Esperó décadas para animarse, lo hizo a los 67 años y ahora va por más: “Es un segundo revivir en la música"

Gonzalo Moreira presenta “La segunda copa” en la Sala Zitarrosa, un concierto que resume su inesperado renacer solista, nuevas canciones, figuras invitadas y el desafío de salir solo con su guitarra.

Gonzalo Moreira.
Gonzalo Moreira.
Foto: Darwin Borrelli.

"De esta salimos mejores”, decía aquella frase que se viralizó al comienzo de la pandemia del coronavirus, cuando a las 21.00 se salía a los balcones a aplaudir a los médicos, las compras del supermercado se desinfectaban antes de guardarlas y empezábamos a hablar de una “nueva normalidad” sin tener demasiada idea de qué significaba. Hoy todo aquello se recuerda con un manto de extrañeza y aquella frase, tan optimista en un momento repleto de incertidumbres, es signo de otra época. Pocos pueden decir que realmente salieron mejores.

En el caso de Gonzalo Moreira —o, para no ser tan generalistas, de su música—, algo de eso hubo.

Para entonces, el músico que había sido parte de dos grupos fundamentales como Canciones para No Dormir la Siesta y Rumbo llevaba décadas dedicado principalmente a otro mundo. Había compuesto cientos de jingles y estaba al frente de La Mayor, el estudio que dirige en Parque Rodó. Canciones tenía. Lo que le faltaba era un disco solista.

Entonces llegó abril de 2020 y, en medio de aquella explosión de vivos de Instagram, conciertos por streaming y músicos tocando desde sus casas, se le ocurrió hacer algo con sus hijos. Cada uno desde donde estaba, grabaron una nueva versión de la optimista “El país de las maravillas”, aquel clásico de Canciones para No Dormir la Siesta, y la compartieron bajo la consigna #NosCuidamosEntreTodos.

Y pasó algo.

La versión empezó a circular en redes. Moreira apareció en televisión, lo llamaron de radios y la canción volvió a poner su nombre y su voz frente a la gente. Pero también le hizo ver algo bastante más sencillo: tenía 65 años, un montón de canciones guardadas y seguía esperando para grabarlas.

“Es algo que tenía pendiente desde hace mucho, mucho, mucho tiempo”, le dijo a El País en 2022 sobre su carrera solista. “Gracias a eso me di cuenta de que no podía seguir mirando pa’ arriba y haciendo de cuenta que no pasaba nada. Tenía que grabar un disco con varias canciones que son parte de mi vida y que quizás no había hecho antes por un poquito de inseguridad o porque me encanta trabajar en equipo”.

Así que tocó hacerse cargo.

Se puso a trabajar y dos años después, a los 67, publicó Resumiendo, su debut solista. Allí reunió canciones como “El faro del fin del mundo”, “Después de la una” y “Los fantasmas de la Torre Olímpica”, y también incluyó aquella versión de “El país de las maravillas” grabada con sus hijos durante la pandemia.

El disco se celebró con dos shows de entradas agotadas en la sala Hugo Balzo y una banda que incluyó a sus cinco hijos y a figuras como Edú “Pitufo” Lombardo. “Fue un lujo que me pude dar en la vida”, comenta ahora a El País, desde una de las salas de grabación de La Mayor. “Que me quiten lo bailado”.

Desde entonces, su repertorio solista creció con dos rescates de corte futbolero: “Superclásico”, con letra de Raúl Castro, y “Nací celeste”, aquel himno que había compuesto para una publicidad de cerveza.

Ahora llegó el turno de La segunda copa, el espectáculo que Moreira presentará el jueves 10 en la Sala Zitarrosa —entradas en Tickantel por 800 peso— y que también dará nombre al EP de tres canciones en el que está trabajando. El título viene de una de ellas, que habla de esta nueva etapa.

“La canción habla del momento que estoy viviendo: un segundo revivir en la música, una cosa diferente”, explica. “Hacer algo nuevo a esta edad es algo que me llena de energía, de buena onda y de alegría, porque realmente poder seguir tocando es una bendición para mí”.

A los 71 años, tras una vida de escenarios y estudios de grabación, Moreira se animó a probar algo nuevo: cantar acompañado únicamente por su guitarra. Y, así como pasó con el inicio de su carrera solista, todo surgió de manera fortuita.

En febrero había ido a comer con dos amigos a La Corniche, en Punta Colorada. La estaban pasando bien cuando el dueño se acercó a la mesa. Le contó que venían haciendo algunos shows en el lugar y le hizo una propuesta: “Che, Gonzalo, yo creo que este es un lugar para vos. ¿Te animás a tocar acá?”.

El “bichito”, admite Moreira, le venía dando vueltas hacía tiempo. Así que dijo que sí.

La fecha quedó marcada para el 7 de febrero y entonces empezó la parte complicada. Se compró “todos los chiches” y se puso a ensayar “como loco”. “Yo tenía la idea de tocar solo, pero no estaba seguro porque tengo mis limitaciones: no soy Paco de Lucía tocando la guitarra ni soy Serrat cantando, pero tengo mi impronta”, dice. “Animarme a mostrarlo me dio pánico”.

Gonzalo Moreira.
Gonzalo Moreira.
Foto: Darwin Borrelli.

Hasta que empezó a encontrarle la vuelta. Y, sobre todo, a escuchar de otra manera canciones que conocía desde hacía décadas. “Empecé a buscarle un yeito y dije: ‘Mirá cómo cambian las canciones cantadas así’. Como las compuse. Incluso las que no son mías. Es distinto. Sos vos mismo, simplemente comunicándote con la gente, cerquita”.

Faltaba saber qué pasaría con el público. Una publicación en Instagram alcanzó para agotar los 80 lugares de la primera función. Le ofrecieron una segunda. También se llenó. Cuando le propusieron sumar una tercera, Moreira frenó. “No, no, el jueves no. Con dos estamos bien”, recuerda entre risas.

Ese formato será la base del concierto en la Zitarrosa, aunque esta vez tendrá invitados: Laura Canoura, Mauricio Ubal, Hugo Fattoruso y Guzmán Mendaro.

Con Canoura y Ubal, sus excompañeros de Rumbo, habrá inevitablemente un regreso a aquellas canciones. “Son dos amores de mi vida”, dice. Entre los rescates, adelanta, estará “Sábanas”, una joya de Otro tiempo, el último álbum del grupo.

Mendaro también es parte de su historia. Moreira lo admira como guitarrista desde hace más de 20 años, cuando lo vio tocar con Hereford en un Pilsen Rock. El tiempo agregó otro vínculo: hoy es su yerno y el padre de sus nietos.

Y después está Fattoruso.

Para explicar qué significa su presencia, Moreira vuelve a 1981, cuando integraba la banda de Jaime Roos. En el concierto de presentación de Aquello en el Palacio Peñarol compartió escenario con Hugo y Osvaldo Fattoruso. “Tocar con los dos era como tocar con Dios, más o menos”, recuerda.

Además de repasar clásicos de su obra y canciones de Resumiendo, Moreira presentará los tres temas de su próximo EP. “La segunda copa”, claro, pero también “El-bis”, que juega con el nombre de Elvis Presley y con ese particular momento de los conciertos, y “Un lunes que no pintaba”, nacida de una historia de amor en una parrillada.

Después de la Zitarrosa proyecta una gira por el interior. “Lo haremos hasta que dé. Si da, todo bien. Y si no da, tampoco pasa nada”, dice.

Antes está el jueves 10. Cuando se le pregunta cómo imagina esa noche, se ríe: “Espero no largar el moco, en lo posible. Espero no ponerme a lloriquear”.

Después se pone serio.

“Creo que va a ser muy emocionante. Por lo menos para mí va a serlo. Y espero poder transmitirle a la gente eso, la emoción que siento”.

Y sí: habrá bis.

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