El artista que visitó Uruguay, tiene una carrera impredecible y acaba de sacar nuevo disco

Beck acaba de publicar "Ride Lonesome", una colección de canciones nuevas en las que demuestra que la búsqueda es su estado ideal

El cantautor Beck. Foto: Mikai Karl

Jon Pareles, The New York Times
Desde su primer disco en la década de 1990, Beck se niega a dejarse encasillar. Su catálogo es una sucesión absolutamente impredecible de cambios de estilo y estados de ánimo. Folk, funk, orientado al ritmo, lo-fi, brillante, electrónico, orquestal. Frívolo, introspectivo, bromista, sombrío, apocalíptico, extasiado.

El instinto de Beck ha sido no comprometerse con un estilo, sino absorber y mezclar las posibilidades, como hizo en su inesperado éxito de 1993, “Loser”, con su guitarra slide blusera, batería en loop, versos rapeados absurdistas y estribillo pegadizo y autocrítico. Esa canción dio inicio a una carrera camaleónica en la que Beck mantuvo abiertas todas las opciones musicales. En los 90, su música fue un anticipo del pop del siglo XXI que rompe las fronteras entre géneros, para desconcierto de muchos observadores.

“Hay lados bastante distintos de mi música, y la oposición entre esas cosas ha sido algo que traté de transitar”, dijo Beck, de 56 años. “Creo que otros artistas, que eran un poco más pragmáticos que yo, les habrían puesto nombres diferentes a esas distintas facetas de su música. Pero, para bien o para mal, yo simplemente lo dejé bajo mi propio nombre, y es lo que es. La diversidad de mi música, cuando apareció, hizo que algunos periodistas dijeran que les parecía poco sincera. Como: ‘¿Qué querés decir? ¿Qué es lo que realmente te importa?’”.

Beck a menudo dejaba a los oyentes tratando de responder esas preguntas. Pero después de todas sus excursiones y experimentos, Beck describe su nuevo álbum, Ride Lonesome, como “el lugar donde realmente vivo musicalmente: la idea de escribir canciones en el sentido clásico. Ya sabés, un tipo con una guitarra”.
Ride Lonesome es, en muchos sentidos, un reencuentro y un regreso a las conexiones de larga data de Beck. Una vez por década, Beck reune a un grupo central de músicos de la banda con la que salió de gira durante los años 90 y principios de los 2000, generalmente con la ayuda del productor que también ha trabajado con Radiohead, Nigel Godrich.

La banda -Justin Meldal-Johnsen en bajo, Joey Waronker en batería, Roger Manning en teclados y Smokey Hormel en guitarra- se reunió por primera vez para el álbum de Beck de 1998, Mutations, el sucesor, relativamente folk y orgánico de su disco de 1996, Odelay, cercano al hip-hop y cargado de samples.

Cuando esos músicos volvieron a reunirse para Sea Change, de 2002, Beck escribía sobre el desamor: las consecuencias de la ruptura con su prometida. En canciones como “Lost Cause” y “Lonesome Tears”, Beck dejó de lado sus juegos de palabras anteriores para hablar sin rodeos de un amor destruido y una profunda desesperación.
Sea Change creó un sonido distintivo y memorable: solemne y reflexivo, con una atmósfera reverberante, rodeada de efectos inquietantes y enriquecida por arreglos orquestales del padre de Beck, el compositor cinematográfico David Campbell. Recientemente, Beck ha estado actuando con orquestas, incluida su participación el mes pasado en el concierto de despedida de Gustavo Dudamel al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, donde cantó “Ride Lonesome”.

Beck atribuye a Godrich el haberlo convencido de bajar los tempos. “Cuando entré a grabar Sea Change, lo escuchaba como algo suelto y desprolijo, con una especie de sonido de Neil Young”, dijo Beck. “Pero terminó teniendo una cualidad más etérea. Fue un descubrimiento feliz comprobar que, si tocábamos las canciones de otra manera, parecía que el tiempo se deformaba, se ralentizaba y se doblaba un poco”.

Beck y los músicos, sin Godrich, regresaron a ese modo en Morning Phase, de 2014. Era un disco contenido, orgánico y melancólicamente nostálgico; “¿Podemos empezar todo de nuevo?”, preguntaba Beck en “Morning”. En los premios Grammy de 2015, fue elegido álbum del año.

Habitualmente, los siguientes discos de Beck se desviaban hacia lugares completamente diferentes. Colaboró con el compositor y productor Greg Kurstin en su álbum de 2017, “Colors”, lleno de pop-rock alegre y de producción brillante.

La mayor parte de su álbum de 2019, Hyperspace, fue escrita y producida junto a Pharrell Williams; sus canciones envuelven reflexiones sobre el amor, el deseo y el desastre en una electrónica expansiva. Entre álbumes, durante los últimos siete años, Beck salió de gira y lanzó singles sueltos, tanto por su cuenta como junto a la banda francesa de pop Phoenix, los rockeros españoles Hinds y el cantante Orville Peck.

Mientras tanto, pensaba y pulía lo que se convertiría en Ride Lonesome. Al igual que Sea Change, el nuevo álbum está lleno de canciones breves y desoladoras sobre la separación y el amor perdido. A lo largo del disco, Beck le canta a un “vos” sin nombre. A veces parece estar reprendiéndose a sí mismo: “Decile adiós / a quien te robó una parte”, canta en “Ride Lonesome”. Y otras veces habla de una ausencia insoportable: “Las líneas se movieron, el clima cambió / Te fuiste sin avisar”, canta en “It Ends Right Here”.

En 2019, Beck inició los trámites de divorcio de su esposa durante 14 años, la actriz Marissa Ribisi, una época que describió en The New Yorker como “desgarradora”; el divorcio quedó finalizado en 2021.
“Las canciones te ayudan. Te ayudan a asimilarlo e intentar capturar lo que sea que estás sintiendo, de una manera que pueda quedar contenido en una canción. Esas cosas que atravesamos en la vida, ya sea desde la infancia, una ruptura, la pérdida de un ser querido o algún tipo de fracaso en la vida, seguimos procesándolas durante muchos años. De alguna manera, siento que probablemente podría hacer cuatro discos como este y todavía seguiría resolviendo cosas a través de las canciones”.

Incluso antes de la pandemia de coronavirus, Beck quería volver a reunir a la banda pero los calendarios de grabación de los músicos no coincidieron hasta comienzos de 2022. Regresaron a United Studio B, en Los Ángeles, donde habían grabado juntos los discos anteriores de Beck. El primer día, Beck se encontró inesperadamente con Godrich en un restaurante; años después, terminaría mezclando el álbum.

Beck dejó de lado las primeras sesiones “durante un par de años”, dijo. Después, “volví a ellas y pensé: ‘¿Sabés qué? Creo que acá hay algo’”.

Redujo las sesiones a una docena de canciones. Reescribió algunas letras y grabó nuevas voces. “Tuve que encontrar una manera de cantar que fuera más silenciosa, más íntima”, dijo. “Creo que es como todo en la creación artística, cuando se te exige hacer mucho, mucho menos y, aun así, lograr que resulte atractivo”, agregó. “Eso fue lo que tuve que encontrar con este disco”.

Si Beck encontró su centro de gravedad musical con Ride Lonesome, eso difícilmente signifique que vaya a
quedarse allí. “Siempre he tendido a ser un poco inquieto”, dijo, con cierta modestia. “Me gusta probar muchas cosas diferentes. Creo que este disco está más cerca del corazón de lo que me gusta hacer. Pero no sé si tengo la disciplina necesaria para quedarme solamente en eso”.

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