Un catalán que se llenó de amigos y lugares uruguayos cuenta cómo surgió su canción con Sebastián Teysera

Albert Plá charló con El País sobre "Perdónenme" en el que comparte voz cantante de La Vela Puerca sobre la Inteligencia Artificial y sobre cómo ve el mundo

Albert Pla
Albert Pla

El vínculo del catalán Albert Plá con Uruguay está por cumplir 30 años. De aquella primera vez en el sótano del Bar Tabaré, en la fonoplatea de un programa de radio, hasta ahora, Plá ha paseado su arte (siempre entre lo musical y lo teatral) por bares, salas de conciertos, el Teatro Solís y la sala principal del Auditorio Nacional Adela Reta. Ha encontrado acá un público fiel y siempre en crecimiento.

Ahora ese cariño se concreta en una canción, “Perdónenme”, un dueto con Sebastián Teysera, el cantante de La Vela Puerca. Viene con videoclip incluido hecho con Inteligencia Artificial en el que hacen venir abajo el Teatro Solís. Es parte del nuevo disco de Plá que, le cuenta a El País, saldrá en abril del año que viene y promete venir a presentarlo en Uruguay, un destino para el que siempre encuentra una excusa para visitar.

De acuerdo a su biografía oficial, Plá, quien nació en 1966, es “un reconocido y polifacético artista con más de 25 años de carrera en los que ha desarrollado una extensa actividad, tanto musical como teatral y cinematográfica”. A Uruguay ha traído algunos de sus espectáculos más elogiados como Miedo y Guerra, en los que hacía un uso muy interesante de la tecnología.

Sobre la canción, las bromas que se han gastado con Teysera, ese vínculo con la tecnología y cuándo se embromó España, El País charló con Plá.

—Vino un montón de veces a Uruguay, ¿tan bien lo tratamos?

—Será por eso, ¿no? Siempre, siempre me trataron bien. Cuando hemos presentado algún espectáculo nuevo o algo así, nos la han hecho fácil. Y también me llenó de amigos y amigas y de lugares. Entonces, ya casi que me gusta provocarlo.

—¿Recuerda algo de la primera vez, en aquel sótano?

—Claro que sí. En el Bar Tabaré. De hecho, recuerdo casi todas: el Teatro Solís con Miedo, La Trastienda, Medio y Medio. Ha sido muy bonito siempre ir a Uruguay. Ya te digo, allí estoy lleno de amigos y amigas, de buenas sensaciones, buenos paseos y buenas estancias. Siempre.

—Y ahora esta canción con Sebastián Teysera. ¿Cómo se generó ese vínculo?

—Nos conocemos desde aquel primer concierto en el Tabaré. Y ellos como que se sabían un poco demasiado las canciones y eso estuvo bien. Luego se la devolví: una vez cantó una canción conmigo y Diego Cortés y se sentó en una silla, a la que le habíamos serruchado una pata y entonces se la devolvimos. En el próximo concierto me invitó a cantar y electrocutó el micrófono, y cada vez que lo agarraba me daba una descarga. Entonces, en otro concierto lo invité a cantar, pero justo antes le dijimos que su madre estaba ingresada en el hospital, que se fuera para allí. Sí, nos hemos hecho muchas bromas destructivas. Y entonces pensé: vamos a destruir el Teatro Solís de una vez por todas.

—Y ahí lo hacen en el video de “Perdónenme”, la nueva canción. ¿Cómo finalmente se concreta esta asociación?

-Era una canción que ya cuando la estaba haciendo, era medio homenaje, medio sátira a los rockeros argentinos con la gracia de los cantautores uruguayos. Y entonces, naturalmente, me salió pedirle al Enano que se juntara en esta canción conmigo, porque yo solo, cantando como si fuera un argentino o un uruguayo, no da mucho el pego. Se nota demasiado que soy catalán.

—¿Y por qué esa sátira a los rockeros argentinos?

—Pues por lo mismo: por cariño, por tantos años de cruzarse en el camino, de llegar aquí sin conocer a nadie, de conocer la música de todos esos gigantes que tenéis en Argentina y Uruguay, y de conocerlos personalmente, de compartir escenarios o cosas. Es inevitable. Es con todo el cariño del mundo.

—En el video utiliza la Inteligencia Artificial. Ya lo había hecho con “AI AI AI”, en el que “aparecen” Rosalía y C Tangana. Y también la tecnología está muy presente en sus espectáculos. ¿Cómo es su relación con la IA?

—Pues la misma que tuve cuando conocí el Premiere, cuando conocí Pro Tools o el Logic y descubrí que podía poner violines en mis canciones tocados por mí. Un subidón. Cuando puedes decir: “Mira, hazme este plano de este sitio con esta óptica”, te permite muchas cosas. Además, entre que las tecnologías que salen son un poco tontas y que yo también soy un poco tonto, a veces salen cosas descabelladas: la Inteligencia Artificial no es tan inteligente como dicen.

—Pero más allá de esos ejemplos, ahora hay algo apocalíptico...

—Sí, bueno, la tecnología siempre dio mucho miedo. Vivir en un mundo donde la ciencia y la tecnología son tan importantes y no tener ni puta idea de ciencia ni de tecnología, pues acojona. Pero, hijo mío, también daban miedo los ascensores cuando se inventaron...

—Sí, pero los ascensores le quitaron relevancia a la escalera, en todo caso. Hoy parece que uno está cediendo espacios un poco más importantes.

—De eso se trata la tecnología. Pero no ahora, hace ya muchísimos años que las máquinas pueden hacer lo que tú podrías hacer con mucho esfuerzo, y lo hacen tan fácil… Y luego que la tipa le gane al campeón del mundo de ajedrez fue un shock. Pero es que ni la Inteligencia Artificial es tan inteligente, ni los humanos somos tan tontos.

—Siempre fue un observador crítico de su país y del mundo. Pensaba, mirando las noticias de España, en esa parafraseada pregunta: ¿cuándo se jodió España?

—Cuando murió Franco. Hubo un arreglo que salió mal, ya en el 1982 con el golpe de Estado se hizo una orden de las cosas. Y luego la otra gran jodida fue a partir del 2000 que nació lo que hoy se normalizó: Trump, Milei, Aznar, esta manera de hacer política como si fuera una empresa, los tópicos que todos sabemos. Lo que pasa es que antes yo tenía alguna esperanza, y ahora ya no.

—¿Ya no?

-No. Y tampoco la quiero tener. Con los años que me quedan, va a seguir todo igual. Y cuando me muera quiero que el mundo quede peor, mucho peor. Quiero que quede destruido. No me importa en lo más mínimo lo que pase con el mundo. Mis opiniones no han contado para nada, pues allá ellos.

-Pero a su vez hay un papel del arte frente a eso también. ¿Cree que el arte como resistencia ya no aplica en esa desesperanza?

-Pues no lo sé. Las cosas que yo hago no surgen de responder al sistema. No sé de dónde surgen y las llevo a sitios que ni yo me imagino cuando aparecen. Es algo tan misterioso que nunca lo he sabido. A veces incluso me molesta un poco, me inquieta, que cosas importantes para mí -social o políticamente- terminen reducidas a las opiniones de famosos de tres al cuarto como yo. Eso es lo que acaba siendo todo, y es un poco cansino.

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