Antes de que el adjetivo “kafkiano” se incorporara al diccionario para describir situaciones absurdas, opresivas o incomprensibles, Franz Kafka llevaba una vida que, desde afuera, parecía bastante común. Trabajaba como empleado en una compañía de seguros, cumplía horarios, caminaba largas distancias por Praga, frecuentaba cafés y mantenía una rutina propia de un hombre de clase media de comienzos del siglo XX.
Sin embargo, detrás de esa existencia aparentemente ordenada habitaba una sensibilidad extraordinaria, capaz de convertir la burocracia, los vínculos familiares o un simple trámite en escenarios donde la culpa, el miedo y la incertidumbre adquirían dimensiones universales.
Esa paradoja (el hombre de vida cotidiana en contraste con la intensidad casi febril de su universo literario) es una de las claves para entender por qué Kafka sigue siendo un autor tan vigente más de un siglo después de su muerte.
Su obra (en su mayoría publicada después de su muerte porque su amigo Max Brod fue contra la última voluntad del autor) no nació de aventuras extraordinarias, sino de una mirada capaz de revelar lo inquietante que habita en lo cotidiano. Esa tensión entre el hombre y el mito, entre la normalidad de su biografía y la potencia de su imaginación, también atraviesa Kafka, la miniserie austro-alemana que se estrena hoy, y tendrá emisiones los jueves, a las 22.00 por el canal Film & Arts. También estará en el catálogo de NSNow y streaming de cableoperadores.
Detrás de esta producción de seis episodios se encuentra el novelista Daniel Kehlmann y el director y guionista David Schalko. Ambos adaptaron para la pantalla la monumental biografía de tres volúmenes escrita por Reiner Stach, considerada la investigación definitiva sobre la vida de Kafka.
A diferencia de otras series biográficas, Kafka no sigue un relato cronológico de nacimiento, ascenso y muerte. La miniserie construye un retrato fragmentado donde cada episodio gira en torno a una persona o un vínculo fundamental en la vida del escritor, como su amigo Max Brod, Felice Bauer, Milena Jesenská, Dora Diamant, su familia o incluso la oficina donde trabajaba.
En charla con El País, David Schalko y Daniel Kehlmann hablan de la construcción de la serie, la imaginación y encontrar al verdadero Franz Kafka.
—Todos conocen al Kafka escritor pero ustedes eligen comenzar la serie con la persona y no el autor. ¿Cuándo sintieron que habían encontrado al verdadero Kafka?
Daniel Kehlmann: Lo que ocurre es que contamos con muchísima información sobre él, y no solo información externa. Kafka escribió extensamente diarios personales y una enorme cantidad de cartas muy, muy íntimas. Es una figura misteriosa, sí, pero al mismo tiempo hay pocas personas del siglo XX sobre las que sepamos tanto y con tanto nivel de detalle como sobre Kafka. Claro que todo eso muestra distintas facetas. La imagen que termina emergiendo es algo así como un retrato cubista: las piezas no encajan del todo, porque las personas son contradictorias, y un gran artista lo es aún más. Por eso nuestro enfoque fue mostrar todas esas dimensiones. Todas juntas conforman al verdadero Kafka.
—Cada episodio gira en torno a una persona o mundo que lo marcó. ¿Siempre pensaron esa estructura para la serie?
David Schalko: Desde el principio. Fue lo primero que nos preguntamos: ¿cómo contar la historia de Kafka? Y tiene que ver con lo que mencionabas sobre construir una imagen completa de Kafka. En realidad, esa imagen completa no existe. Pero cada perspectiva que se suma hace que, al final del recorrido, la verdad sea más rica y más completa. Porque el Kafka de la oficina es completamente distinto del Kafka enamorado, del Kafka amigo o del Kafka dentro de su familia. Sin embargo, en el centro de todas esas facetas siempre está Kafka, el escritor. Ese es el hilo que conecta todos los episodios: el escritor Kafka, cómo surgían sus ideas, cómo funcionaba su mente y cómo todo eso terminaba transformándose en literatura.
—Además del propio Kafka, la serie pone el foco en personas de su vida: su padre, Max y las mujeres que amó. Mientras escribían el guion, ¿hubo alguno de esos personajes que terminó cobrando más importancia de la que esperaban al principio?
Kehlmann: Sí. Nos sorprendió lo interesante y complejo que era el Kafka en su trabajo. Porque él prácticamente no habla de esa faceta en sus diarios. Es un poco como ese fenómeno de la psicología en el que las personas aíslan una parte de su personalidad hasta el punto que se parece un poco a la serie Severance. Da la sensación de que no reflexiona sobre esa parte de su vida en sus diarios, cuando en realidad ocupaba un lugar enorme en su existencia. Y era muy bueno en su trabajo. De hecho, fue un abogado muy exitoso para la compañía de seguros de accidentes de trabajo donde trabajaba. Y eso fue, al menos para mí, realmente sorprendente.
Schalko: Porque conocemos el cliché de Kafka: el pobre Kafka y las compañías de seguros como una especie de pesadilla para él, y todo eso. Pero hizo carrera allí y realmente trabajó durante mucho tiempo en ese lugar. Creo que eso fue muy revelador. Y es uno de mis episodios favoritos, porque en cierto modo es una comedia de oficina muy extraña.