Oscar para el padre de la Pantera

| La Academia de Hollywood celebrará la trayectoria de más de cuatro décadas del famoso cineasta

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JORGE ABBONDANZA

Los fanáticos de las ceremonias deben saber que el Oscar será entregado en el Kodak Theater de Los Angeles el 29 de febrero, aprovechando que el 2004 es un año bisiesto. Quienes se interesan en profundidad por el entretelón de ese premio, querrán saber asimismo que las candidaturas se conocerán el 27 de enero, momento a partir del cual mucha gente imaginará sus listas ideales para conquistar el trofeo. Cabe observar que las fechas anuales de la entrega del Oscar van adelantándose con respecto al pasado, ya que era habitual que la ceremonia tuviera lugar en abril, o en todo caso a fines de marzo. Pero la Academia (ahora, de vieja, con 76 años cumplidos) está poniéndose impaciente, de manera que habrá que prepararse para el 29 de febrero.

Como ocurre siempre, el nombre de los triunfadores se divulga sólo en el momento en que los presentadores abren delante del público los sobres conteniendo ese resultado. Con anterioridad, únicamente se conoce el nombre de quienes recibirán un Oscar especial por el conjunto de su carrera. En este caso, esa distinción irá para el director Blake Edwards, un hombre de 81 años que se ha hecho famoso desde la década del 60 como autor de comedias alocadas, que ha sabido asimismo dirigir asuntos dramáticos, que ha agregado a ese menester su largo oficio de libretista y que tuvo pronunciados altibajos en una carrera llena de éxitos pero también de fracasos.

DISTINGUIDOS. Ahora, 48 años después de su debut en la dirección, Edwards ascenderá a la categoría de los colegas que ya obtuvieron un Oscar por toda su trayectoria, rubro en el que figuraron antes Greta Garbo, Gene Kelly, Laurence Olivier, Harold Lloyd y Gregory Peck, entre otros. La noticia debe haberlo alegrado, no sólo porque nunca había ganado un Oscar sino porque el espaldarazo le llega en una etapa crepuscular de su vida, años después de haber sufrido una depresión por algunos fracasos en cine y cuando ya está retirado de casi toda actividad, disponiendo en todo caso del respaldo de su segunda mujer, la actriz y cantante inglesa Julie Andrews, con quien se había casado en noviembre de 1969 y con la que adoptó a dos huérfanos de Vietnam.

Nacido el 26 de julio de 1922 en Tulsa (Oklahoma), ese niño que se llamaba William Blake McEdwards, era nieto de un director del cine mudo (J. Gordon Edwards) e hijo de un director teatral, Jack McEdwards, de manera que llevaba el oficio en la sangre, doblemente. Su abuelo lo utilizó más de una vez como extra en algún film, pero debutó como actor (en papeles con diálogo) en 1942, manteniendo esa actividad a lo largo de unos veinticinco films hasta 1948, altura en la cual hizo su único papel protagónico (en Panhandle, cuyo libreto también escribió), saltando a la televisión como productor y director de series. Paralelamente fue desarrollando una carrera como libretista, terreno en el cual trabajó desde 1948 hasta ayer mismo, a lo largo de una interminable hilera de películas de todo género, aunque mayormente en el campo de la comedia.

CULMINACION. Pero la notoriedad mundial de Edwards deriva de su faena como director, que inauguró en 1955 cuando le permitieron tomar en sus manos el libreto de Bring Your Smile Along, que había escrito para lucimiento del cantante Frankie Lane. De allí en adelante, la actividad de Edwards como realizador ya no se detuvo y fue creciendo en notoriedad con comedias como Yo y ellas en París (1958), Sirenas y tiburones (1959) o Mi papá va al colegio (1960) hasta saltar a la fama con Muñequita de lujo (1961) y sobre todo con la serie de La pantera rosa desde 1963, creando el personaje del torpe inspector Clouseau (a cargo de Peter Sellers) que brilló como nunca en Un disparo en la sombra (1964). Su pareja con Julie Andrews le llevó a dirigir numerosos títulos con su mujer, en comedia y en drama, desde Lilí mi adorable espía (1970) en adelante. La madurez de Edwards rindió en ejercicios de buen humor parodial como el de La fiesta inolvidable (1968), aunque esa carrera tuvo tropezones severos cuando algunos de sus trabajos fracasaron en boletería alterando el estado de ánimo de un hombre que ha sabido quejarse de las imposiciones que Hollywood suele hacer a directores que no son dueños de sus películas y deben admitir órdenes ajenas en materia de contenido, canciones y montaje final.

Los últimos tiempos, con flojas continuaciones de la serie La pantera rosa, no han sido los mejores para Edwards, cuyos trajines como director se interrumpieron en 1993 con El hijo de la pantera rosa, aunque en 1982 tuvo un repunte con la comicidad evocativa de Victor-Victoria, una sátira sobre actriz de los años 20 que triunfa en music-hall disfrazada de hombre. El éxito de esa película derivó trece años después en su adaptación al teatro, también dirigida por Edwards y también protagonizada por Andrews, debiendo anotarse que en Broadway la divertida historia de esa travesti volvió a llevar multitudes, risas y elogios. Ahora la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas elogia a Edwards como una personalidad de copiosa carrera y de aptitudes múltiples en producción, libreto, dirección y actuación, abanico gracias al cual se apronta para empuñar la estatuilla que le darán el 29 de febrero.

PRONOSTICOS. Para esa misma fecha se anuncia que otros candidatos podrán estar doblemente postulados: se trata de actores que han recibido muchos elogios por más de una labor a lo largo de este año y que quizás figuren entre candidatos en papeles protagónicos y también en las listas de actores secundarios. Por cuestiones reglamentarias, un actor no puede aparecer en las listas del Oscar dos veces dentro de una misma categoría, de manera que los estudios de Hollywood han maniobrado habilidosamente para que los talentos con posibilidades de postularse más de una vez, figuren como protagonistas por uno de esos trabajos y como actores de reparto por el otro. Esa probabilidad abarca a gente como Sean Penn, que podrá ser candidato por su vigorosa labor en Río Místico pero también por 21 Grams, donde correría como intérprete secundario. Similar posibilidad puede tener Nicole Kidman, que tal vez figure entre candidatas de uno y otro rubro por Cold Mountain y The Human Stain.

No son los únicos. Otros que podrán asomar dos veces en las listas son Cate Blanchett (por Premonición y por Veronica Guerin), William H. Macy (por Alma de héroes y por The Cooler), Scarlett Johansson (por Lost in Translation y Girl With a Peral Earring) y Patricia Clarkson (Pieces of April y The Station Agent). Claro que con el voto masivo que es el mecanismo del que finalmente surgen las listas de la Academia, instancia en la que participan sus más de cinco mil socios, nunca se sabe: estos pronósticos podrán ser confirmados o desmentidos cuando el 27 de enero se conozcan las listas definitivas de las que en febrero saldrán los ganadores. Sólo Blake Edwards puede estar seguro por el momento de que el Oscar no se le escapará.

Un realizador que supo hacer comedia, drama y suspenso

Unas cuarenta películas componen (al margen de series de televisión) la trayectoria del director cinematográfico Blake Edwards a partir de 1955, año en que se produjo su debut en ese oficio. Hubo momentos de gran festejo o gran interés a lo largo de esa carrera:

Sirenas y tiburones (1959, con Cary Grant y Tony Curtis) tenía buenos chistes y disfrutables actuaciones en torno a la vida en un submarino;

Muñequita de lujo (1961, con Audrey Hepburn, George Peppard) adaptaba "Desayuno en Tiffany’s" de Truman Capote con poca suerte, pero disponía del enorme encanto de su primera actriz;

El mercader del terror (1962, con Glenn Ford, Lee Remick) inauguró la destreza de Edwards para manejar una intriga de suspenso;

Días de vino y rosas (1962, con Jack Lemmon, Lee Remick) tenía un vigoroso nivel dramático para retratar a dos etílicos, obteniendo una pareja intensidad de sus dos protagonistas;

La pantera rosa (1963, con David Niven, Peter Sellers) abrió la exitosa serie del título con un aire muy divertido y elegante para sus vaivenes policíacos;

Un disparo en la sombra (1964, con Peter Sellers, Elke Sommer) contenía alguno de los mejores momentos de comicidad en toda la carrera del director;

La fiesta inolvidable (1968, con Peter Sellers, Claudine Longet) bromeaba sobre un hindú que trabaja como extra en el cine y cae por error en un suntuoso banquete de la industria, generando varias catástrofes;

10 la mujer perfecta (con Dudley Moore, Julie Andrews) lanzó al estrellato a Bo Derek y agregó chistes sobre un marido crepuscular notablemente actuado por Moore;

Victor-Victoria (con Julie Andrews, James Garner) mantenía su gracia de principio a fin, basada en una vieja comedia alemana, sobre cantante fracasada que sólo triunfará cuando se hace pasar por hombre.

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