Redacción El País
Tras haber lidiado con la peor guardia de la historia —y, en el mundo real, con las acusaciones de la viuda de Michael Crichton, creador de E.R.: Sala de urgencias, que insiste en que esta serie no es más que el fallido reboot de aquella—, The Pitt está de vuelta. El drama médico más original y celebrado de los últimos años inauguró este jueves su esperada segunda temporada, con la primera hora de trabajo del doctor Robby (Noah Wyle) y su pandilla en un 4 de julio.
Es el último día de trabajo de Robby antes de tomarse un sabático. Y no será placentero.
Para cuando el protagonista marca tarjeta, son las 7 de la mañana y su sustituta para ese período de descanso, la doctora Al-Hashimi (Sepideh Moafi, uno de los fichajes de la temporada), ya está en acción en el centro de trauma. No le hizo consultas, no hubo charlas previas y está, dicen, atormentando a los más jovencitos haciéndolos trabajar sobre un maniquí. Empieza a imponer unos modos agresivos que son parte de la novedad.
Y encima es el mismo día en que vuelve al trabajo Langdon (Patrick Ball), tras una larga ausencia por una adicción que lo llevaba a robar y consumir medicamentos del hospital. Robby sigue dolido y se lo hará notar en su primer diálogo. En el tiempo de la ficción, pasaron 10 meses desde la última vez.
Egos, diferencias, tensiones y exigencias varias son el terreno fértil sobre el que The Pitt construye esta nueva temporada, que volvió a la carga con todos los atributos de la primera: una fina reconstrucción del funcionamiento de una urgencia que incluye coreografías aceitadas, ritmo vertiginoso y escenas profundamente explícitas (no la mire durante el almuerzo), combinada con elementos sociales, dramas individuales, y alguna alegría.
“Un hospital es un maravilloso microcosmos de la sociedad”, le dijo Wyle al New York Times en la premiere de esta temporada; esa misma noche se confirmó que habrá una tercera. El actor, cuyo trabajo en E.R. había sido el mayor acontecimiento de su carrera hasta ahora, también produce, guiona y dirige en esta propuesta que él mismo se encargó de impulsar.
Ganadora de cinco premios Emmy, incluyendo el de mejor serie dramática, mejor actor para Wyle y mejor actriz de reparto para Katherine LaNasa, The Pitt se ambienta en un hospital ficticio de Pittsburgh, en el que además de atender casos de todo tipo, se entrena a residentes y estudiantes.
Está construida con una lógica que recuerda a la serie de acción 24, ya que cada episodio comprende una hora de la jornada de trabajo y, cada temporada, una guardia entera.
Aunque los episodios se lanzarán de manera semanal, verla de un tirón profundiza la sensación de asfixia y agobio que experimenta el personal médico en jornadas ásperas, en las que problemas de salud serios, situaciones de vulnerabilidad y comportamientos hostiles operan como partículas de una bomba atómica.
Pero si bien The Pitt tiene un componente dramático notablemente desarrollado, una de sus mayores virtudes es el abordaje preciso sobre su materia central: la medicina. Un informe reciente del USC Norman Lear Center de Los Ángeles aseguró que la serie está ayudando a que los espectadores entiendan cabalmente algunos asuntos delicados, como la donación de órganos o las decisiones del final de la vida.
Esos fueron los dos ejes centrales que atravesaron una investigación que implicó 25 entrevistas a trabajadores sanitarios, y encuestas a casi 1.500 televidentes. Según lo reportado, un amplio porcentaje de los espectadores buscaron y/o compartieron información sobre ambos temas tras ver los episodios de la primera temporada que los abordaban de manera sensible.
Por su parte, los profesionales de la salud aseguraron haberse sentido “vistos” por la serie, e identificados en aspectos como la presión del trabajo, las condiciones en las que hay que hacerlo e incluso en los efectos postraumáticos que les dejó atravesar el covid.
Para lograr esa fidelidad, en el set de The Pitt siempre hay al menos un médico real que se encarga de dar indicaciones y señalar cualquier cosa que no se ajuste a la realidad. Distintos trabajadores médicos están involucrados en cada nivel de producción, y en el equipo de guion está Joe Sachs, que no solo escribió para E.R. sino que trabajó como doctor antes de entregarse a la pantalla.
Eso permite que la serie esté hecha de escenas tan gráficas, detalladas y extensas como la que ocurre en el primer episodio de la segunda temporada, cuando el equipo debe intentar interrumpir una hemorragia y Robby sugiere una compleja maniobra que implica torsionar un pulmón. El episodio también traerá a una enfermera recién llegada, la vuelta del bonachón Louie, un paciente “de la casa”; el sospechoso caso de una niña con moretones y lastimaduras; consumo excesivo de galletitas de marihuana, una confusión que puede derivar en algo grave y hasta el abandono de un bebé que es el centro del enigmático final. El drama recién comienza.
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