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Lleva el legado de Celia Cruz por el mundo, vuelve a Uruguay y revela cómo la Reina de la Salsa la marcó

Nuviola, que interpretó a la histórica cantante en la telenovela "Celia", y ganó el Grammy Latino a mejor álbum tropical en 2020, se presenta este sábado en el Sodre. Antes charló con El País.

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Aymée Nuviola
La cantante y actriz cubana Aymée Nuviola.
Foto: Difusión

El 16 de julio se cumplieron 20 años de la muerte de Celia Cruz, la emblemática cantante cubana que ha marcado generaciones con su música. La “Guarachera de Cuba”, como se la conocía, falleció a causa de un cáncer a sus 78 años en Nueva Jersey, Estados Unidos. Celia, considerada "comunista" por el gobierno de Estados Unidos y "traidora" por el régimen cubano, representó como nadie la “cubanía”, esta forma de ser y de cantar típica de los nacidos en la isla. La misma que Aymmée Nuviola, actriz y cantante cubana, lleva en la sangre y hoy reivindica a través de su arte.

Nuviola tiene 10 discos de estudio y fue ganadora del Grammy Latino 2020 a Mejor Álbum de Música Tropical por Journey Through Cuban Music, donde homenajea la música cubana. Además, interpretó a su histórica coterránea en la exitosa novela Celia, que estuvo al aire en Estados Unidos por Telemundo y en 45 países más a través de las plataformas de Netflix, Hulu y Paramount.

Conocida como “La sonera del mundo”, Nuviola hizo su debut solista en Uruguay en 2018 cuándo presentó De la Habana hasta aquí. Un año antes había participado como invitada especial en el show del cantante portorriqueño Gilberto Santa Rosa y aún recuerda aquella noche: “se me hizo mágico cuando salí y vi a todo el público aplaudirme en el Teatro de Verano, me conmovió mucho”. Ahora, la artista cubana regresará con un tributo a la “Reina de la salsa”, donde interpretará sus más grandes éxitos. La cita es este sábado en el Auditorio del Sodre y las entradas se consiguen por Tickantel desde 1800 pesos.

En charla con El País, la artista radicada en Miami desde hace 19 años recordó el momento en el que escuchó a Celia Cruz por primera vez en un festival en México —su música estaba prohibida en Cuba— y qué le generó aquella experiencia. “Ella cerraba el festival y cuando salió y gritó ‘azúcar’ el Auditorio Nacional de México se vino abajo y realmente a mi me dieron ganas de llorar, me emocioné mucho porque vi una persona que transmitía una alegría indescriptible”, dice Nuviola, quien es dueña de una voz y sonrisa contagiosas. “Todo el mundo la estaba esperando solamente para oír ese grito y la gente coreaba sus canciones. Me emocioné porque además había distintas generaciones”.

De aquel momento, que no se olvida, también le quedaron lecciones: “a partir de ahí la valore muchísimo más como artista, como cubana, como mujer del género, empecé a entender muchas cosas de nuestra música, cosas que ella las hacía con una simplicidad y mi generación dentro de la isla no traía eso, teníamos una tendencia a complicar muchísimo la música porque la mayoría éramos egresados de escuelas de arte y queríamos en cada canción poner todo lo que habíamos aprendido, tanto desde el punto de vista armónico, melódico, como interpretativo. Y con ella comprendí que hay que hacer las cosas para el público, no para una misma. Si quieres llegar a ese público y poner a bailar a la gente, pues las cosas hay que hacerlas más simples, sin dejar la calidad a un lado, por supuesto”.

En 1995, ya consolidada como cantante de orquestas, en una de sus giras Nuviola se fue quedando en Costa Rica, luego pasó a vivir en México y por aquella misma época, pudo encontrarse personalmente con la mujer por quien sentía admiración. Fue el salsero Johnny Ventura quien propició el encuentro entre ambas cantantes. “Johnny me preguntó si yo la quería conocer y primero le dije que no, estaba temerosa porque en Cuba se hablaba una serie de cosas de ella y Johnny me dijo ‘no, yo te voy a llevar y la vas a conocer’, recuerda.

“Fuimos y efectivamente me la presentó y ella fue muy amable conmigo, se sintió como alguien de la familia, me preguntó de qué parte de La Habana era y, sabiendo que yo era cantante me decía 'no vayas a tomar, no te duermas tarde, no hables mucho', me estaba dando todos los consejos para que me cuidara la voz”, comenta. “Era una persona muy natural. Sí tenía el dolor de lo que le pasó, nunca estuvo de acuerdo con el régimen que hay en Cuba, pero podía ponerse a un lado y darle cariño a las personas, no dividía su público, cantaba para todo el mundo. Creo que eso era lo más bonito que tenía”.

En la ocasión, un gesto de Celia Cruz la marcó para siempre: “Nos reencontramos en el pasillo. Yo viniendo del baño y ella saliendo con Pedro (Knight). Yo le dije ‘¿ya te vas?’ y me dijo ‘sí, fue un placer’. Ahí se me quedó mirando, se sonrió, se quitó los aretes y me los dio. Yo entonces me quité los míos y se los di. Y, siempre digo: con diferencia de presupuesto, pero se los di con todo el cariño (se ríe)”.

En 2004, un poco por situaciones difíciles que había vivido en las oportunidades en que visitó Cuba y otro poco por su inquietud de crecer musicalmente, decidió mudarse a Estados Unidos. Una decisión y mudanza que, recuerda, no fue fácil y conllevó momentos tensos. “Me vine por la frontera de México, fue bien duro, estuve 17 días en la cárcel de migración mirando la situación de otros emigrantes que estaban hacía meses allí y que no tenían la esperanza que tenía yo, porque me amparaba la Ley de Ajuste Cubano”.

En 2016 interpretó a Celia en su fase adulta en la novela homónima que fue emitida en más de 40 países, y también llegó a Cuba. “Sabía que la novela iba a tener éxito porque era algo que no estaba en el mercado y que hacía falta, pero nunca imaginé que fuera tanto”, introduce Nuviola sobre el alcance de la producción.

“Lo que más me impresionó y no me lo esperaba, era que se viera en Cuba, la gente lo compraba con una cosa que se llama 'el paquete', que son grabaciones que la gente puede conseguir a través de un USB. Y entonces la mayoría del pueblo cubano la vio y a partir de ahí algo cambió en la percepción que tenían sobre ella. Aunque es una ficción, tiene puntos que son muy claros en cuanto a cosas que pasaron en su vida, como su situación con Cuba y la gente pudo ver eso y cambiar su opinión. Fue como una redención post mortem para ella, se hizo un poco de justicia en ese sentido”, señala.

Sobre el espectáculo que ahora la trae nuevamente a Uruguay, dice eso: “Es un honor para mí interpretar las canciones de Celia y llevar la figura de la cubana que más nos ha representado, a la artista latina más importante del siglo XX, al escenario de este teatro tan importante”.

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