La obra que sale mal ha recorrido el mundo entero con celebradas versiones en distritos así de importantes como el West End londinense y el neoyorquino Broadway. Se estrenó en calle Corrientes con el porteño título de, perdón, Como el culo, con Daniel Araoz y Florencia Raggi y gran elenco entre los que estaba Maxi de la Cruz.

“Di con la representante del autor a través de Jorge Denevi, quien hace años pensó en dirigirla”, cuenta Juan Luis Granato, codirector (junto a Pablo Dive), productor y actor de La obra que sale mal. “Seis meses me llevó convencerla y me la dio por mi insistencia. Es que tenía mucha fe”.

Y eso que no la había visto en escena.

Hasta ahora, en Uruguay convocó 8.000 espectadores, según cifras oficiales, desde su estreno en setiembre del año pasado.

Es una obra coral y en el elenco, están, además de Granato, Alejandro Martínez, Leonardo Pacella, Varina De Cesare, Mariana Baquet, Javier Mas y Pablo Isasmendi. Todos tienen destaque y todos son grandes comediantes.

Es una clásica pieza teatral sobre un crimen a resolver (a lo Agatha Christie, por ejemplo) a través de la puesta en escena de la compañía teatral Kiyu del Norte, que tiene una precariedad artística y financiera que solo puede llevar al desastre.

La obra que sale mal -traducción literal del titulo original- es un buen resumen de lo que va a pasar.

Está contado con una sucesión de chistes visuales que van en ascenso aunque el amateurismo de los actores y los técnicos está al mismo nivel que su resiliencia ante la adversidad de intérpretes que se desmayan, muertos que no están tan muertos, estructuras que no están firmes, objetos que no están donde deben estar y un catálogo de accidentes técnicos .

“También habla del mundo de los actores, y los que hemos trabajado en otras obras sabemos que pasan esas cosas así de mal y hay que resolverlas como sea”, dice Granato.

Para eso hay que sumarle lo que él y Martínez coinciden en llamar “un actor más”: la escenografía. “Juega un papel superimportante”, dice Granato. “Y cuando llegó tuvimos que replantearnos muchas cosas para adaptarnos a ella”.

“Era imposible de visualizar sin la escenografía”, dice Martínez, quien es el único del elenco que había visto la obra; fue en su versión porteña.

Es que el escenario se va desmoronando a medida que avanza la trama en una sincronía que implica mucha atención y desgaste físico.

“Vamos muchas horas antes para chequear cosas, repasar escenas, ver que funcionen el escudo, la ventana”, dice Martínez. “Para que todo salga mal hay que ensayar mucho”.

Tanto trabajo (tres meses para descifrar el texto y poner en funcionamiento la maquinaria) es celebrado por la platea carcajadas de las contagiosas.

“Es un mecanismo de relojería”, dice el codirector sobre los inconvenientes logísticos a los que obliga que salga todo mal. “Cualquier cosita que esté desajustada, el clavito un poco corrido, o porque los actores estamos diferente, pueden cambiar todos. Y hasta entran también dentro del juego”. Les ha pasado, cuentan, de todo.

“La gente sale tan feliz, tan agradecida por haberse reído tanto, que va y la recomienda espontáneamente”, apunta Granato. De ese material se hacen los fenómenos teatrales.

“Y es para todo público”, apunta Martínez, que interpreta a Carlos Díaz, el vocacional director de la compañía que se reserva el personaje de Frederick Carter, el detective. “Tiene una cosa muy naif, muy ingenua, muy física que van hasta a niños y se matan de risa”. Doy fe.

“Como actor hace tiempo que no me pasaba algo tan grande en una sala tan grande como la del Notariado”, agrega. “Lo que la gente la disfruta y la recomienda es brutal”.

Eso amerita una tercera temporada.

“A partir de marzo ya reponemos”, dice Granato, quien además es programador del Notariado y el Teatro del Anglo. “Una vez que uno encuentra un texto que funciona, que es hermoso hacerlo, que a la gente le encanta, ¿por qué bajarlo?”

En ese sentido y como marcando una línea, los sábados en el Notariado, va por su quinta temporada El secuestro, del español Fran Nortes y en la que también está Leonardo Pacella.

“Es otra obra de la que se corre la voz y la gente va a disfrutar porque, además, tiene un mensaje social importante”, apunta Granato.

-¿Qué público convoca La obra que sale mal?

Granato: El teatro tiene un público cautivo que ve drama y un poco de todo. Pero el público que no está acostumbrado a ver teatro, y que lo incluye como su salida del mes, prefiere la comedia. Y estas obras han atraído a ese público.

-Cuando la vi pensé en la energía de la risa y ahora que dicen eso, ¿cómo se vive desde arriba del escenario?

Granato: La risa constante es muy estimulante, hermosa. Aveces hay que hacer una pausa para que la gente termine de reírse.

Martínez: Igual, lo más difícil es evitar tentarnos nosotros, los actores.

-La vienen haciendo hace un año. ¿Qué le ha aportado tanto tiempo en cartel a la puesta?

Granato: Las obras necesitan tiempo para instalarse y muchas veces no se puede, y por eso las temporadas se hacen más acotadas y hay que bajar antes de que tenga tiempo de asentarse. Y, además, siempre es hermoso hacer más funciones que ensayos.

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