JORGE ABBONDANZA
A punto de salir de Palazzo Chigi, la sede del jefe de gobierno italiano, el "cavaliere" Silvio Berlusconi no sólo perdió las elecciones frente a su rival Romano Prodi. Durante su ejercicio como primer ministro también perdió la tranquilidad, porque fue duramente cuestionado por su política en el caso de Irak, por sus desplantes en el Parlamento europeo, por su pésima administración de la economía italiana y por sus famosos delitos económicos, debajo de los cuales yace una fortuna personal que lo coloca entre los hombres más ricos del mundo, además de ser el empresario más rico de Italia. Antes de ingresar a la política, Berlusconi ya era el dueño de los canales privados de televisión que fueron un arma colosal cuando resolvió presentarse a las elecciones. Esa fortuna, de orígenes borrosos, ha seguido creciendo en los últimos tiempos con inversiones en otros países, sin que eso haya afligido al implicado y sin que se le haya ocurrido que había incómodas fricciones entre su papel oficial y su discutidísimo itinerario como empresario.
CINEMATOGRAFICO. En estos últimos meses el cine ha clavado el diente en la figura del cavaliere y lo ha hecho por lo menos tres veces. Por un lado está Nanni Moretti, uno de los mejores realizadores del cine italiano de hoy (Caro diario, La habitación del hijo, Aprile) que dirigió Il caimano (El caimán), donde la trayectoria de Berlusconi tiene un papel central. Esa película, que competirá el mes que viene en el festival de Cannes por la Palma de Oro (un trofeo que Moretti ya obtuvo hace cinco años) enfoca a un productor de películas baratas que ha tenido mala suerte y se encuentra cerca de la quiebra. Para salir del paso, proyecta filmar una historia sobre Berlusconi y el oscuro origen de su riqueza, seguro de que el proyecto podrá salvarlo de la ruina. Pero a medida que avanza el rodaje, varios colaboradores lo abandonan debido a la peligrosidad del tema. Nuevamente aplastado por deudas, sus acreedores se apropian del estudio, pero en un último gesto desesperado el productor vende su casa y vuelca el dinero en una filmación relámpago que le permitirá terminar su película.
Ese ejercicio de cine dentro del cine se estrenó en Roma el 24 de marzo, poco antes de las elecciones nacionales, pero no obtuvo un recibimiento entusiasta sino más bien perplejo por parte del público y de la crítica. En alguna medida esa frialdad puede obedecer a la escena final, donde Berlusconi ordena a sus fieles atacar con bombas molotov a los jueces que acaban de condenarlo a siete años de cárcel por una serie de delitos económicos. Entre los adjetivos con que la prensa italiana trató a Il caimano figuran: complicada, pesimista, sinuosa y apocalíptica, aunque también clarificadora y desgarradora. Legisladores del sector conservador dijeron que el film era la quintaesencia del hastío y también el emblema de la criminalización del primer ministro. El film incluye imágenes de archivo que muestran al propio Berlusconi en algunas de sus intervenciones políticas más controvertidas, pero además presenta al personaje encarnado por el actor Silvio Orlando.
COMPETIDORES. Moretti no está solo en su aventura cinematográfica sobre el "cavaliere". El director argentino Ruben Oliva, que vive en Italia, estrenó el viernes 7 en un cine romano su documental Quando c`era Silvio. Storia del periodo berlusconiano, que ha sido calificado de verdadero panfleto político, aunque la fecha de su lanzamiento no permite suponer que haya influido mucho en el resultado de las elecciones nacionales, que comenzaron dos días después. De hecho, el film se ha exhibido en varias ciudades italianas y fue lanzado a la venta en DVD.
De corte rigurosamente testimonial, el relato escrito por los libretistas Beppe Cremagnani y Enrico Deaglio enhebra episodios destacados de la carrera política berlusconiana, incluido su vergonzoso altercado con el jefe de la bancada socialista alemana en el Parlamento europeo, donde el italiano comparó a su interlocutor con un guardián de campo de concentración nazi, lo cual provocó un incidente internacional.
Según Oliva, el proyecto había nacido cuando él y sus dos guionistas trabajaban en la RAI. Allí quisieron hacer un programa sobre los entretelones de la vida y la fortuna de Berlusconi, pero debieron soportar que la RAI les censurara una entrevista al director del semanario inglés The Economist sobre ese tema. Entonces el terceto resolvió hacer su película de manera independiente. "Quise mostrar al berlusconismo como hubiera querido hacerlo con el menemismo, luego de estar en la Argentina entre 1988 y 1998 y ver cómo ese presidente cambió a la gente de mi país. Me doy cuenta de que Berlusconi ha hecho lo mismo con los italianos". La película muestra los misterios y secretos del premier, incluidas las redes de sus empresas, sus relaciones con la mafia siciliana y hasta rasgos pintorescos, como el panteón que hizo construir en su residencia cercana a Milán.
EXITO. "Pensamos", agrega Oliva, "que nos habíamos embarcado en un proyecto que interesaría a poca gente". En cambio, acaba de agotarse una primera edición de 200.000 DVD y la gente llena las salas que lo exhiben en Bolonia, Florencia, Roma y Milán. Pero no solamente en Italia la figura del curioso personaje pasa al cine. También lo hace en Alemania, donde el director Jan Henrik Stahlberg ha filmado Bye Bye Berlusconi, una sátira bastante feroz que marca el ingreso al largometraje de ese realizador de 35 años. Presentado en la sección Panorama del festival de Berlín, el film ya fue estrenado en salas de Alemania y ha ganado allí unos cuantos elogios. Se hizo con un presupuesto bajísimo (90.000 euros) pero no ha tenido suerte en Italia, donde los distribuidores no muestran interés por comprarlo. Seguramente intimidado por el filo de esa sátira, un distribuidor de Roma dijo a Stahlberg que su película era más adecuada para un público extranjero.
Esos brotes de autocensura se vinculan con la suerte desigual que tiene la sátira política en la televisión italiana, por ejemplo, donde la caricatura napoleónica que el actor Antonio Cornacchione hizo de Berlusconi en un episodio reidero, mereció más reparos que festejos. En todo caso, lo que cuenta Bye Bye Berlusconi es similar al relato de la película de Moretti, porque aquí hay un realizador cinematográfico genovés que trabaja sobre una historia de ficción en la que el primer ministro es secuestrado y espera en una cárcel del pueblo a que lo juzgue un tribunal que fallará a través de Internet.
Inspirada en el caso de Aldo Moro, esa historia fracasa, porque un abogado aconseja al director genovés que desista de su proyecto por los riesgos políticos que implica y lo sustituya por un enfoque imaginario sobre un político del país de Topolinia (Ratónlandia), donde el primer ministro es Micky Laus (un farsesco Berlusconi interpretado por Maurizio Antonini) que casualmente es dueño de las redes de televisión. Pero ni siquiera esa variante burlona podrá filmarse por completo en esta otra variante del cine dentro del cine. Y con esa interrupción, Stahlberg sugiere las dificultades de hacer un cine incómodo donde se alude a celebridades de la política. De cualquier manera, un hombre como Berlusconi, tan notorio por su vanidad, no podrá quejarse de que el cine lo deje de lado. La gente poderosa como él puede permitirse el lujo de reírse de su propia sátira.