"Ya sé que mi canción no arreglará lo que rompí”, canta Sofía Alvez en “Rompí”, uno de los temas más escuchados de su repertorio en Spotify. Está en Ventilar, su disco debut, que está cumpliendo 10 años de su grabación.
Desde ese entonces, Alvez publicó tres álbumes de estudio y siete EPs, ha colaborado con artistas como Camila Ferrari y Mocchi y giró con su canción por Argentina, México y Chile. “Rompí” tiene seis millones de escuchas en Spotify.
A pesar de tanto crecimiento “bizarro”, como ella lo define, Alvez, una montevideana de 32 años, aún no tiene una receta para acallar los nervios antes de subirse a un escenario y, si se tiene que subir angustiada, no quiere ocultarlo. “Hay una acción de recepción, las personas están sentadas escuchando y está bueno que sepan cómo estoy”, explica.
Alvez se toma su tiempo para componer y, según ella, evalúa mucho sus lanzamientos. En cierta medida, más allá de sus 48.800 oyentes mensuales en Spotify, prioriza lo que tenga o no para decir. Como resultado, sus canciones reflejan la vida en la ciudad y una cotidianidad cercana.
Su música, que reúne elementos de la bossa nova y la canción popular uruguaya, es una de las propuestas más interesantes de la escena local. Este 1° de agosto en la Sala Hugo Balzo, celebrará el aniversario de su debut y también recorrerá el resto de su discografía. Las entradas están en Tickantel a 700 pesos.
Se presentará junto a su banda y artistas invitados y la gira Ventilando años continuará por Argentina y Chile hasta setiembre.
Sobre esto y más conversó con El País.
—¿Qué sentís a la hora de repasar una obra que grabaste hace 10 años?
—Era mucho más chica y componía mejor. Igual, pensamos el show con ese disco en mente, pero no se va a tratar específicamente de Ventilar.
—Tus letras suelen tener un trasfondo personal. Cuando extendés el ejercicio de retrospectiva a toda tu discografía, ¿qué ves?
—Me siento una pelotuda. Es el resultado de haber tenido formas de vincularse que, en su momento, romanticé y la verdad es que no eran buenas. Las canciones me recuerdan a diferentes situaciones en las que yo pensaba que el amor era tóxico y sufrido. Ahora me estoy dando cuenta de que no es así. Me llevó tiempo aprenderlo y agradezco ese momento de la vida que me hizo llegar hasta acá. Me hace enojar por no haberme dado cuenta antes, pero capaz no hubiera hecho esas canciones. Cada vez que vuelvo y reviso lo que hice antes me siento un poco boluda, pero a la vez agradecida porque encontré en la música la forma de expresarme.
—¿Estás trabajando en canciones?
—Compongo cada tanto, no me apuro. Siento que en este momento de mi vida estoy procesando otras cosas. Está bueno que la gente conozca la música que saqué porque hay bastante material. Cuando hago algo, evalúo mucho si lanzarlo o no.
—¿Qué significa hacer este show en la Sala Hugo Balzo?
—Las veces que toqué ahí fue porque me invitaron otros proyectos. Este recital tiene mucho significado porque está pensado para presentar mi música, es una invitación mía hacia la gente. Me pone muy nerviosa. Es un crecimiento bizarro en mi carrera, nunca lo voy a comprender.
—Es dedicar un tiempo importante a tu obra.
—Es una responsabilidad. Lo que me da terror son los nervios, ponerme más vieja hace que me cueste más la comunicación en vivo. Vengo con temas personales, entonces ese dia seguramente esté con un montón de otras cosas en la cabeza. Voy a tener que correrlas al costado para compartir con la gente de la manera más transparente posible.
—¿Cómo ha variado tu relación con el escenario?
—Sigo sintiendo la misma sensación de vergüenza y nerviosismo. Ahora voy a compartir con amigos, la banda y los artistas invitados, por lo que me siento muy contenida y sé que me van a cuidar. Los nervios siempre están y van a seguir, pero creo que los voy a poder llevar con tranquilidad.
—Ser abierta con cómo te sentis puede generar que la gente te conozca mejor y te entienda.
—Pueden llegar a entenderlo, también puedo llegar a comerles oreja. De por sí es un show largo, imaginate si empiezo a ser transparente con cómo estoy, como si fuera terapia. La gente que me escucha ha sido comprensiva con lo que me pasa, saben que no soy una persona muy tranquila en la vida.
—¿Sentís que es importante hablar de salud mental?
—Siempre que toco trato de ser lo más sincera posible, es un intercambio. Hay una acción de recepción, las personas están sentadas escuchando y está bueno que sepan cómo estoy. Es injusto estar angustiada, fingir que no y que reciban mi música sin saber cómo estoy. Está bueno que la música surja desde el intercambio.
—Además de este show, vas a presentarte en Argentina y Chile. ¿Cómo es llevar tu música a otros lugares y que gane ese alcance?
—Es sorprendente que haya personas de otras partes del mundo que se sientan identificadas con mi música, me recuerda que somos todos humanos y que tenemos vivencias y experiencias emocionales similares.
—¿Hay algo de orgullo uruguayo?
—A mí me gusta mucho la música de acá, me parece que es lindo llevar lo que tu pueblo hace y compartirlo con otros. No lo vivo tanto desde el patriotismo, sino desde un lugar de pueblo, la música que tenemos para mostrar y que es producto de nacer y haber vivido acá. Me parece lindo compartirlo desde ese lugar, como un pueblo presentando algo que es producto de donde es.
—La última vez que hablamos, no estabas conforme con la atención que le prestamos a la música local. ¿Cambiaste esa visión?
—Creo que tenemos la necesidad de convivir mayormente con el arte de los otros pueblos y está bien, pero que, cada vez más, surjan y aparezcan artistas nacionales todo el tiempo es un llamado de atención. Aún no hay una conexión total con acercarse e investigar sobre artistas de acá, hay una tentación a irse a escuchar lo que pasa afuera.