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Chacho Ramos antes del Solís: "Fui responsable de que la gente de Montevideo no me conociera antes"

El música y su banda Los amos del swing estarán por primera vez en el Teatro Solís, el sábado y el domingo y quedan pocas entradas

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Chacho Ramosestá acostumbrado a colocar el cartel de entradas agotadas en sus shows. No sólo ha llenado el Antel Arena y cuanto baile ha engalanado con su banda, Los Amos del Swing, con quienes se ha presentado, además, para 30.000, 40.000, 50.000 personas en esos festivales del interior de los que suelen ser el número central.

Y sin embargo nunca había tocado en el Teatro Solís, una asignatura pendiente que se salda mañana y pasado con dos shows para los que quedan poquísimas entradas en Tickantel. Promete, como siempre, una fiesta.

“Lo primero que me causa tocar en el Solís es la responsabilidad de que todo salga al máximo de nuestras posibilidades”, le cuenta Ramos a El País. “Pero eso nos pasa en todas las actuaciones porque es vocacional: no podemos tocar a medias, siempre echamos el resto. Pero en el Solís nos va a ver gente de todos lados y es un honor muy grande”.

Sobre el camino hasta estos shows, cómo es su fama y su papel en la música uruguaya, Ramos charló con El País.

-¿Cuál era la música de Casupá?

-Escuchaba las orquestas que iban de Montevideo: Los Graduados, Queguay. Cada vez que llegaban era un acontecimiento; los veíamos con sus trajes, bajando del micro. No bailábamos, queríamos verlos a ellos. Y después unos familiares empezaron a traer discos de Oscar D’León, de la Sonora Matancera, Celia Cruz. De ahí venimos.

-¿Cómo fue el proceso hasta llegar a este Chacho Ramos?

-Fuimos subiendo paulatinamente los escalones. No fue de la noche a la mañana: no me desperté un día siendo famoso o con 20 canciones conocidas. Es como una carrera universitaria o la de un jugador de fútbol. Primero fue el sacrificio para comprar los instrumentos, ir despacio.

-¿Alguna vez se desalentó?

-Muchas veces. Venir a Montevideo en ómnibus de línea, cargando los instrumentos, pagar carísimo las grabaciones, hacer un disco y no meter ningún tema. Así que había que volver a ahorrar y empezar de nuevo. Así estuvimos muchos años, así que cuando finalmente llega el reconocimiento, uno tiene en sus espaldas todo ese trabajo duro. La mayoría son verdes, no maduras.

-Pero las buenas cosas se han vuelto una costumbre...

-En un momento, el repertorio y la orquesta se arraigaron en la gente del interior y en el público universitario que tuvo un papel fundamental hace 20 años. El boca a boca de todos los muchachos del interior que venían a la capital a hacer sus estudios terciarios y fueron pasando las canciones en una época en que no existía internet ni los celulares. Y la gente desarrolló un grupo de pertenencia con ese conjunto de canciones.

-Hubo un momento en que Chacho Ramos era como un secreto del interior...

-Creo que fui responsable de que la gente de Montevideo no me conociera antes. Mil veces me invitaron a venir pero, quizás por mi forma de ser introvertida, me daba cosa aparecer en los medios y esas cosas. A la gente, de repente, le encantaba “Qué tiene la noche”, pero no conocía la cara de quien la cantaba. Lo que pasó es que llevado un poco por todos estos conciertos grandes, tuve que salir a la calle a avisar que tocábamos.

-¿Cómo es su fama?

-Es un reconocimiento tranquilo, en paz. No es esa locura generalizada del ídolo que no puede caminar un metro. Ando por la calle tranquilo.

-¿Pero lo reconocen y lo saludan?

-Sí, sí. Mucho más que antes, y en todas partes.

-¿Lo imaginó?

-Lo más increíble es que nunca hubo una estrategia para conseguir eso: se dio natural y cristalinamente. No sé cómo hice para gustarle a un niño de cinco años (de hecho hacemos cumpleaños infantiles) a una quinceañera, a una pareja que se casa, a los que cumplen 20, 30, 40 o 50 años de casados y a los veteranos de 80. Tocamos en el Enjoy de Punta del Este y en los barrios humildes. Todo ese proceso se dio sin jamás haberlo planteado como una meta.

-¿Qué se hace con eso?

-El grupo nuestro es musicalmente muy talentoso y con un nivel académico único dentro del género, estamos en eso de aportarle calidad musical y experimentación sonora. Y así tenemos una orquesta de 16 músicos en los conciertos, con un cuarteto de cuerdas que son integrantes de la Ossodre. Todo eso ha conformado esta etapa de enriquecer el género...

-Perdone la pregunta tan de neófito, pero ¿cuál es ese género?

-Tropical tradicional folklórico. Los instrumentos, la temática de las canciones son comunes a América Latina. Cuando uno escucha una zamba o una de nuestras canciones hablan de lo mismo. El folklore no es solo el candombe o la milonga, son también el vallenato y la cumbia. Es la música de la Patria Grande y sentimos que estamos haciendo una música absolutamente folklórica.

-Insisto, ¿cómo explica su fama?

-En la vida hay una cosa que no se negocia que es la perseverancia en el trabajo. Hubo momentos en que veíamos que se ponían de moda la bachata o el pop latino y parecía que lo nuestro iba a ser dejado de lado, pero entendimos que el estilo folklórico y tradicional que nosotros hacíamos nunca iba a pasar de moda. Nos aferramos a eso y empezaron a saltar las canciones. Y los otros movimientos pasaron.

-Cuénteme algo de la experiencia de tocar en esos masivos festivales del interior.

-Lo primero que hago en esos casos es contarle a mis amigos montevideanos de lo que se pierden en no ir. No lo pueden creer. Hay siete u ocho festivales que pueden meter hasta 50.000 personas por noche. Y creo que después de la pandemia se potenció todo eso. Hay como una idea de vivir la vida y de salir: los festivales están siempre llenos, la gente disfruta, agita.

-¿Cómo es la energía de 50.000 personas cantando una canción suya?

-Tremendo. Cada actuación tiene su cosa diferente y todo es maravilloso. Quien ama la música, disfruta todo. Es como un gol en el Estadio Centenario cuando explota la tribuna, así pasa cuando comienza, no sé, “Qué tiene la noche”. Es un intercambio de sentimientos con la gente y en el caso nuestro es un vínculo y una sensación no forzada que se ha dado naturalmente y se basa en el respeto.

-¿Cómo consiguió no encandilarse con el éxito?

-Cuando las cosas se hacen con tanto trabajo y paso a paso, uno tiene sobre sus espaldas todo el sacrificio de los años anteriores. Pueden venir 40.000 personas y decirte “sos el uno, sos el mejor”, pero vos sabés dónde estás parado. Agradecés, pero no te la crees. Hay que saber quién es uno y cuáles son sus limitaciones.

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