El periodista deportivo Eduardo Rivas protagonizó un momento de profunda emoción durante su participación en Entre Nos TV, el programa de streaming conducido por Néstor Remeseiro y Ana Laura González en Mediarte.
En una charla distendida que recorrió su trayectoria profesional y su historia personal, el comunicador de Telenoche y Sport 890 repasó sus inicios en el periodismo y evocó su infancia en Ciudad Vieja, donde nació su pasión por el deporte, especialmente el fútbol y el básquetbol.
Rivas contó que en sus comienzos se inclinaba por la prensa escrita, aunque fue en la televisión donde terminó consolidándose y construyendo una carrera de más de dos décadas, convirtiéndose en una de las referencias del área deportiva.
Sin embargo, el momento más conmovedor de la entrevista llegó cuando Remeseiro le preguntó por sus padres. “¿Quién creés que te marcó más?”, le planteó.
“No haría diferencia. Lo que sí es que mi padre falleció cuando yo era muy joven. Tenía 59 años y yo 23. Me hubiera gustado tratarlo mucho más”, expresó Rivas.
Al intentar referirse a su madre, el periodista se quebró. “Y mi vieja…”, alcanzó a decir, mientras levantaba la mirada y se emocionaba visiblemente, al punto de no poder continuar hablando.
Ante la situación, Remeseiro optó por cambiar de tema, respetando el clima del momento. “Este programa es así”, comentó entonces Ana Laura González, en alusión a la profundidad que suelen alcanzar las conversaciones en este ciclo.
Más adelante, Rivas habló sobre su familia actual, compuesta por su esposa Andrea y sus dos hijos, y reflexionó sobre un episodio de salud que marcó un antes y un después en su vida. A los 47 años sufrió un problema cardíaco que lo llevó a replantearse su relación con el trabajo.
“Te das cuenta de que la vida puede cambiar de un momento a otro. Antes vivía corriendo, buscando generar más ingresos, con mucho estrés. Después entendí que también se puede salir adelante de otra manera, sin tantas corridas”, señaló.
A partir de esa experiencia, aseguró que aprendió a poner límites, a decir que no y a priorizar su bienestar y el tiempo con sus seres queridos. “Había muchas cosas que iba dejando para atrás y me di cuenta de que no tenía sentido”, reflexionó.