Según cómo se haya entrado a su universo, Benjamín Amadeo puede ser: cara del fenómeno juvenil Casi Ángeles, un gracioso secundario en una serie de Netflix (Casi feliz), el entrañable interés amoroso de Luisana Lopilato en la comedia Mensaje en una botella o, entre tantas otras cosas, un imitador nato de Lionel Messi al que uno puede cruzarse mientras scrollea en Instagram. Por estos días, por ejemplo, es el que grita “Funko Poppy” en un gag con Homero Petinatto que hace llorar de risa a toda la comunidad del streaming argentino Olga, para la que Amadeo es, sencillamente, “Benjita querido”.
Sin embargo, antes que todas esas cosas, Benjamín Amadeo es músico. Canta desde que tiene memoria, toca la guitarra desde que puede sostenerla, le dice a El País desde algún lugar de Mar del Plata, donde hace temporada con el programa Soñé que volaba (temporalmente, Soñé que veraneaba), de Olga, justo antes de despedirse del proyecto. Este año, dará un paso al costado del formato que le dio un nuevo impulso de popularidad, porque hay otros asuntos que atender: será padre por segunda vez. Y hay un disco que grabar.
“Yo estoy recontra viviendo el sueño de la música, porque mi espíritu es musical: soy músico desde que me acuerdo”, dice. “Quizás estuve muy distraído por otras cosas que hice como trabajo, pero lo que más me emociona es que, todos los meses, mi proyecto musical va creciendo un poquito más, y que de a poquito se fueron disolviendo algunos prejuicios como ‘ah, el actor que parece que canta’”.
Su primer álbum, Vida lejana, salió hace 10 años e incluía “Volaré”, con pasta de hit, que sobresalía entre un puñado de canciones cálidas, luminosamente pop. Después vino Quiromancia (2021) y, con él, “Para siempre”, una canción que funcionaría como parteaguas.
Salvando las distancias (2024), su último álbum hasta ahora, lo llevó a girar por Europa por primera vez. Un nuevo capítulo se está abriendo.
Así, con el horizonte intenso por delante, Amadeo prepara su vuelta a Uruguay.
Guarda con cariño su primer show en Montevideo, en el Teatro Movie, pero también la mística de la Sala Zitarrosa o el clima de fiesta que se genera cada vez que actúa en la Sala del Museo. Ahora conquistará un nuevo escenario: debutará en el Enjoy Punta del Este el viernes 6 de febrero, con banda completa, un repertorio sólido y al menos una nueva canción: “Pasaría”, el primer adelanto de su cuarto disco. Quedan entradas en venta en SuTicket.com y hay beneficios de 2x1 para socios de Club El País.
“Le tengo mucha fe. Sé que nos vamos a divertir”, dice en la previa a El País.
Trabajar en Olga y la "representante de lujo" de Uruguay
Amadeo, que tiene un notable timing para la comedia, ha encontrado en Olga un espacio para lucirse. Ocurrencias individuales, idas y vueltas desopilantes con sus compañeros e incluso instancias para desplegar su talento musical lo han convertido en una de las presencias más entrañables del formato. “Creo que todo termina de funcionar cuando te das cuenta de que estás tirando para el mismo lado”, dice para intentar explicar un ambiente laboral que, para el caso de Olga, atraviesa la pantalla. “Eso genera una satisfacción, una sensación de que estamos todos pensando en lo mismo, que es pasarla bien y divertirnos. Desde un guiño, un silencio, un remate, acompañarte con un tema, saber jugar a la contra cuando estamos en debate. Se me hace difícil describir cosas puntuales, pero es algo que se siente”.
En ese contexto, destaca la dupla que ha conformado con la uruguaya Evitta Luna, actriz y comediante que se ha convertido en una figura destacada de la nueva escena de los medios argentina. “Se compró ya nuestro corazón desde que la conocimos”, dice el músico. “Se hizo querer inmediatamente y ahora es un pilar fundamental de este programa. Estamos muy contentos de tenerla. Es un juego constante con ella. Es una representante de lujo de Uruguay en Olga”.
La gira por Europa y vivir el sueño de la música
Si aún en ese contexto, Amadeo decidió no participar de la temporada anual de Olga en Buenos Aires, es porque la música siempre puede más. “Esa es la punta de lanza de todas las cosas que yo hago”, dice. “Voy a hacer un disco nuevo y necesito enfocarme 100 % en eso, mi proyecto madre, lo que empujo y trato de hacer que crezca”.
En 2025 compaginó varios frentes y concretó una gira que lo llevó a ciudades tan distantes como Copenhague o Dublín. “A mí me da mucho orgullo hacer las cosas a mi tiempo, que vayan teniendo su recorrido”, dice. “Si es genuino y es en serio, sé que la velocidad a la que yo vaya va a ser la velocidad justa”.
Por eso, aún no se apura en definir a su próximo disco. Todavía no entiende qué forma tiene, pero está tranquilo porque su forma de hacer música, dice, es un reflejo de su forma de consumirla: sin restricciones, sin pensar en los géneros, libre. Confía en que ese proceso, por más desordenado que sea, lo va a llevar por buen camino.
Lo que sabe, Amadeo, es que la canción de amor —eso, y las letras que celebran la vida compartida— siempre estará ahí, como un faro, como en toda su obra: “Siento que de a poquito nos vamos encerrando en nosotros mismos. En las conductas de los seres humanos se ve cómo la virtualidad nos va separando. Pero yo siento que todas las canciones son de amor. No se puede hacer una canción sin amor”.
Es probable que sin amor tampoco se pueda sostener un proyecto artístico. Por eso sigue adelante y prepara la vuelta a Uruguay sabiendo que aquí tiene mucho por hacer: sueña con tocar en el Sodre, y algún día en el Teatro de Verano. Va a paso lento. Nada lo corre.
“Soy taurino, voy pisando despacio y espero que esas pisadas sean cada vez más fuertes”, dice. “Estoy consciente de que este es el sueño: que el sueño de la música se hizo realidad”.
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