Es el creador de hits y de melodías que están pegadas en el imaginario colectivo de varias generaciones. Alejandro Lerner, el argentino que comenzó como pianista (y tiene a Punta del Este como sus primeros escenarios) y se convirtió en uno de los grandes cantautores de la región, se presenta el próximo 15 de febrero con La banda sonora de tu vida tour, en Enjoy Punta del Este. Entradas a la venta por Suticket.com desde 60 dólares.
“Creo que la gente va a decir, woow, cómo suena esta banda”, comenta Lerner entre risas desde Los Ángeles. Desde el primer tema, “Por un minuto de amor”, hasta “Volver a empezar”, el repertorio contará con los clásicos (y no tanto) de este artista creador de hits. “Hay muchas melodías que a mí, cuando compongo una canción, me cuesta sacármelas de la cabeza. Y se convierten en botones emocionales que quedan marcados”, agrega.
Llega, además, luego de recibir la distinción de Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación, el máximo reconocimiento cultural en Argentina, y dice que el premio no pesa, sino que es un alivio. “El reconocimiento, el mimo, no es un peso”, dice por esta distinción que reconoce más de cuatro décadas de carrera.
“Son casi 45 años de carrera como intérprete, más los años que fui pianista de alguien, te diría que una década más. Porque la carrera es dinámica, no siempre es ascendente. Tiene sus momentos de estabilidad, de ruido, no te diría silencio porque no lo tuve nunca, pero sí de reconocer que hay una naturaleza dinámica en la vida, y en la carrera también”, comenta.
—En estos más de 40 años de carrera, ¿qué te sigue sorprendiendo arriba del escenario?
—Mi capacidad de gozar, de celebrar y de convocar. El entusiasmo ante lo nuevo, frente a lo que todavía no hice. Hay un hambre por seguir investigando, estudiando, escuchando y aprendiendo.
—Venís con un show que se llama La Banda Sonora de Tu Vida, y en tu carrera has tenido varios de esos temas.
— Y todavía hay propuestas nuevas. Básicamente soy un músico que vive componiendo e interpretando. En el escenario no es solo un homenaje a mi repertorio: es encontrarme con compañeros y, sobre todo, tocar, que es lo que más me gusta. Le digo a la gente que la banda sonora de tu vida también es la de la mía. Cuento esas historias desde lo personal: cuando murió mi papá, cuando me enamoré, cuando la peleé, cuando sentí que había que volver a empezar. Cuando me dijeron “todo a pulmón” y lo convertí en canción.
—El año pasado decías que Punta del Este fue parte de tu historia temprana, venías a hacer temporada como pianista de Sandra Mihanovich. ¿Qué te vuelve la cabeza cuando cruzas el charco?
— Es una de las ciudades más lindas del mundo. Algunas cosas cambiaron, otras siguen exactamente igual: La Brava, La Mansa, el chivito. Tengo amigos allá, incluso argentinos que se radicaron y voy a ver. En esa época vivíamos en Punta del Este, tocábamos toda la temporada. Eran trabajos estables. Tengo recuerdos personales, afectos, y también esa sensación de privilegio: los hoteles, la playa, el ambiente. Es una ciudad hermosa para descansar y para conectarse con el mar.
—Y si ese Alejandro que tocaba el piano se sentara hoy en la platea a ver tu concierto, ¿qué crees que pensaría del que está arriba del escenario?
—Creo que la frase sería, “no te pasó un día, estás igual” (risas).
—¿Te sentís así?
—Absolutamente, sí. O sea, antes yo tenía la energía, la ilusión que te empujaba. Pero hoy tengo la experiencia y la técnica, porque hasta hoy sigo estudiando canto y técnica, porque ya no soy un pendejo. Entonces para seguir cantando con la continuidad que lo hago, por ejemplo la gira española fueron 13 ciudades seguidas. Son 26 horas de cantar en un mes. Más los viajes, hoteles, la valija, los aires acondicionado, los aviones, los aeropuertos. Pero lo que no cambió nada es el combustible original, la pasión por hacer lo que hago.
—Si tuvieras que elegir una canción que te cambió la vida, ¿cuál sería?
—Posiblemente “Todo a pulmón”. Está en mi segundo disco. El éxito no llega con el primero. Esa canción la grabó Mercedes Sosa, después Miguel Ríos, y se volvió un himno en España. Además, es una de las más honestas que escribí.
—¿Por qué?
—Porque habla de una dificultad real: soy asmático. Para mí cantar era literalmente todo a pulmón. En esa época, además, se fumaba en todos lados. Pero la vocación iba por delante de las dificultades. Cuando escribí “qué difícil se me hace mantenerme en este viaje”, encontré una referencia de dónde quiero pararme cada vez que tengo una hoja en blanco.
—Aparte de las tuyas, ¿cuáles son las canciones de tu vida?
—Son muchas. “Hey Jude” de los Beatles, “Imagine” de Lennon, “Your Song” de Elton John. “Canción para mi muerte”, de Charly, “Muchacha ojo de papel” de Spinetta. Yo crecí con esas canciones. Cuando yo escuchaba “Overjoyed” de Stevie Wonder, esas grandes canciones, me emocionaba y me decía: ¿qué es lo que me pasa con las canciones? Ahí descubrí que, que dentro mío había una necesidad, y una sensibilidad, muy ligada a la melodía y a la armonía. Después, al estudiar jazz, al estudiar a Bill Evans, encontré un universo para investigar.
—Y te convertiste en un cancionista.
— Hace 30 años vine a Los Ángeles y me hice una tarjetita que decía “songwriter”. Vine a empezar de cero en el mercado estadounidense. Trabajé con Humberto Gatica, David Foster, Air Supply, Paul Anka, Céline Dion, Carlos Santana. Mis canciones me llevaron también a Armando Manzanero, un maestro absoluto.
—Recibiste el Latin Grammy a la excelencia musical, hacés giras internacionales con shows agotados. ¿Cómo se mide hoy el éxito?
—No es el número lo que te llena. Ni los discos ni los seguidores. Lo importante es cuidar el corazón para valorar la calidad de la experiencia: un abrazo, un aplauso, una comida compartida. Hay gente dueña de los números con vidas muy infelices. Las carreras son cada vez más efímeras; yo me agarro de lo que me hace bien.
—Y después de tantos escenarios recorridos, ¿seguís sintiendo nervios antes de salir a tocar o ya hiciste las pases con eso?
—Nunca fui de esos tipos que se ponen histéricos, que se vuelven insoportables. Quien me conoce sabe que soy muy divertido en la intimidad. Soy bastante juguetón y hay una parte mía muy infantil que se mantiene. Y eso se mantiene antes de un show porque soy cabeza de un proyecto donde hay un montón de gente trabajando. Y es muy importante que esa gente se sienta segura de que el jefe está bien, que está cómodo, tranquilo. Hay artistas que generan mucha histeria alrededor. Yo no necesito nada de eso.
—El año pasado viniste, hiciste un show en Montevideo, e ibas a tener una gira en el interior que después se canceló, por lo tu nombre fue tema de conversación por fuera de la musical. ¿Qué aprendiste de eso?
—Aprendí que hay que trabajar con gente que uno conoce. Que a veces las promesas extraordinarias de gente que uno no conoce te pueden costar carísimo, porque cuando esa gente tiene que cumplir con su responsabilidad no tienen los recursos, o nunca los tuvieron. Entonces me veo comprometido en una situación donde mi público pasa mal o se siente defraudada en mi nombre y eso es horrible. Tengo una responsabilidad, por supuesto, pero no tengo toda la responsabilidad. Son carriles contractuales y de pagos. Cuando el empresario local de un país que no es mi país se desaparece, yo no tengo mucho que hacer, no tengo muchas más herramientas. A lo largo de mi carrera he trabajado con gente muy honesta y muy profesional, y me tocó otras que no. Y creo que eso también es parte del paisaje. No todo va a ser extraordinario. También te pueden cagar.
—¿Qué te gustaría que el público se lleve del show que vas a hacer el 15 de febrero?
—Sé que va a ser un encuentro porque lo he vivido en todas las actuaciones. La gente se emociona, se divierte, baila, se libera, juega, canta mucho conmigo. Hay un poquito de cada cosa.