Hernán Piquín habla su regreso a Uruguay y adelanta: "Ya escribí el show con el que me voy a despedir"

El exprimer bailarín del Colón presenta "Me verás volver", un espectáculo atravesado por las canciones de Soda Stereo que trae de gira a Uruguay, y habla de su futuro artístico.

Hernán Piquín.
Hernán Piquín.
Foto: Leonardo Mainé.

Todo empezó en Uruguay en 2024, al final de una gira, arriba de un ómnibus y con una pregunta sencilla. El bailarín Hernán Piquín acababa de cerrar en Uruguay las funciones de El último tango cuando su representante le preguntó qué quería hacer al año siguiente. La respuesta fue casi automática: seguir con el espectáculo que ya funcionaba. Pero la insistencia por crear algo nuevo terminó abriendo un camino inesperado.

Comenzó a pensar, surgieron ideas y ahí apareció Soda Stereo.

Al bailarín le entusiasmaba la música de la banda porque marcó su adolescencia. Durante los años en que estudiaba en el Teatro Colón viajaba más de una hora con su walkman escuchando las canciones de Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti. Sin embargo, tenía claro que no quería hacer un espectáculo sobre la historia del grupo ni una biografía de Cerati. Necesitaba encontrar otro punto de partida.

La inspiración apareció meses después, durante sus días de descanso en la costa de Granada, España, donde vive buena parte del año. Mientras caminaba sus 20 kilómetros diarios escuchando el repertorio del trío, imaginó a dos desconocidos que se encontraban por casualidad en un recital. Esa escena fue el germen de Me verás volver, espectáculo que narra la historia de amor entre Ana y Juan, desde aquel primer cruce entre ambos, atravesada por las canciones de la banda argentina.

El 13 de agosto lo presenta en el teatro Movie, en medio de una gira por el interior de Uruguay. Las entradas para la función en Montevideo están a la venta por la web de Movie.

Hernán Piquín.
Hernán Piquín.
Foto: Leonardo Mainé.

Con la historia escrita, fue acomodando cada tema para que calzara con el relato. Y dice que ya conoce la reacción del público: primero las palmas, después el canto colectivo y finalmente las lágrimas, antes de que la función cierre como una verdadera celebración con todos de pie.

El espectáculo también representa uno de los mayores desafíos físicos de su carrera. Con 52 años viene de una gira de más de seis meses casi sin descanso, y permanece en escena durante casi toda la obra.

En charla con El País, el exprimer bailarín del Colón habló del origen de Me verás volver, de su obsesión por los detalles, de la vida que lleva entre Argentina y España y del espectáculo con el que ya imagina despedirse definitivamente de la danza.

—¿Cuándo empezaste a pensar en contar una historia de amor a través de canciones de Soda Stereo?
—Cuando empezamos a pensar este nuevo espectáculo tiramos nombres y apareció Soda Stereo. Me encanta porque es mi adolescencia, pero no quería contar la historia de Cerati ni cómo se formó la banda. Me fui a España con esa idea y caminando por la playa, escuchando los temas, apareció la historia de dos personas que se conocen en un recital.

—¿Qué surgió primero: una canción, un movimiento o la historia?
—Primero apareció la historia. Después fui buscando qué canción funcionaba mejor para cada escena. Si una coreografía no acompañaba la música, cambiaba la coreografía. Nunca la canción. Quería que la letra ayudara a contar lo que estaba pasando arriba del escenario.

Hernán Piquín.
Hernán Piquín.
Foto: Leonardo Mainé.

—La obra tiene un componente muy dramático.
—Me encanta el drama. Siempre en mis espectáculos alguien muere (se ríe). Pasó cuando hice de Freddy, pasó con el espectáculo de los Beatles, pasó con El último tango y pasa acá también. Me gusta emocionar a la gente. Me encanta llorar viendo películas, soy muy dramático.

—En esta obra también firmás la dramaturgia, la dirección, la coreografía y la escenografía. ¿Es una necesidad artística o una forma de proteger una idea muy personal?
—Creo que un poco de las dos cosas. Sé muy bien cómo quiero las cosas y siempre voy a encontrar algún detalle si las hace otro. Entonces prefiero hacerlo yo. Por eso llego al teatro horas antes. Barro el piso, acomodo los telones, reviso todo. Soy bastante obsesivo.

—¿De dónde nace esa obsesión?
—De haber trabajado tantos años afuera. Aprendí el respeto que hay por el público. La gente hace un esfuerzo enorme para comprar una entrada y yo quiero que salga del teatro pensando que valió la pena, no que hubiera sido mejor comprarse otra cosa.

—¿Pensás en el retiro?
—Sí, ya escribí el show con el que me voy a despedir de la danza. Creo que el año que viene haré mi último espectáculo como bailarín. Toda la obra sucede en un camarín, mientras espero para salir a escena. Es un recorrido por mi vida, con recuerdos, una carta de mi mamá y muchas cosas que me marcaron. Al final me llaman para salir, entro al escenario, bailo una última coreografía de un minuto y termina con un “gracias”. Así me gustaría despedirme.

—¿Sentís que llegó ese momento?
—Todavía me siento muy bien físicamente, pero también soy consciente de que en noviembre cumplo 53 años. No quiero bailar hasta los 60. Creo que es importante saber cuándo cerrar una etapa.

—¿Cómo vivís un espectáculo tan exigente desde lo físico?
—Es durísimo. Bailo casi toda la función. Tengo cambios de vestuario de segundos, escenas muy intensas y casi no tengo tiempo para respirar. Me siento como un auto eléctrico: salgo, me enchufan un ratito y vuelvo.

—Cuando terminás una gira tan larga, ¿cómo desconectás?
—Me voy a España. Vivo frente al Mediterráneo, camino 20 kilómetros por día, leo, escribo, veo películas, voy al teatro y viajo por Europa. Necesito desaparecer un rato porque durante la gira convivo todo el tiempo con los bailarines y además estoy pendiente de cada detalle del espectáculo.

—¿Y después de bailar qué sigue?
—La actuación. Me encanta el drama, pero también me han dicho que soy bueno para la comedia. Dicen que soy muy gracioso y mis representantes insisten en que haga un unipersonal. Por suerte no le tengo miedo al público. Al contrario, siento que es como mi familia. Mientras el cuerpo me responda voy a seguir bailando un poco más. Después será el momento de empezar otra historia.

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