La serie de ocho episodios que se convirtió en una de las joyas de la temporada (y no es nada fácil de mirar)

La serie "Furia" fue creciendo semana a semana y, antes de estrenar su final, ya había sido renovada para una segunda temporada. ¿Qué tiene el asfixiante thriller de Disney+ que no conviene maratonear?

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Escena del thriller "Furia" (Furious), una de las series destacadas del verano boreal.
Foto: Difusión

La pregunta que atraviesa Furia subyace incluso cuando la serie parece estar ocupándose en otra cosa: ¿qué pasa cuando una mujer deja de esperar que el sistema haga justicia?

El título es un ligero spoiler de la posible respuesta. Las conclusiones están lejos de ser esperanzadoras y por eso Furia, especialmente cuando se la ve en modalidad maratón, resulta asfixiante. Deja algo en el cuerpo que no se va así nomás. Es, en cierta medida, un thriller policial. Pero también es una forma de mostrar la aterradora experiencia de ser mujer.

Creada por Elizabeth “Liz” Meriwether —productora, showrunner, responsable de la entrañable comedia New Girl, de reconocidos proyectos como The Dropout o Dying for Sex y fichada por Universal para guionar la biopic de Britney Spears—, la serie parte de la eterna fórmula del juego del gato y el ratón para explorar las ramificaciones de la violencia y la tensión entre la justicia y la venganza. O más bien, de todo lo que queda en el medio.

La historia sigue a Alice Black (Emmy Rossum), una agente del FBI que empieza a investigar a un potencial asesino serial a partir de una serie de muertes que la conducen hasta Catherine Grace (Lola Petticrew). Es redonda como miniserie. Pero pasaron cosas.

Antes de estrenar el capítulo final, Disney+ confirmó que Furia había sido renovada para una segunda temporada. Según los datos oficiales de la plataforma, la serie —estrenada el 27 de julio y de apenas ocho episodios— fue creciendo semana a semana, tanto que su penúltimo episodio tuvo un 40% más de visualizaciones en relación al estreno, un aumento basado solo en las visualizaciones de sus primeras 24 horas.

Las cifras de Rotten Tomatoes (99% de aprobación), Metacritic (81) e IMDb (7,9 puntos) la perfilan como una de las series mejor valoradas de 2026. La crítica lo avala: en Estados Unidos, varios medios hablan de ella como la mejor serie de su verano.

Pero las cifras cuentan solo una parte de la historia.

Para encontrar el punto de partida de Furia hay que ubicarse en los zapatos de la actriz Emmy Rossum, que tras haber hecho la serie Shameless buscaba un papel que se sintiera tan profundo como el de Fiona Gallagher y que, sobre todo, le permitiera habitar las zonas grises. Estaba en esa búsqueda cuando vio El caso de la viuda negra o Black Widow, una película de 1987 protagonizada por Debra Winger y Theresa Russell como una investigadora y una mujer sospechada de matar a sus maridos ricos, quienes mueren poco después de casarse con ella.

Fascinada, Rossum (quien además es productora ejecutiva de Furia) llevó la idea de una adaptación a Hulu y rápidamente Meriwether entró en escena. La guionista vio material noble. Más que para una adaptación, para el punto de partida de una historia entre dos mujeres enfrentadas, pero con algo sustancial en común.

Según las últimas estimaciones de violencia de género de la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres y niñas ha sufrido violencia física o sexual a manos de un hombre (pareja o no) a lo largo de su vida.

Catherine y Alice, las protagonistas de esta historia, son dos caras de una misma moneda.

En algún punto de su proceso creativo, a Meriwether la interpeló la idea de una víctima de violencia que pasa a convertirse en victimaria. Así nació Catherine, el personaje de Petticrew que a lo largo de los capítulos encarna varias identidades, y que mata con un propósito: sus objetivos son todos hombres vinculados a la red de trata en la que ella estuvo atrapada cuando era menor de edad.

Del otro lado se ubica Alice, una agente novata del FBI que avanza a nivel profesional entre las sombras de una relación abusiva con un policía. Cuando contó lo que ocurría en su casa, casi ninguno de sus compañeros hombres salió a respaldarla.

Entre esos dos relatos, Furia abarca múltiples matices en relación a cómo se mira y aborda la violencia machista. Preferencias sexuales, amnesia disociativa, pactos de silencio, situaciones detonantes de ansiedad, impunidad, revictimización, desigualdad laboral y más elementos contribuyen a un guion que no siempre consigue evitar la bajada de línea.

Algunos diálogos sobreexplican el posicionamiento de la serie, pero quizás hay asuntos que tienen que ser hablados con todas las palabras.

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Lola Petticrew como Catherine Grace en la serie "Furia".
Foto: Difusión

Para construirla, Meriwether se concentró en mostrar las consecuencias de la violencia y optó por no reproducirla en pantalla. En buena parte por la solidez de su elenco, Furia no precisa de las escenas explícitas de abuso para hacer que el espectador sienta en el cuerpo algo de lo que se le está mostrando.

“Fue realmente difícil para todos los que trabajamos en la serie vivir en ese mundo durante tanto tiempo. Es un lugar oscuro en el que adentrarse”, le dijo Meriwether a Vanity Fair. “Pero todos los actores tuvieron una resistencia y una valentía increíbles, lanzándose de lleno a situaciones realmente difíciles”. Ese compromiso se nota en pantalla.

En ese sentido, la serie no se reduce a la fórmula policial de investigador y asesino, sino que explora sus mundos internos, sus contradicciones, sus motivaciones, una complejidad que inevitablemente remite a El silencio de los inocentes. La intención no tiene que ver con que el público tome partido —de ahí que ninguna de las posiciones sea tan sencilla—, sino con que mire el mundo, la realidad, desde los ojos de estas dos protagonistas. Para hacer algo distinto no es necesario reinventar el género. A veces alcanza con correr el foco y con elegir quién cuenta el relato.

Absolutamente hija de su tiempo, Furia es espesa, como si requiriera algo más que la disponibilidad o la voluntad de sentarse a verla. En una sociedad de binarismos, transitar las zonas grises nunca es cómodo. Y ese es el lugar donde esta serie elige instalarse.

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Emmy Rossum como la agente Alice Black en la serie "Furia".
Foto: Difusión

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