ENTREVISTA
La cantante argentina Camilú se presenta este viernes en Magnolio Sala, y de eso, de sus discos y de por qué no hace trap, conversó con El País.
Llegó, como llega la mayoría, por descarte. Cuando Camila Ibáñez pisó Buenos Aires para estudiar Fonoaudiología, su amor por la música y por el sonido la habían inclinado hacia una profesión que, supo enseguida, no iba a ser su futuro. Tenía 19 años y el pasatiempo, ese que desde los 14 la tenía publicando videos de sus covers en su cuesta de Instagram, empezó a ganar espacio. De repente, lejos de su Puerto Madryn natal, a Camila la empezaron a llamar de bares, de locales y distintos lugares que la querían convocar para cantar. “Claramente me volvía sin un peso porque no entendía nada”, dice a El País ahora que ya tiene dos discos editados, y que está a punto de presentarse en Montevideo.
Entonces Camilú, su nombre artístico actual, quiso saber qué pasaría si ese camino que se estaba dibujando solo, mientras ella se esforzaba por ordenar una carrera que no la satisfacía, y compaginaba sus actuaciones nocturnas con las clases y las pocas horas de sueño, recibía toda su atención. Era el fin de 2016 y ella le decía a su madre, que la escuchaba atónita, que quería apostarle todo al arte.
En mayo de 2021 llegó su primer disco, homónimo, y en agosto pasado estrenó Que me duela, un segundo álbum de tono conceptual / confesional que refleja la madurez adquirida. La artista repite que ahora empezó a escribir y a cantar como una mujer, y este nuevo trabajo comienza con eso, con una introducción como despedida a la niña que fue. La intimidad y el cambio es lo que lleva al vivo en su primera gira.
Camilú se presentará mañana en Magnolio Sala (Pablo de María 1015) en su primer show de repertorio propio en el país. Será a las 21.00, quedan entradas en Tickantel y promete una instancia para conectar.
“Es un flash escuchar el disco anterior y este”, dice la cantante a El País. “Crecer es difícil. El año pasado fue ese momento en que entendí que ya no era una niña y que tenía que encarar la vida desde otro lugar; como artista tengo que hacerme cargo de un montón de cosas, tengo un compromiso con el que me escucha, el compromiso conmigo misma de estar haciendo algo que me haga sentir conectada… El año pasado tenía un montón de canciones que no terminaban de definirse en un disco, y de pronto caí en un momento de bastante angustia, y apareció una canción que fue la que le empezó a dar sentido al disco. Me sacó de ese momento y me devolvió la sensación de sentido terapéutico”.
Camilú, que acaba de ser convocada al masivo festival Lollapalooza y que recibió la noticia como se recibe aquello que nunca se espera, apuesta por la canción de autor y el pop de ribetes románticos en medio de una generación volcada a la estética y los ritmos urbanos.
“Siento que hay un público para cada proyecto”, defiende. “No me imagino haciendo un trap para generar impacto o llegar a más gente porque no quiero llegar a más gente de una manera que no sea genuina. Me encanta el trap, pero no es lo que elijo para cantar y sentir; son otros colores los que me identifican, y sería muy contradictorio pensar eso. Siento que lo mío es una construcción supersolida (...) Mucha gente me dice: ‘Capaz tenés que hacer un reggaetón’. Pero depende mucho. Imaginate que me pongo a hacer trap y ni siquiera me va bien, ¡una tristeza tremenda! Esto pasa por otro lado. Uno puede crecer siendo honesto, porque eso es lo único que se puede mantener en el tiempo”.